¿Por qué sigue libre Andrés Escobar?

El nuevo rostro del paramilitarismo

Por Rubén Darío Zapata

En la foto: Andrés Escobar, uno de los civiles armados que disparó en Cali

Este empresario caleño, homónimo del inmolado defensa de la selección Colombia, no se hizo famoso precisamente por sus goles o sus buenas jugadas. Su salto a la fama ocurrió el 28 de mayo pasado, cuando varios videos lo registraron armado, igual que otros civiles que avanzaban al lado de la policía por la calle 100 de Cali, disparándole a una multitud de manifestantes que conmemoraban un mes de movilizaciones contra el gobierno nacional.

Los videos, por supuesto, le dieron la vuelta al mundo en un santiamén. Y, siendo Escobar un reconocido empresario de Cali, no podían más que generar revuelo en la opinión pública. Ante esta situación Escobar se sintió en la obligación de explicar su comportamiento ese 28 de mayo, que pasaría a la historia por los 14 manifestantes muertos durante las protestas, muchos de ellos a causa de balas disparadas por los civiles que, como Escobar, actuaban ante la indiferencia o complicidad de la policía.

Pocos días después de los sucesos en cuestión, Escobar publicó en sus redes un video en el que se proponía, supuestamente, “pedir” disculpas por sus actuaciones aquel 28 de mayo. Pero realmente no “ofrece” ninguna disculpa, sino que se presenta como una víctima acosada injustamente en redes sociales a partir de lo que hizo, pues, según él, por aquellas actuaciones no puede juzgársele de paramilitar, asesino, genocida “y de una cantidad de barbaridades que no soy”. Para demostrarlo, Escobar presenta el arma con la que estaba disparando (según él, una pistola de fogueo, traumática pero no letal), exhibe los documentos de importación y de registro ante la DIAN y dice que solo estaba disparando al aire para dispersar a los vándalos. Eso demuestra, según él, que no tenía intenciones de matar ni herir a nadie. Lo que no explica es cómo fue posible entonces que esa jornada terminara con un saldo de 14 manifestantes asesinados en solo Cali, muchos de ellos en los alrededores de la calle 100 en Ciudad Jardín.

Con esto Escobar se presenta a sí mismo como una persona de bien, trabajadora, sin antecedentes judiciales, que paga impuestos, aporta a la sociedad con empleo y hace labor social. “Una persona -dice- comprometida con su ciudad, Cali, a la cual amo. Y me duele ver toda esta problemática que está pasando en la ciudad, sin precedentes”. Este amor a la ciudad fue lo que impulsó a Escobar a salir, supuestamente de manera espontánea, a la calle armado y disparando. Aunque fueron muchos los que salieron armados y disparando al mismo tiempo que Escobar y se reunieron en torno a la Policía, Escobar asegura que no había ninguna planeación, que cada uno lo hizo de manera espontánea, a pesar que parecían incluso uniformados con sus “tradicionales” camisas blancas o negras.

“Los vándalos estaban reduciendo a la fuerza pública -explica Escobar-. Los disparos fueron para disuadirlos, pues iban a quemar el CAI de Ciudad Jardín. Y lo hubieran logrado si nosotros no estuviéramos allí para apoyarlos (a la policía) en un momento necesario”. En todo esto Escobar no reconoce haber hecho nada de lo que deba arrepentirse, más bien su intervención debería leerse, tal como él la presenta, como un acto heroico que la sociedad debería agradecer. Pues, según él, si ellos no hubieran intervenido, los destrozos provocados por los vándalos hubieran sido muchos, porque ya se estaban lanzando contra varios negocios y contra el edificio de la torre empresarial donde está el ICETEX.

“¿Estos son los manifestantes pacíficos -se pregunta Escobar- a los cuales se me acusa de haberles disparado? Defender la propiedad privada de mi comuna 22 es normal para cualquier ser humano. Yo era conocedor de que me estaban filmando y que esta situación se podía presentar. ¿Qué pasaría si usted tiene en peligro su casa, su familia, sus empresas? Usted sale a defenderse. Hemos creado un grupo para el beneficio de toda la comuna 22, salimos a defender la comuna 22, no con el objetivo de causar daño, sino que los vándalos se retiraran. La fuerza pública no podía reaccionar. ¿Qué hubiera pasado si lo hubiéramos permitido, si matan a una persona (parece olvidar Escobar que mataron 14, solo que para él los manifestantes tal vez no cuentan como personas), si queman nuestras empresas, queman nuestras casas, todo lo que nos ha costado construirlas? Es un sentimiento de solidaridad, yo no debería quedar en duda y esto tiene que ser público, nosotros la ciudadanía tenemos que apoyar la fuerza pública, tenemos que tener un país en paz. Debe regresar el orden y la normalidad. El pueblo lo demanda, el pueblo lo exige. Llegó el momento ya de parar”.

Este discurso, como se ve, no tiene nada de disculpa, más bien justifica lo hecho e invita a otros a imitarlo, porque “nosotros la ciudadanía tenemos que apoyar la fuerza pública, tenemos que tener un país en paz”. Así, lo que se presentó en principio como un intento de disculpas, termina primero justificando, después exaltando y al final atacando a aquellos que se atrevieron a filmarlo y a cuestionarlo públicamente por lo hecho. Según Escobar, las personas que estaban filmando lo hacían con la intención previa de cambiar la versión de la historia. “Son expertos en tergiversar las cosas -dice-, expertos en crear narrativas que vayan en contra de cualquier pensamiento que ellos tengan. Son muy rápidos para desplegarse en redes sociales, muy buenos para hacerse de las herramientas de marketing para instrumentalizar personas para el caos”.

Así, Escobar cierra su video con un ataque a Beto Coral, el youtuber que hizo viral las imágenes de Escobar disparando al lado de la Policía. Lo que le reprocha Escobar a Coral es que lo acuse de ser paramilitar y dispararles a manifestantes que ejercían su derecho legítimo. “Esos no eran manifestantes legítimamente marchando -asegura Escobar-, pues hay videos donde ellos también nos disparaban y vandalizaban todo a su alrededor… Voy a hacerle denuncias a este señor, para que pague por todos los daños tangibles e intangibles que me causó, tangibles en contratos, e intangibles en moral”.

Poco después Escobar reapareció en una entrevista para RCN. De entrada, la entrevista es presentada como una oportunidad de que Escobar se disculpe por sus actuaciones. Pero, ni el entrevistador ni el entrevistado parecen darle realmente importancia a dicha disculpa, más bien insisten en explicar y justificar las actuaciones del “empresario” caleño en el marco de las movilizaciones del 28 de mayo. La primera pregunta que le hace el entrevistador no es por qué él andaba armado y disparando, cosa que reconoce, sino qué estaba pasando en ese momento en Ciudad Jardín. El hombre, por supuesto, se concentra en la diferenciación entre manifestantes legítimos y vándalos que, según él, han infiltrado la protesta. Entonces explica que, por la acción de los vándalos, se estaban generando muchos daños en la calle 100.

Solo después de muchas vueltas, el periodista le pregunta si es consciente de que se equivocó. “Sí -responde él-. Quiero pedir una disculpa pública a Colombia, a mi ciudad, a Cali. Yo amo a esta ciudad y lo último que quiero es crear una división, crear un discurso de odio, promover que se arme la gente como en el paramilitarismo. No tengo esa visión hacia las personas. Se me ha acusado de un montón de cosas… me dicen asesino y yo nunca he asesinado a nadie. No tengo ni siquiera un antecedente judicial en toda mi vida. Pido una disculpa porque esto podría haber sido tomado como una incitación al odio, una incitación a que se arme la gente contra el pueblo. Pero nunca fue mi intención promover eso de ninguna manera y nada lo justifica”.

Sin embargo, unos días después, desde un balneario en el que vacacionaba tranquilamente, como si nada hubiera ocurrido, Escobar hizo una convocatoria por sus redes sociales para una pintatón en las calles de Cali. La pintatón debería más bien llamarse borratón, porque lo que proponía y efectivamente se hizo fue borrar las pintas y expresiones artísticas realizadas por los manifestantes durante las jornadas de protestas, algunas de ellas con alto valor estético, incluso murales realizados por artistas reconocidos de la ciudad. La idea era remplazar todo este arte de denuncia por los muros grises, pues, según sus organizadores, este es un color neutral. Quienes llegaron a pintar se uniformaron con camisetas blancas que tenían estampado en la espalda el letrero de Yo soy seguridad, y en el frente el de No al comunismo.

Es decir, a pesar de que el hombre fue visto por millones de personas disparando al lado de la policía contra los manifestantes (por más que diga que solo disparaba al aire), que él mismo lo reconoce en su video y en la entrevista, se sigue moviendo en la vida pública con total libertad. Las mismas autoridades que detuvieron y condenaron a un manifestante porque lo reconocieron en las cámaras participando en el linchamiento del agente del CTI que disparó contra los manifestantes y asesinó a varios (y así, con evidencia cierta o inventada aportada supuestamente por las cámaras de seguridad han detenido a varios manifestantes), juzgan que no ha habido nada delictivo en la actuación de Escobar y los demás civiles que dispararon contra los manifestantes. No se conoce hasta ahora ninguna investigación en su contra, ni siquiera contra los que emboscaron a la guardia indígena el 10 de mayo.

Es la evidencia de que el paramilitarismo (organizaciones y acciones militares de civiles en connivencia o a favor del Estado y la élite gobernante) está hoy plenamente institucionalizado y no necesita actuar en la clandestinidad como otrora. Entre tanto, al parecer Escobar no se ha limitado a denunciar, como prometió, a Beto Coral. Hace unos días el youtuber recibió desde la cuenta de Instragram de Andrés Escobar una grabación en donde el youtuber departía con su familia en un parque de Nueva York, y al final le decía: “Solo quería enviarte un saludito”. Con ello, obviamente, le está indicando que lo tiene bien ubicado y señalado y puede hacerle daño no importa en qué lugar pretende esconderse.

Los paramilitares de antaño vivían en la clandestinidad, y aunque el Estado no los persiguiera de facto sí cargaban con el estigma de ser delincuentes, precisamente por eso su clandestinidad. Hoy parece que eso no es necesario, pueden seguir su vida tranquilamente, moviéndose en la alta sociedad, haciendo convocatorias masivas de supuesta civilidad y enviando panfletos amenazantes, sin que pase nada. Además, ni siquiera se les pasa por la cabeza identificarse como paramilitares, se presentan como gente de bien que ama a su ciudad. Al final de la entrevista en RCN el entrevistador le pregunta a Escobar si es o no paramilitar. Aparentemente es una pregunta incisiva, pero era más bien un salvavidas para que el hombre pudiera limpiarse el estigma. “Ni siquiera sé cómo funcionan estos grupos”, respondió muy horondo. Puede que ante las autoridades colombianas Escobar siga siendo “gente de bien” y que los medios se sigan prestando para lavar su imagen y presentarlo como un empresario muy emprendedor. Pero frente a las familias de los jóvenes asesinados en Cali el 28 de mayo y días posteriores esta marca ya no se la quita nadie, ni a Escobar ni a ninguno de los autodenominados “gente de bien” de la ciudad. Representan el paramilitarismo en su versión institucional.

En la foto: Andrés Escobar disfrutando de sus vacaciones en Estados Unidos.

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