Myanmar: un país en ebullición y con grandes silenciamientos internacionales

Por Álvaro Lopera

Protestas antigubernamentales en Mandalay, Myanmar, febrero 2021, Foto tomada del portal irrawaddy.com

Myanmar, anteriormente Birmania, es un país de etnias, de 676 mil Km², con predominancia de la etnia bamar (60% de la población) originaria del actual Tíbet. La religión mayoritaria es el budismo. Tiene una población de 54 millones de habitantes, limita con potencias como la India y China, y tiene grandes riquezas en su haber: gas natural, petróleo, gemas, minerales, madera, a lo que se le suma un gran potencial hidroeléctrico, además de una posición geoestratégica envidiable en el sudeste asiático. El 1 de febrero el general Min Aun Hlaing dio un golpe militar que depuso al presidente U Win Myint, lo cual es cotidiano desde que dicho país logró la independencia de Reino Unido en 1948.

Economía y militarismo

El mandatario depuesto pertenece a la Liga Nacional para la Democracia (LND), organización que ganó las elecciones en 2015 y en donde hace presencia Daw Aung San Suu Kyi, premio nobel de la paz 1991 y ganadora de grandes reconocimientos internacionales. Los militares han tenido un peso específico enorme, pues han sido tradicionales los golpes de Estado: en el año 1988 fue el penúltimo y se mantuvieron en el poder hasta 2011.

El poder militar logró imponer un modelo económico que combina la legalidad con la ilegalidad de tal forma que gran parte de la economía funciona de forma clandestina, lo que ha llevado a conformar clanes muy poderosos. Este país tiene un PIB cercano a US$60.000 millones de dólares y ocupa el puesto 145 de 188 países en desarrollo humano. El golpe no ha resentido la economía, pues la puja geopolítica de las potencias emergentes, China y Rusia, no ha permitido que la mano Occidental-imperialista actúe a pesar del gran sufrimiento por el que atraviesa el pueblo en estos momentos.

Contexto y situación actual

En marzo de 2016 llegó al gobierno la LND y las relaciones sociales no sufrieron trauma alguno. No hubo cambios estratégicos en el aparato productivo y militar. El poder y la formación ideológica al interior del ejército se conservaron intactos. En 2017, este partido avaló la represión militar contra el pueblo musulmán rohinyá, ubicado en el noroeste del país, que terminó con cerca de 25.000 asesinatos, miles de violaciones sexuales y un enorme desplazamiento a Bangladesh de cerca de 725 mil personas, configurándose un etnocidio que no fue condenado por Daw Aung San, consejera de Estado, ni tampoco por la “Comunidad Internacional”, salvo tibios pronunciamientos del Vaticano.

En las últimas elecciones generales de noviembre de 2020 hubo desavenencia con las fuerzas armadas y estas tildaron los resultados de fraude. Se cuajó así el golpe que después darían el 1 de febrero.

Desde el primer momento el pueblo mostró resistencia al golpe militar con marchas pacíficas, acciones culturales y una gran festividad, tal como sucede actualmente en Colombia, pero el gorilato del general Min Aun respondió a todo ello con la fuerza armada, la tortura y la cárcel. En la actualidad se contabilizan más de 800 muertos –73 niños– que han sido asesinados por la policía y el ejército –más conocido como Tatmadaw-; cerca de 5.000 personas están detenidas: abogados, periodistas, trabajadores comunitarios, activistas políticos y sociales, como actores, actrices, cantantes, escritores, artistas y poetas, todos ellos importantes influencers. La razón es que, desde 2010, las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información en Birmania. Un número indeterminado de personas se encuentra ahora en escondites o ha huido a zonas fronterizas o al otro lado de la frontera hacia el exilio.

En las primeras semanas de febrero se montó un amplio Movimiento de Desobediencia Civil (CDM, por sus siglas en inglés) y el régimen respondió con arrestos de aquellos que lideraban o hacían parte de él: 120 personas del servicio público, médicos, ingenieros, abogados, profesores, trabajadores bancarios, del ferrocarril, personal de líneas aéreas, además de trabajadores de otros sectores públicos, fueron apresados o destituidos del trabajo en el primer mes.

“En la última semana de febrero, empezaron a utilizar francotiradores, bombas de ruido, armas con munición letal y ametralladoras. Los soldados no solo apuntaban sus armas contra las personas manifestantes. También contra civiles inocentes, incluyendo amas de casa y menores”, según informó el periodista Mon Mon Myat, en el portal Rebelión del 12 de abril.

Los nuevos rostros de la resistencia

Ante el avance de la represión y el impedimento de la protesta pacífica –gran parecido con Colombia-; ante la tibieza de la ONU y del Consejo de Seguridad que impide cualquier condena que pueda desfavorecer intereses estratégicos; ante las medidas económicas insuficientes de Estados Unidos y la Unión Europea, surgió un movimiento nacional armado espontáneo que está ocasionando daños al poder militar, pues la población se ha venido sumando, contrario a lo sucedido anteriormente con las guerrillas de marcado acento étnico cuando muchos habitantes de las principales ciudades miraba con extrañeza y sin solidaridad dicho fenómeno.

A mediados de mayo, después de tres meses de autoritarismo militar y grandes crímenes, aparte de las marchas que no cesan en las ciudades y que se han transformado en grandes enfrentamientos, la lista de ataques contra militares y entidades gubernamentales crece día a día en todo el país y se desarrollan con artefactos caseros y armas robadas al Tatmadaw; como anécdota importante en este marco de la resistencia, se cuenta que hasta la modelo y gimnasta artística, Htar Htet Htet, se vinculó a la lucha armada e invita en las redes sociales a organizarse política y militarmente contra la junta militar.

“Para las fuerzas de seguridad de Myanmar, la inseguridad flota ahora en el aire. Hasta hace poco, eran los matones del lugar. Hacían estragos en las calles y robaban a la gente. Asaltaban los barrios, desafiando a residentes: «¡salid, si es que os atrevéis a morir!» gritaban, mientras disparaban rifles automáticos persiguiendo a las personas manifestándose en contra del régimen. Sin embargo, parece que esos días están contados”, informaba el 27 de mayo el portal irrawaddy.com

Las noticias ya hablan casi de una guerra urbana: bombas e incendios en distintos municipios de la capital Rangún y de otras localidades del país. La gente común y corriente se hartó de la opresión militar y está actuando organizadamente pero también a título personal.

La medida internacional más útil sería, de acuerdo con distintos analistas, un embargo de armas a la actual junta militar.

El Tercer Mundo juega en la arena internacional como un peón más de las distintas estrategias capitalistas-imperialistas, por lo tanto, el sufrimiento de los pueblos no está catalogado como un elemento de interés estratégico para ninguna potencia.

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