Trashumancia, una práctica milenaria para la resistencia en contexto de ciudad

Los sueños crecieron con el maíz, se aliaron con los animales, y echaron raíces con los árboles, un ave gigante los arrastró hacia el centro del valle, fueron arco iris y serpiente, truenos en septiembre, lluvia y río que crece, bosque que florece, beso que envuelve, magia y misterio, viento en el tiempo”. Fragmento del poema, Tiempos Modernos (Abya Yala 2013) Pedro Ortiz (Samai).

Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Ilustración: Inty Maleywa

La Trashumancia es una práctica milenaria. Implicó desplazamiento colectivo por el espacio y retorno al lugar residido; nuestras ancestras y ancestros la utilizaron como estrategia para mantener el equilibrio de los ecosistemas, respetando ciclos naturales en conexión y relación con todos los seres vivos para la construcción del territorio y, por ende, de la cultura. Este desplazamiento generó memorias de conocimientos, sabores, olores y sensaciones que fueron transmitidas generacionalmente desde la oralidad y el arte rupestre, partiendo de lo individual hacía lo colectivo en momentos de pausa y reflexión.

Inty Maleywa, artista trashumante, sostiene que esta práctica “invita a abrigar los saberes ancestrales que nos ayudan a preservar el sentido de la colectividad, entre ser humano y naturaleza, conectándonos con los demás seres vivos que nos rodean y salvaguardando el espacio que habitamos. Es una práctica que nos aterriza al presente en el contexto que nos encontramos y lo que nos rodea. La trashumancia es la cualidad de cambiar de lugar dependiendo de los ciclos naturales”.

En la actualidad, las lógicas del mercado, del desarrollo y del progreso neoliberal con procesos de modernización, instauraron un imaginario urbano y reconfiguraron saberes y tradiciones para habitar la vida de manera fácil, acelerada y sin tiempo para hacer pausa y reflexión acerca de las formas en que se habita el territorio, el aporte para su construcción y las memorias generadas. Estás lógicas desvincularon al ser humano de su territorio y los demás seres vivos.

Inty asegura que “el capitalismo es el sistema que bloquea los movimientos y la esencia del ser trashumante, poniendo al ser humano en un territorio cuadriculado, limitando su interacción e inhabilitando el movimiento de muchos seres vivos. La propiedad privada cierra caminos, el progreso desvía rutas, los animales no se mueven de un lugar a otro, hay plantas que son modificadas para cultivar grandes extensiones de ganadería, dañando la fertilidad en los territorios. Por ende, trashumar es un acto de resistencia contra el sistema y las tecnologías que aceleran la vida”.

Y aunque en contexto urbano, de crisis civilizatoria, de colonización del espacio público por la propiedad privada, la trashumancia como práctica milenaria es una opción para exigir el derecho de habitar la ciudad, de recuperar y proteger bienes comunes, pequeños espacios que conservan ecosistemas, con los que podemos interactuar colectivamente para dotarlos de sentido territorial. “Por eso la trashumancia es una propuesta de vida, desde la cotidianidad, desde lo sencillo, y ser conscientes desde que nos levantamos hasta que nos acostamos de esta práctica, estando conectados con el territorio y la comunidad que nos rodea. Es una propuesta de vida, y en relación con las artes es una forma de hacer registro y significado de lo vivido para crear memorias. La vida es transversal con las artes”, sostiene Inty.

Y continúa: “Aplicar la trashumancia en la ciudad es realizar el reconocimiento de lo público, defenderlo y construir el territorio como algo extenso. Confrontar los procesos de desarrollo y progreso materializados en la modernización de la ciudad, siendo consciente del territorio en el que nos encontramos, reconociendo el contexto, las rutas y las comunidades para generar encuentros que impliquen construcción y registro de memorias”.

Estos registros invitan a hacer parte de la comunidad, utilizando la oralidad, la ilustración, la escritura, la fotografía, los audios y videos parar generar archivos y crear memorias de sensaciones, fragancias, sabores y de diálogos dados en el espacio que habitan las personas, concientizándonos de cada detalle durante la experiencia de la trashumancia. Registros que dan la opción de recrear el territorio de manera contraria a las lógicas de vida del progreso y del desarrollo económico instauradas en los seres humanos.

La trashumancia va en contravía del turismo, porque mientras este pretende pasar y comercializar por el mayor número de lugares posibles, la trashumancia invita a compartir con el territorio un largo periodo de tiempo, con el hábitat, los seres vivos y las personas que lo anidan. La trashumancia no busca intercambio económico, por el contrario, pretende ser recíproco, compartiendo saberes y generando conocimiento de manera horizontal desde el saber empírico hacía el reconocimiento de las memorias que se dejan ver en la amalgama artística.

La trashumancia es un mecanismo de contrapoder, de colectivización y acción política para la defensa de la vida, la protección de los territorios y los seres vivos que lo habitan, ya que da la opción de narrar desde lo individual a lo colectivo, en un ir y venir constante. Trashumar es re – existir, hacer pausa y reflexión de manera crítica sobre las lógicas modernas y las prácticas de lo antepasados para habitar y vivir de manera distinta.

Llevar la trashumancia a la práctica de vida diaria es desligarse de lujos, de sobre carga laboral, del egocentrismo, de la avaricia e individualismo capitalista; es permitirse ser y estar, asumir el mando sobre la vida sin hacer daño a los demás seres humanos; ser trashumante es entrar y salir de la dinámica moderna, del engaño publicitario, de la aceleración de la vida, es tomar consciencia de habitar de manera pausada el territorio y de la importancia de generar memorias para las generaciones que vienen caminando.

“La trashumancia -concluye Inty Maleywa- propone que una comunidad no solo sea entre humanos sino con la naturaleza en sí misma, como las plantas y los animales, es una forma de emancipar el pensamiento del el sentir y la acción en que nos atrapa la modernidad y el mercado neoliberal, porque no les interesa armonía con la naturaleza entre seres humanos y otros seres vivos, sino que los destruye. Aplicar la trashumancia en la ciudad es la posibilidad de reconocer especies naturales que desconocemos, además de conectarnos con el clima, el espacio y la gente, recuperando espacios y lugares impedidos por las lógicas del mercado”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s