Soldados de caucho: jóvenes en el servicio militar

Un Estado que le arrebata jóvenes a los territorios y se los lleva para la guerra, les imparte la doctrina militar, patriarcal y machista con el argumento de defender la patria y mantener la armonía de la sociedad, está condenando a que estos jóvenes sean de caucho, productores de todo tipo de violencia, de mala muerte.

Por Paula Andrea Lainez Soto y Jhon Mario Marín Dávila

Ilustración: Paula Andrea Lainez Soto

En el momento en que un joven entra a pagar servicio militar en el Ejército Nacional de Colombia, ya sea por voluntad propia o porque lo subieron al camión, lo primero que aprenderá será sobre los rangos jerárquicos, los armamentos, la diferencia entre uniformes, tipos de escuadrones, a desarmar y armar un arma. Luego lo pondrán a hacer pruebas de fuego, entrenamientos en terrenos a campo abierto, entre otras. Dentro de esta rutina diaria, deberán lavar los uniformes, levantarse temprano, entre las 4:30 a 5:30 de la mañana, alistarse y hacer la formación, que también harán para desayunar, almorzar y cenar.

Esto no es para nadie un secreto, la formación militar es bastante estricta, la resistencia física y psicológica de los soldados se mantiene al límite constantemente, porque, según la doctrina castrense, esto les permitirá sobrevivir en los enfrentamientos o vigilar en territorios complejos.

Sin embargo, hay quienes han estado inmersos en esta institución y se han pronunciado de manera abierta frente a las maneras tan arbitrarias en las que forman a los soldados y la precariedad de muchas de las condiciones a las que son sometidos. Es el caso de Carlos, quien prestó servicio militar por dos años: “Una de las cosas que más me llenó de rabia y me pareció humillante, fue que en algunos días nos sacaban a las 3:00 de la mañana a formar al patio entre gritos y maltratos verbales; debíamos mantenernos firmes hasta las 5:00 o 5:30 de la mañana, cuando salía el sol. Y como teníamos tanto sueño, el cuerpo nos pesaba y sentíamos una sensación desesperante; muchos compañeros se quedaban dormidos y se caían, dándose duro contra el suelo”. 

Otra de las cosas por las cuales expresan su inconformismo frente a la formación militar es por las humillaciones y malas palabras a las que los someten sus superiores. Alex, otro reservista, nos comenta: “Allá siempre hay alguien encima tuyo gritando, diciendo lo que tienes que hacer, cómo tienes que hacerlo, cómo te tienes que vestir, cómo tienes que hablar, cómo tienes que pararte, cómo tienes que dirigirte hacia los demás… Es como con una psicología que te inculcan: que primero están ellos y que tu no vales nada”. Es importante mencionar que el servicio militar para la gran mayoría de los jóvenes termina siendo obligatorio, puesto que muchos no quieren presentarlo, ya sea porque no les gusta la guerra o tienen planes distintos en su vida.

Algunos sienten que cuando pagan el servicio militar cambian sus vidas rotundamente, pues en esta institución les enseñan a obedecer sin cuestionar, a que un superior es quien da las órdenes y se tienen que cumplir, así no les parezcan justas. Les enseñan a disparar un arma en vez de fomentar el estudio y “enseñan a matar, cuando lo que verdaderamente deberían enseñar son valores y cómo ser un buen ciudadano”, argumenta Alex.

Daniel cuenta desde su experiencia que el Ejército lo que hace es cambiarle totalmente la mentalidad al joven: “Te vuelven agresivo, te vuelven vulgar y patán. Es una institución demasiado machista. ¿Por qué machista? Porque a usted en el ejército le degradan a la mujer, a su esposa, su mamá y cualquier mujer que usted conozca en su vida, las tratan de putas y de ahí no las bajan”.

En Colombia, las tasas de violencia hacia la mujer son bastamente altas y el Ejército nacional se ha visto involucrado en varias de ellas, según las denuncias de las comunidades y algunos investigadores. Esto debido al adoctrinamiento patriarcal, machista y misógino en la que está inmersa esta institución. Por eso es “normal” escuchar palabras de odio y desprecio hacia la mujer como lo confirman los entrevistados, según ellos para que el soldado obtenga un mayor carácter.

Por otro lado, quienes prestan el servicio reciben una cuarta parte o menos del salario mínimo. La atención en salud es muy precaria, argumentan los entrevistados, pues hacerse exámenes es muy complicado; solo los dejan hacer cuando alguno está casi muriéndose. Y cuando un soldado muere por cualquier situación, prestando el servicio, el argumento es que “murió defendiendo la patria”. Daniel decidió retirarse antes de culminar con su servicio militar, por problemas de salud que tenía desde antes de ingresar, que informó y fueron ignorados. Manifiesta que en esta institución no se está defendiendo ninguna patria, sino los intereses de algunos gobernantes. “Se está defendiendo los intereses de superiores, los intereses de personas que se alimentan, viven de la guerra, reciben plata de la guerra, mientras se sacrifican vidas de gente pobre, por una guerra que no tiene causa”.

En el caso de Alex, quien cumplió con el tiempo de servicio militar, no decidió seguir como soldado profesional, porque se dio cuenta que “la ideología y el sistema que ellos manejan, no es para nada humano, y muchas veces van contra los derechos humanos… Me refiero al hecho de que muchas veces los superiores son agresivos, lo golpeaban a uno, dado el caso. O lo mantenían a uno todo un día bajo el sol, como castigo, o toda la noche haciendo ejercicio o “volteando”, sin comer”.

Este tipo de formación no ve a personas, sino instrumentos de guerra: un grupo de hombres adoctrinados que solo reciben órdenes sin derecho a pensar o cuestionar, que son reprimidos en su sentir y convencidos de que el único camino a la estabilidad y armonía social es por medio de la guerra y la doctrina militar, que tiene bases machistas y una estructura totalmente patriarcal y hegemónica. Se hace imprescindible el análisis de este tipo de formación que reprime y maltrata a quienes deben poner sus vidas en riesgo y que convierte a la mujer como principal víctima de esta guerra, sometiéndola a todo tipo de vejámenes y usándola con desprecio para formar soldados de caucho.

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