Capitalismo y barbarie ecológica

Por José Sierra Quintero

Foto: http://www.nauticalnewstoday.

“No es casual que la llamada industria de la recreación tenga su sede en el corazón del imperio que a todos tiraniza. Lo que pretendo es situarme en el punto de partida actual de nuestra especie para hablar de la marcha hacia el abismo. Podría incluso hablar de una marcha “inexorable” y estaría más cerca de la realidad. La idea de un juicio final está implícita en las doctrinas más extendidas entre los habitantes del planeta, sin que nadie las califique por ello de pesimistas. Considero por el contrario, deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar para posponer y, tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento en el mundo actual”.

Estas reflexiones del compañero Fidel Castro, formuladas en el 2012, reflejan con claridad meridiana el gran drama que vive actualmente la especie humana, donde, como decían Marx y Engels en el Manifiesto comunista, “todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el ser humano se verá constreñido por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás..”. Ojalá antes de que sea demasiado tarde.

Entre las amenazas mundiales más grandes que se ciernen sobre los seres humanos, la mayor de ellas es, sin ninguna duda, la destrucción acelerada del planeta. Sobre este tema se especula mucho en abstracto, se difunde un discurso etéreo en el que “todos somos culpables del deterioro ambiental”. Es decir, que “todos somos responsables del deterioro de los ecosistemas y la destrucción de la naturaleza”, sin atribuir responsabilidad alguna a fuerzas determinadas del capitalismo. Ante este infundio es necesario señalar con certeza el carácter ecocida del capitalismo y cómo eso se corresponde con la explotación simétrica de millones de seres humanos.

Para examinar este asunto se plantean cuatro temas centrales: En primer lugar, establecer la relación directa entre el capitalismo y la degradación ambiental del planeta, detallando los principales efectos destructores de este sistema económico: contaminación, deforestación, cambio climático. En segundo lugar, se precisan las características del imperialismo ecológico, categoría esencial para entender las fuerzas que explican la destrucción de los ecosistemas de los países dependientes y semicoloniales, entre los que se encuentra Colombia. En tercer lugar, hacer una referencia a los discursos ecologistas y a su relación con el capitalismo, analizando la falacia del “desarrollo sustentable” y los intentos de la tecnocracia neoliberal de justificar la “capitalización de la naturaleza”. Por último, esbozar unas breves reflexiones sobre una Ética de la Tierra y una ecopedagogía, como propuestas para analizar los problemas ambientales de nuestro tiempo.

La noción de ecosistemas ayuda a entender la magnitud de los problemas ambientales que hoy padecemos, en la medida en que su destrucción se constituye en la principal manifestación de la inviabilidad ambiental del modo de producción capitalista. Por ecosistema entendemos a los escenarios en que se reproduce la vida. Un ecosistema determinado está definido por el medio que sirve de soporte a microbios y bacterias, plantas y animales. Para las sociedades, los ecosistemas han sido fuente de riqueza y bienestar, en la medida en que no solamente son ensamblajes de especies sino de “sistemas combinados de materia orgánica e inorgánica y fuerzas naturales que interactúan y se transforman”.

La energía que permite el funcionamiento del ecosistema proviene del sol. Dicha energía es absorbida y convertida en alimento por plantas y otros organismos que realizan la fotosíntesis y que se encuentran en la base misma de la cadena alimenticia. El agua es el otro elemento crucial que fluye a través del sistema. La cantidad de agua disponible, junto con los niveles extremos de temperatura y la luz solar que un determinado sitio recibe, determinan en lo fundamental el tipo de plantas, insectos y animales que habitan en ese lugar y la manera en que se organiza el ecosistema.

Los ecosistemas tal y como los conocemos en la actualidad han evolucionado durante millones de años y no pueden ser sustituidos ni recuperados por procedimientos tecnológicos. La desaparición de cualquier ecosistema supone eliminar posibilidades de subsistencia para los seres humanos, por la sencilla razón que los ecosistemas hacen que la Tierra sea habitable purificando el aire y el agua, manteniendo la biodiversidad, descomponiendo y dando lugar al ciclo de nutrientes, proporcionando todo un abanico de funciones críticas.

En términos económicos, sobre todo en los países de Suramérica, la agricultura, la explotación forestal y la pesca generan uno de cada dos empleos que hay en el mundo. Los productos agrícolas y el pescado son más importantes que los bienes industriales. Por esta razón la disminución de la capacidad productiva de los ecosistemas tiene efectos devastadores para los seres humanos y de manera directa sobre los pobres que dependen de aquellos para su subsistencia.

Una mirada somera a la relación entre capitalismo y ecología indica que entre los dos términos no puede haber ningún acuerdo posible, por la sencilla razón que el objetivo del capitalismo radica en mercantilizar todo lo que encuentra a su paso, incluyendo la propia naturaleza y al discurso ecológico, por esto se plantea una clara bifurcación: o el capitalismo triunfa al ocupar todos los espacios como pretende, acabando entonces con la ecología, poniendo en riesgo el planeta Tierra, o triunfa la ecología y destruye al capitalismo, o lo somete a tales transformaciones y reconversiones que no pueda ya ser reconocido como tal. Esta vez no va a haber un arca de Noé que nos salve a algunos y deje perecer a los demás. Como bien señala Leonardo Boff, a propósito de la contradicción entre capitalismo y ecología, “¡O nos salvamos todos, o pereceremos todos…”!

El capitalismo, al pregonar el individualismo extremo como pauta del comportamiento socialmente admitido, enseña su característica antiecológica de tipo cultural; el capitalismo además destaca la apropiación privada de la riqueza social, la competencia desenfrenada de todos contra todos, la maximización de la ganancia, la mercantilización de cualquier cosa, el egoísmo y el afán de lucro. Así ha conducido a los seres humanos a ser suicidas, homicidas y etnocidas, y ahora comenzamos a ser ecocidas. ¿Será que el capitalismo nos conducirá pronto a ser también geocidas?

En conclusión, si la causa fundamental de la crisis ambiental que hoy padece el mundo se encuentra en el modo de producción capitalista, es contradictorio suponer un capitalismo ecológico. Por esta circunstancia, la crisis ecológica remite a cuestionar el funcionamiento de las sociedades contemporáneas en su totalidad.

Quema del Amazonas: http://www.elentrerios.com

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