30 años de La Constitución Política Colombiana

Relato de vida

Por Dúber Mary Restrepo

Imagen tomada de sentiido.com

El nombre es una forma de identificación de las personas y la mayoría de las veces diferenciador de género. En mi caso, el nombre de Dúber Mary me ha llevado a lo largo de mi vida a situaciones agradables, pero también desagradables en el contexto sociocultural. Cuando estaba en el colegio, luego de cursar el grado noveno, teníamos tres opciones: continuar el bachillerato, estudiar en el SENA o quedarnos en casa a ver si resultaba un “buen marido” para convertirnos en “amas de casa”. En mi caso opté por el segundo y realice el proceso de inscripción; presenté la primera evaluación, éramos tantas las personas aspirantes que nos ubicaron en dos salones, me tocó uno lleno de muchachos, ¡¡yo tranquila!!, fui a ver los resultados y cuál sería mi emoción al ver que había quedado en los primeros puestos de una tercera parte de los postulados iniciales.

Para la segunda evaluación fui por la credencial; en la taquilla me llamaron como Dubermario, respondí que era Dúber Mary; me entregaron el ficho, presenté la prueba y quedé nuevamente entre los primeros de la mitad de preseleccionados. ¡Estaba feliz! muy orgullosa de mí misma. Llegó el día de la prueba final, una entrevista. Me atendió un grupo de cuatro hombres bastante adultos, quienes se sorprendieron cuando me vieron, me pidieron el documento de identificación, confirmaron datos y solicitaron que me sentara. Empezaron por preguntarme si usaba vestidos de falda con frecuencia, luego cuestionaron que tuviera las uñas largas y pintadas, igualmente criticaron mi cabello largo (me llegaba a la cintura), contesté que no era problema, me cortaría las uñas, recogería mi cabello o si era necesario también lo cortaría, que estaba decidida y consideraba tener las habilidades para aprender y aplicar esos conocimientos. Ellos me contestaron contundentemente que no me realizarían la entrevista y que quedaba por fuera del proceso de selección porque la mecánica de motos era solo para hombres. Sin más se fueron.

Muy indignada me desplacé a la oficina central y pedí hablar con el director; me atendió en dos minutos diciendo que efectivamente ese curso era solo para hombres y que, aunque hubiera pasado las pruebas, las mujeres por reglamento no eran permitidas para ese curso. Acudí a la Secretaría de Educación, a la oficina del trabajo y a unos abogados. La respuesta fue unánime, no había nada qué hacer, ese era el reglamento de la institución SENA y, en general, de las demás entidades. Por mucho tiempo estuve indignada. Continué mis estudios y me gradué en bachillerato académico, el que realizábamos las personas que aspirábamos a ingresar a la universidad; otros realizaban bachillerato técnico para salir a trabajar. En esa época, para los niveles de prestigio académico era lo máximo hacer un pregrado, es decir, titularse en una universidad, e ideal realizar una tecnología o quizás una técnica; aceptable era terminar el bachillerato o llegar a noveno (en ese momento se denominaba cuarto de bachillerato); lo mínimo que se pedía era aprobar la primaria y saber medianamente leer y escribir.

El entorno político y social

Ya estaba estudiando en la universidad cuando empezó a gestarse un movimiento nacional de jóvenes estudiantes y diferentes sectores de la sociedad, entre ellos varios grupos guerrilleros con los que se estaba negociando la desmovilización, que pedían cambiar la constitución política que regía el país desde 1886 y que restringía muchos derechos, no respondía a las transformaciones socioculturales y político-económicas que vivía el país y por lo que pasaba el mundo en general. La llamada “Séptima papeleta” tomó este nombre porque, en el año 1990 eran las elecciones y se debían utilizar papeletas individuales para votar por candidatos a: 1) Senado, 2) Cámara de Representantes, 3) Asamblea Departamental, 4) Juntas Administradoras Locales, 5) Concejo Municipal y Alcaldía, y por 7) La citación a la nueva Asamblea Constituyente.

La decisión en las urnas fue rotunda: de acuerdo al Consejo Nacional Electoral, el 86% de los votantes se pronunció a favor de la “Séptima papeleta”. Rápidamente se conformó la Asamblea Nacional Constituyente y sus integrantes hicieron parte de cinco comisiones para abordar cinco grandes temáticas relacionadas con aspectos generales (principios, derechos y deberes, garantías, administración de justicia, territorio, reformas políticas, económicas, sociales y ecológicas entre otras) que se recogen en 13 títulos y concretaron en los múltiples artículos que la conforman, a los que se suman las reformas que le han hecho en estos 30 años.

Desde la universidad, como estudiante e inmediatamente después de aprobada la nueva Constitución en 1991, he sido una acérrima defensora de la misma, porque he encontrado en ella la posibilidad de acceder como sujeto social y político a ciertas instancias que anteriormente eran impensables. Igualmente en lo social y lo cultural me han permitido a mi o a mis seres queridos y cercanos expresarnos o desarrollarnos desde nuestras subjetividades en el contexto que habitamos sin estigmatizaciones o vulneraciones, por lo menos no tan aberrantes. Entre los aspectos novedosos que quiero destacar de La Constitución del 91 son: respeto a las minorías étnicas, la libertad de culto, creación de la defensoría del pueblo y nuevos mecanismos de participación democrática, pero especialmente el referido a la equidad de género, tan venida a menos en la anterior constitución llamada “del Estado de Sitio”.

Ante esto siguen estando vigente las palabras de Zemelman, sociólogo chileno, quien dijo: “El momento actual de América Latina pasa por nuestra voluntad para reivindicarnos en la condición de actores de su historia. La pregunta acerca de si hay opciones al curso actual de su desarrollo no tiene respuesta si no se basa en la capacidad para ahondar en sus realidades ocultas, de manera que hay que volcar la fuerza que de allí resulta en nuevas voluntades sociales para acechar su futuro por rumbos desconocidos; por sobre el orden y la conformidad, la ruptura y la conciencia de lo nuevo. He ahí el desafío”.

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