El retorno de Buffalo Bill

Brutal represión de haitianos en Estados Unidos

Por Renán Vega Cantor

Luego de atravesar varios países de América del Sur y de Centroamérica, unos quince mil haitianos ingresaron a los Estados Unidos, por el Estado de Texas, uno de los territorios en donde es más fuerte el racismo contra los negros.

Los haitianos que huyen de la miseria, la violencia, el hambre y el desempleo ‒que han soportado tanto en su país de nacimiento, como en otros países a donde han residido (como en Chile, Brasil o Colombia) ‒, decidieron partir hacia los Estados Unidos, porque se difundió el rumor que el gobierno de Joe Biden estaba dando acogida a los extranjeros que quisieran ingresar a territorio estadounidense.

Cansados de ese largo viaje de miles de kilómetros, en el que han invertido hasta el último centavo de sus magros ahorros, entraron a Texas atravesando el río Bravo, con la esperanza de que se les concediera asilo en los Estados Unidos. Al ingresar, se instalaron debajo de un puente, al que convirtieron en un campamento improvisado.

Foto: AFP

Inmediatamente después, el gobierno de Joe Biden, en lugar de acogerlos, darles refugio, alimentación, protección y cobijo, disposiciones mínimas de tipo humanitario para socorrer a una población agotada y con problemas de salud y nutrición, procedió de la forma que es típica en Estados Unidos: tratarlos como delincuentes, encarcelarlos, perseguirlos, torturarlos… Para ello revivió un comportamiento que se pensaba era típico de las películas del Lejano Oeste o de la guerra civil estadounidense del siglo XIX: el de los cowboys, vaqueros, cazadores de indígenas y negros, que los someten brutalmente por la fuerza, mediante la utilización de caballos y armas de fuego.

El personaje que mejor representa esa acción es Buffalo Bill, convertido por la historia oficial de Estados Unidos en un héroe, cuyo heroísmo radica en la mortandad planificada de búfalos y bisontes (un zoocidio), realizado con la finalidad de matar de hambre a grupos indígenas que se alimentaban de esos animales. Este criminal, que mataba por igual a animales e indígenas, pasó a convertirse en la leyenda representativa del Salvaje Oeste, en el cual sobresalían los vaqueros blancos, con sus armas y sus caballos, siempre listos para cazar indígenas. Esa escena decimonónica la revivió el gobierno de Joe Biden en 2021, como muestra de lo que alguna vez dijo el novelista William Faulkner, “el pasado nunca está muerto, no es ni siquiera pasado”. No, eso que se pretende un pasado distante e ido, está acá, y sigue gravitando como parte de la identidad nacional, violenta y racista, de los Estados Unidos, en la cual cazar negros y pobres se ha convertido en una especie de deporte nacional.

Nuevamente emergieron los Buffalos Bill de nuestro tiempo en el territorio de Texas, cazando y maltratando haitianos, sin importar si eran hombres, mujeres o niños. Esa violencia tiene un tinte racista y clasista difícil de ocultar. Se persigue con sevicia a los haitianos, porque son negros y pobres. Eso se hace con toda la impunidad del caso, porque en Estados Unidos no existe un poderoso lobby haitiano, que tenga alguna influencia electoral. Es seguro que si quienes ingresan a Estados Unidos fueran cubanos, se les hubiera dado otro trato, porque en Miami hay un poderoso lobby mafioso (el de la gusanería), siempre listo para facilitar la entrada de cubanos, a los que por definición se considera como perseguidos políticos, incluso cuando esos individuos secuestran o matan a alguien en Cuba antes de entrar a los Estados Unidos.

La brutalidad del trato dado a los haitianos en Estados Unidos y también en México, porque el gobierno mexicano secunda la política de Estados Unidos en ese terreno, no deja lugar a dudas sobre lo que en asuntos migratorios representa el gobierno de Joe Biden y Kamala Harris (de ascendencia jamaiquina y de piel negra). En lugar de enviar médicos, enfermeros, cocineros y personal de asistencia, el gobierno de los Estados Unidos envió militares, policías, perros, caballos, armas y aviones de deportación. Claro, porque se trata de una guerra contra los pobres, y los haitianos en general son la clara representación de la pobreza en nuestro continente.

De inmediato se deportaron a 1500 haitianos hacia Puerto Príncipe y otros fueron enviados en avión a México. Como elemento revelador de lo que es la política migratoria de Joe Biden, los haitianos son expulsados sin ningún tipo de audiencia, y de forma fulminante, recurriendo al articulo 42 de una Ley de Salud de Donald Trump, mediante la cual se estipula que, para salvaguardar la salud de los estadounidenses y prevenir el contagio de la Covid-19, pueden ser expulsados en forma automática los extranjeros que hayan entrado de manera ilegal e incluso legal a Estados Unidos.

Se prepararon vuelos en los que se llevaba en cada uno de ellos a por lo menos 135 haitianos hacia Puerto Príncipe y de manera ininterrumpida durante varios días se han trasladado miles de personas hacia Haití. ¡Ojalá que ese mismo puente aéreo se hiciera con ayudas médicas y alimenticias para socorrer a la población haitiana, que soporta las consecuencias de un reciente terremoto, que los empobrece aún más!

Para darse cuenta del sentido de la política migratoria de Joe Biden con respecto a los haitianos, se ha informado que se está preparando la reapertura de un centro de detención en Guantánamo, para lo cual se está solicitando a contratistas privados que consigan guardias de seguridad que hablen creole y castellano.

Así, en materia migratoria, con Joe Biden se está retrocediendo casi treinta años, si recordamos lo acontecido en 1994 en el Caribe. En ese año, ante la dura situación que vivía Cuba, salieron miles de balseros hacia el mar, que eran recogidos por la guardia costera de los Estados Unidos o por embarcaciones privadas de la gusanería de Miami, eran acogidos con todas las garantías, llevados al territorio de los Estados Unidos en donde se les daba residencia de manera inmediata y al poco tiempo la nacionalidad estadounidense. En forma simultánea, como resultado de la persecución a que eran sometidos los haitianos por la dictadura militar, apoyada por los Estados Unidos, miles de haitianos se lanzaron al mar, muchos perecieron en el intento mientras la guardia costera de Estados Unidos los dejaba ahogar. Otros, los que tenían mejor suerte, eran recogidos y terminaban encarcelados en jaulas en Guantánamo.

Al recordar este hecho, queda claro que el desprecio de los haitianos, por ser negros y pobres, es un comportamiento estructural del imperialismo estadounidense, sin importar si el gobierno lo controlan demócratas o republicanos. Biden no es la excepción a este odio y racismo estructural contra los haitianos como lo pone de presente la reaparición de ese zombi de ultratumba que se llamaba Buffalo Bill.

Foto: Reuters
Foto: GETTY IMAGES

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