Brigadas Internacionales de Solidaridad con Cuba: un retorno necesario

Por Jorge Álvarez

Foto: Nuria Barbosa León para Granma

La pandemia ha frenado el turismo y la movilización humana en casi todo el mundo y Cuba no es la excepción. Allí cada año se han realizado cuatro o cinco Brigadas Internacionales de Solidaridad, cada una con duración de dos semanas, pero ahora están aquietadas, sin visos de reiniciarse.

Mi amigo Álvaro y yo decidimos participar en la del Primero de Mayo de 2014, y para ello, con meses de anticipación, conseguimos pasajes para estar en Cuba una semana antes del inicio de la Brigada.

En Cuba hay una amplia oferta de inmuebles para turismo, todo ello a partir del desarrollo de los negocios por cuenta propia (cuentapropistas), una de las estrategias que el Gobierno viene implementando desde hace algunos años. A través de internet y por 17.5 dólares la noche (entonces el cambio del dólar rondaba los $1.935 pesos colombianos), conseguimos alojamiento en El Vedado, barrio habanero construido a fines del siglo XIX, caracterizado por sus inmensas casonas, usadas en la actualidad para dar asiento a oficinas estatales y otras tantas para sedes de compañías extranjeras.

La estadía en La Habana

Alquilamos dos piezas a Enrique, un exmilitar que participó en la liberación de Angola, quien una vez jubilado se dedicó a escribir literatura: cuento, novela, poesía. Nuestras conversaciones con él eran prolongadas y sumamente amenas.

Nos movilizamos en taxi (las menos de las veces) o en transporte altamente subsidiado por el Estado: colectivos, buses interurbanos atestados de isleños solidarios y conversadores; pero las jornadas las hicimos a pie, la mayor parte del tiempo, y recorrimos la capital cubana, conociendo museos, plazas, parques. A unos 40 minutos de Vedado encuentras La Habana Vieja y El Capitolio Nacional de La Habana, un edificio construido en 1929.

Una buena alternativa para comer son los famosos Paladares, pequeños restaurantes caseros en donde las filas y a veces no encontrar dónde sentarse, dan cuenta de la mezcla entre bajos precios y buena calidad.

Caminar en la noche no es asustador. Haciéndolo confrontamos los temores que la soledad inspira y que desde niños hemos padecido en nuestras ciudades; pero no así en La Habana, en donde la soledad ofrece otra realidad, la de la tranquilidad construida durante 60 años de equidad y justicia.

Siete días sólo alcanzan para disfrutar, a vuelo de pájaro, los paisajes habaneros, el pueblo y su cultura; fue todo un placer recorrer lugares como calle Paseo, la Avenida de los Presidentes, Marina Hemingway, Museo de la Revolución, en donde estaba anclado el Yate Granma en el que se transportaron los guerrilleros para el desembarco que, en diciembre de 1956, marcó un punto de inflexión en la gesta revolucionaria. En el recorrido no podían faltar otros sitios emblemáticos como el Barrio Chino, la Estación Central de Ferrocarriles, Plaza Vieja, el Castillo de la Real Fuerza de La Habana, el Paseo Martí, el Teatro Alicia Alonso (la icónica bailarina cubana), el gran Teatro Carlos Marx, a lo que se sumaron las compras de pinturas y manualidades en la Plaza de los Artesanos, o tabacos en lo profundo de Habana Vieja: De paso puede uno hacerse una idea del sincretismo religioso de la Santería. La semana pasó como un relámpago.

A pesar de las muchas necesidades que padece la población habanera, no vimos niños durmiendo en la calle, ni mendigos en parte alguna. Nadie en Cuba está desprotegido de salud, educación, vivienda, alimentación, y al turista, en caso de necesitarlo, se le prestan con gran altura los servicios de salud que requiera por algún motivo.

Internacionalismo activo

Pasada esa semana de disfrute, nos dirigimos, desde el mismo Vedado, a las instalaciones del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), para tomar el transporte que nos llevaría al municipio de Caimito, aproximadamente a una hora de camino. Arribaríamos al CIJAM (Campamento Internacional Julio Antonio Mella), donde compartimos alojamiento con más de 200 personas de más de 20 países, en barracas con 4 camarotes y baños colectivos.

Todos los días salíamos a recorridos y actividades culturales, y en huertas cooperativas participamos de las brigadas de trabajo voluntario en las horas de la mañana. En los momentos en que permanecíamos en el campamento, asistíamos a charlas y conversatorios de diferente índole. Entre quienes nos acompañaron estuvieron René González, uno de los cinco Héroes Cubanos y el escritor isleño Raúl Capote.

En 4 de los 15 días del programa, estuvimos en las provincias de Cienfuegos, Santa Clara y Sancti Spíritus, alojados en cómodos hoteles. Estos recorridos los realizamos por carreteras que se perdían en el infinito, verdaderas autopistas, sin peajes, construidas y mantenidas por el Estado y que nada tienen que envidiarle a las mejores del mundo. Por las mismas se movilizan miles de trabajadores, muchos de ellos en sus vehículos, a pie, en bicicletas, tractores o en grandes camiones convertidos en buses.

Una vez instalados en un hotel, en la ciudad de Cienfuegos, los recorridos se intensificaron. Encuentros y reuniones con las comunidades fueron el pan diario; recuerdo especialmente el encuentro con los habitantes de un barrio de la ciudad, quienes nos recibieron con los brazos abiertos y nos acogieron con viandas populares para mostrarnos la unidad alrededor de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución). Como anécdota interesante se puede narrar el hecho de la honda diferencia que se presentó cuando los compañeros de los CDR nos pidieron hablar de Colombia: el informe general pasado por Álvaro atrajo la ira de algunos sindicalistas de Bogotá, los mismos que negaron ese país cuyo retrato se ponía a disposición de ese pueblo digno y que mostraba un territorio con un gran pueblo, pero totalmente afectado por la violencia desplegada desde el Estado, por la miseria, los malos salarios y el desplazamiento de millones de hombres y mujeres. Su réplica consistió en hablar de la cara amable de Colombia, “país bello que no merece un informe tan negativo”.

En la población de Yaguajay, de la provincia de Sancti Spíritus, en un entorno de fachadas coloridas, fuimos fraternalmente acogidos por nuestros anfitriones, con quienes disfrutamos de los grupos musicales que dan a conocer el folklor antillano en calles y parques de la ciudad.

Esta visita no podía estar completa si no hubiéramos asistido de forma solemne al Museo Nacional Camilo Cienfuegos, complejo histórico cultural levantado en honor de ese valiente guerrillero, ubicado en el lugar en donde dirigió una de las más importantes batallas de la revolución de 1959. Ahí mismo, el Mausoleo del Frente Norte de las Villas acoge los restos de muchos de los guerrilleros de la columna comandada por él.

Otra visita no menos impactante e igual de solemne, fue la del Mausoleo del Che Guevara, en Santa Clara, ciudad escenario de la batalla que dio punto final a la dictadura de Batista. Allí mismo, con los restos del Che rescatados de las montañas de Bolivia, reposan los de 29 de sus compañeros que con él murieron en ese país en 1967.

Esperamos que, luego de la vacunación masiva con biológicos producidos soberanamente en La Isla, se reinicien las Brigadas Internacionales de Solidaridad para así poder retornar a La Mayor de Las Antillas y desplegar, de nuevo, la mejor de mis sonrisas.

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