La barbarie del régimen fascista colombiano no es noticia para la prensa mundial

Por Álvaro Lopera

Imagen tomada de la oreja roja

La BBC de Londres en su portal del 17 de junio (bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57507296) informaba del paro nacional, pero en clave de pandemia. El gobierno Duque lanzó una campaña de desinformación que hablaba de que la pandemia iba en ascenso por las movilizaciones, cuando su gobierno la semana antepasada quitaba las pocas trabas que estaban vigentes para que la gente saliera alegremente a comprar y a producir. Y así fue: de nuevo los centros comerciales atiborrados, los bulevares y las fiestas a todo timbal, el transporte colectivo ahíto de gente y las calles con trancones excesivos, como de costumbre. Pero he ahí que la prensa mundial le hace más eco a la propaganda sosa del gobierno que a la dura represión y muerte que este ha impuesto a las masas movilizadas en torno al paro que no para.

El 28 de abril se inició un gran movimiento nacional, principalmente juvenil, un estallido social producto de un acumulado histórico de injusticias sociales, económicas y políticas -cuyo florero de Llorente fue la reforma tributaria-, el cual se ha manifestado diversamente y con una creatividad nunca antes vista. Después de dos meses y de intentos inocuos del gobierno y de un sector del Comité Nacional de Paro por detenerlo, los jóvenes continúan saliendo a protestar contra un estado de cosas que no quieren que se perpetúe ni que pase de agache en el devenir nacional.

Es una protesta, considerada por muchos sociólogos como la mayor en toda la historia republicana, y es así porque quienes están al frente de ella no tienen nada que perder: no hay en el horizonte una oferta de futuro, educación, empleo, pensión, etc. Les han quitado tanto que hasta les quitaron el miedo. El neoliberalismo y la corrupción de la narco-oligarquía colombiana han secado los presupuestos y han diezmado la inversión en salud, educación, vivienda, infraestructura pretendiendo que los platos rotos los siga pagando la población más pobre a punta de impuestos. Y para colmo de males, a lo anterior se le agrega la entrega desmedida de los bienes comunes al capital extranjero con el correspondiente deterioro ecológico que ello ha implicado.

Es esto lo que tienen al frente nuestros jóvenes y ni la muerte los ha detenido. El Estado colombiano ha reprimido bestialmente, con las redes sociales informando y el mundo mirando, como nunca antes había sucedido en el planeta. Se mata con francotiradores –disparos precisos a la cabeza- y fuerzas parapoliciales y casi que se descuartiza a ojos vistas, con las cámaras prendidas, con facebook mostrando el horror, y no pasa nada. Por el contrario, le llueve al gobierno Duque la solidaridad de los distintos gobiernos imperialistas. El gobierno Biden, en medio de las violaciones sexuales, masacres, pérdidas de ojos, cientos de desapariciones y la muerte de más de 70 jóvenes, solicitó una inversión para 2022 de hasta US$454 millones de dólares al Congreso norteamericano para su república bananera preferida: Colombia, y para su narcogobierno, en donde la tajada militar-policial es grande.

Al unísono, Bachelet, la Alta Comisionada para los derechos humanos de la ONU, a estas alturas del partido solo ha manifestado que está muy preocupada por la situación colombiana. La OEA, y menos con semejante secretario general, ni siquiera se ha manifestado ni mostrado inquietud alguna. Europa silenció sus medios, al punto que Boaventura de Sousa, en un foro internacional organizado por CLACSO hace pocos días, manifestó abiertamente que el caso colombiano no se conocía o se conocía escasamente en Europa, y solo ha sido puesto en escena en espacios marginales por la solidaridad manifestada por los pueblos y por los colombianos exiliados.

En Colombia, los medios tradicionales no se han apagado, pero han desinformado lo suficiente poniendo el foco, desde el inicio de las protestas, en el pretendido vandalismo y en la pandemia, desviando de esa manera la mirada crítica potencial que pueda lograr la ciudadanía, que ha sido informada parcialmente por las redes sociales, pues no toda la población tiene acceso a ellas.

El apagón de la prensa mundial

Así como ha sucedido con la guerra saharaui contra el terrorismo de Marruecos, desde noviembre de 2020; así como las matanzas de palestinos por parte del Ejército israelí en las últimas semanas, meses y años son explicadas con el cliché del “terrorismo palestino” y son paisaje para Europa y Norteamérica; así como ha sido negado el papel de la virtualidad y la prensa escrita a Haití en las recientes protestas, que duraron meses, contra el corrupto y despótico gobierno de Jovenel Moïse, así le ha sido negado a Colombia ser una noticia para el mundo.

El Fondo Monetario Internacional ya lo había previsto y había dado la alarma: a prepararse gobiernos neoliberales que pasados los prolegómenos de la pandemia se ven venir grandes protestas; en Colombia, los organismos de planeación económica también le habían avisado al gobierno uribista de la gran resistencia que provendría de las masas hambreadas y empobrecidas de este país, y de allí que Duque se preparó militarmente mirando con retrovisor el histórico noviembre de 2019.

El capitalismo mundial ve venir el colapso del neoliberalismo y el alzamiento de los pueblos, y Colombia, como bien lo dice Boaventura, es un laboratorio de ese colapso que no le “interesa” a nadie en Europa porque, entre otras, no ha habido una narrativa periodística estricta, salvo contadas excepciones en la prensa alemana (Deutsche Welle, Der Spiegel, y Suddeutsche Zeuitung) principalmente en los inicios del paro.

En general, los titulares de la prensa europea y norteamericana en estos meses de paro se han orientado a temas tales como la vacunación contra la pandemia, el gasoducto Nordstream 2 y la disputa ruso-norteamericana; la crisis en el mar de la China meridional; el caso Navalni de Rusia –un opositor neofascista del gobierno Putin, preso por corrupción- el cual se ha convertido en un trofeo de disputa geopolítica entre Rusia y la OTAN; asimismo, el reciente caso del apresamiento de un opositor del gobierno de Bielorrusia detenido tras un aterrizaje de emergencia en la capital, Minsk, ocupó y ocupa los titulares, pues posterior a ello el incómodo gobierno bielorruso fue sancionado duramente por la Unión Europea, suspendiendo los vuelos a ese país y cerrando el espacio aéreo para el vuelo de sus aviones.

El Parlamento europeo no ha condenado las prácticas fascistas del gobierno de Duque, como sí se tomó la molestia de condenar el comunismo y lo equiparó con el fascismo en septiembre de 2019, y como repetidas veces lo ha hecho con el gobierno venezolano por cualquier quisicosa política o de orden público. Un ejemplo emblemático lo constituye el otrora periódico “progresista” El País, donde en estos dos meses de paro el tema fue tratado con relativa seriedad, hablando de la violencia policial en los primeros días, pero en páginas interiores, no en titulares. El resto del tiempo ha sido mirado como una noticia más.

En este medio sigue siendo noticia Venezuela, no Colombia.

Manipulación masiva a todo color

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