La sabiduría ancestral en tiempos de crisis, infamia y lucha

Por Dúber Mary Restrepo

Contexto

Ilustración: Julian Arango

En los últimos días se escuchan expresiones descalificadoras hacia los pueblos ancestrales, llamándolos peyorativamente “indios”, “invasores”, “salvajes”. Esto evidencia una amnesia selectiva alineada con un pensamiento eurocentrista de corte neofascista, que solo provoca hilaridad a quien se detiene a pensar por un momento en dichas expresiones y otras similares que reflejan desconocimiento de los antecedentes históricos y científicos con respecto a nuestro origen, pero también en relación con los hechos recientes relacionados con la pandemia y el levantamiento social.

En tiempos de crisis intensa, por los motivos que sean, algunas personas desinformadas e inseguras tienden a adherirse o alinearse con ciertos sectores de poder que manipulan los temores, acudiendo a los falsos nacionalismos e identidades étnicas, religiosas, políticas o cualquier cosa que les permita diferenciarse de “otros”, para culparlos de sus desgracias. De esa manera quieren justificar sus acciones de discriminación, de expoliación y despojo; ese “otro” generalmente es una minoría en términos numéricos, de baja incidencia social o ambas. Por ejemplo, los pueblos originarios son numéricamente minoría étnica y socialmente descalificados e históricamente han sido tratados marginalmente con respecto a los derechos ciudadanos.

Aportes

Una de tantas maneras de hacerle frente a dicha situación es creando contrapeso informativo, acudiendo a sucesos evidentes y acciones solidarias fundamentadas en una empatía respaldada, implícita o explícitamente, en los derechos humanos, la cohesión social y el progreso colectivo. Sea este el momento oportuno para traer a la memoria y anteponer a los temores sembrados por los medios de comunicación, los aportes valiosos e incuantificables que están realizando los pueblos originarios a la sociedad en general.

Según la FAO, “los pueblos indígenas han sido de gran aporte para el progreso por su experiencia en la gestión de ecosistemas, donde no solo aportan a la diversidad biológica sino al patrimonio cultural y la seguridad alimentaria”. Y es que sus prácticas agrícolas, de conservación y restauración de los recursos naturales, la recuperación de alimentos autóctonos resistentes al cambio climático, son factores importantes para la preservación de la vida hoy.

Entre esos alimentos encontramos la quinua, nativa de los Andes, calificada por los nutricionistas del mundo como el “superalimento” porque, además de no contener gluten, es de un sabor agradable, con alto porcentaje de proteína vegetal, minerales y vitaminas; igual razón tiene la NASA para usarla en los viajes espaciales.

Con respecto a la actual crisis de la pandemia los indígenas han sido el grupo poblacional más desatendido por los programas de salud estatal, ante lo cual implementaron sus propias medidas sanitarias y utilizaron su medicina ancestral con resultados satisfactorios comparativamente con las directrices de la OMS (Organización Mundial de la Salud), las grandes farmacéuticas y los circuitos de mercadeo de la enfermedad. Prueba innegable del éxito de estas comunidades en su forma de enfrentar la pandemia son los reportes estadísticos; a corte del 8 de septiembre de 2020, el Sistema de Monitoreo Territorial –SMT (ONIC) reportó un 90% de recuperados frente al 82% de recuperados a nivel nacional (boletín 47).El reporte finaliza con la siguiente cita:Un mensaje desde los Padres Espirituales: La Madre es Sabia. La semilla se conserva en la fuente de vida, el éxito de germinar es la unión de la sabiduría indígena y las plantas medicinales”.

En el aspecto de movilización social han demostrado una organización que se consolida sin prisa y con decisión ante objetivos claros, permitiéndoles aprovechar los momentos y escenarios políticos donde gestionan sus requerimientos; un ejemplo de ello ha sido su progresiva organización desde la identidad étnica que los llevó en la década del 70 a deslindarse de los movimientos campesinos, para consolidar su participación política en la  Asamblea Nacional Constituyente en el 91. Allí cimentaron su participación en torno a la defensa del territorio y su relación con el mismo, influyendo en aspectos tan relevantes como el ordenamiento territorial y la garantía a derechos territoriales y culturales de los indígenas, el reconocimiento del carácter multiétnico y pluricultural de nuestro país con todas sus implicaciones, la apertura de espacios políticos y sociales de participación para los indígenas y los demás grupos étnicos, entre otros.

Culturalmente, es de resaltar en este momento la acogida que ha tenido, tanto en el territorio nacional como en otros países, los símbolos de la resistencia utilizados por la Guardia Indígena –el bastón, el color verde y rojo– y lo que ellos representan; particularmente a la Guardia Indígena del Cauca le fue otorgado el Premio Regional de las Américas 2020 por la organización Front Line Defenders a defensores de derechos humanos. Al respecto, el director de dicha organización, Andrew Anderson, dijo: «La Guardia representa un modelo único de protección colectiva en uno de los lugares más peligrosos del mundo para defender los derechos humanos. A lo largo de los años del conflicto armado, ofreció una defensa pacífica y sin armas de su comunidad, sus tradiciones, su cultura, su forma de vida y la Madre Naturaleza”.

Retos

El mundo está viviendo un vertiginoso cambio que la clase política anquilosada y paquidérmica de Colombia, al igual que los líderes de vieja data, no han logrado dimensionar ni sabido asumir de cara a las expectativas de transformación, sin engaño ni trampas (“jugaditas”), exigidas por los jóvenes; así mismo, como sociedad, hemos desestimado su capacidad de aprendizaje. De allí la gran acogida dada a la Minga y la Guardia Indígena, siendo el movimiento social del país que en este momento mayor credibilidad tiene entre los jóvenes por haber mostrado coherencia de acción con sus principios, no haberse amilanado ante las dificultades para la consecución de sus propósitos y no haberse desviado por presiones externas o circunstanciales. De este referente han aprendido los jóvenes, no para que los representen, sino para reconocer su propio poder de organización, convocatoria y negociación, para reclamar y construir el país y el futuro que quieren.

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