El drama de los ancianos abandonados

Por Rubén Darío Zapata

El fin de semana del 22 y 23 de octubre, Noticias Caracol TV semana emitió un especial sobre el abandono que padecen muchos ancianos en Colombia. Más allá de la realidad que evidencia, la nota deja en claro la superficialidad de los periodistas en el tratamiento de la noticia y el cinismo del Estado en el abordaje del tema.
Foto: tomada de juventudrebelde.cu

La noticia empieza con la historia de una anciana, Blanca Rocío Díaz, de 71 años, que ingresó a un hospital de Valledupar tres meses antes de la pandemia y, desde entonces, ningún familiar se ha reportado, de tal manera que los médicos y las enfermeras del centro médico terminaron convirtiéndose en su familia y recolectando diariamente lo necesario para su sustento. A renglón seguido, el periodista afirma que la historia de Blanca, lamentablemente, no es un caso aislado, sino que se ha vuelto cada vez más frecuente. El desamparo que sufren los ancianos (adultos mayores prefieren llamarles) se ha vuelto parte del paisaje.

Al final, Blanca Rocío encontró la suerte de ser beneficiada con uno de los escasos cupos que manejan Las hermanitas de los Pobres en la Casa del Abuelo. Pero esta es una suerte que le es esquiva a la mayoría de ancianos que sobrellevan el olvido y el desamparo en las calles de las grandes ciudades. Entrevistada a propósito de doña Blanca, Yannis Martínez, trabajadora social de la clínica, comenta lo siguiente: “Hay otro paciente que tenemos acá en la institución, él ingresó en el mes de febrero y hasta ahora todavía lo tenemos acá. A diferencia de Blanca, él tiene seis hijos acá en Valledupar y lastimosamente nadie quiere hacerse cargo de él”. Al otro día, sin embargo, el noticiero logró entrevistar a algún familiar de este señor, quien manifestó francamente que su situación económica no les permitía hacerse cargo del viejito.

Según datos de las autoridades consultadas por el noticiero, tan solo en Valledupar se han registrado más de 20 casos de abandono de adultos mayores en lo que va corrido del año, ante lo cual estas mismas autoridades están iniciando proceso contra sus familiares por lo que, según la ley, se constituye en violencia intrafamiliar.

Según el DANE, de los 6.800.000 adultos mayores que hay en Colombia, el 20% se hacen cargo de sí mismos. Es cierto que algunos de estos ancianos deciden estar solos por decisión propia, como defensa de su autonomía, pero muchos de ellos están solos a consecuencia del abandono. Esta proporción de adultos que viven solos como consecuencia del abandono no parece estar al alcance del DANE y por eso la realidad está marcada por un tremendo subregistro, pues solo se sabe del abandono cuando la situación llega a niveles dramáticos.

Según un estudio de la Asociación Colombiana de Gerontología y Geriatría, que referencia el noticiero Caracol, antes de la pandemia cada año se registraban alrededor de 400 adultos en situación de abandono, cifra que con toda seguridad tiene que haberse incrementado con la pandemia, que agravó la situación de las familias pobres.

A los periodistas, sin embargo, no se les ocurre abordar el tema del abandono como el reflejo de una política estructural que excluye a aquellos que ya no son productivos, sino que se concentra en el abandono como un caso de violencia intrafamiliar, que está tipificado como delito por la ley y, como tal, debe ser castigado. En este sentido invocan la ley 1850 de 2017 que “establece medidas para garantizar los derechos de los adultos mayores y fija penas para castigar el maltrato intrafamiliar por abandono”. Y a renglón seguido agregan los comentarios de algunos expertos que sostienen que “hace falta mayor seguimiento y control por parte de las autoridades para combatir realmente este flagelo”.

No parece del interés de los periodistas analizar las condiciones sociales y, sobre todo, económicas, que les impiden a las familias hacerse cargo de sus adultos mayores. Tampoco analiza las complicaciones de carácter y de salud que padecen muchos adultos mayores, con lo cual su convivencia y su cuidado se tornan cada vez más difíciles y demandan las acciones de especialistas y espacios específicos como los ancianatos, lejos del alcance de los pobres por sus costos excesivos. En general, no se les ocurre a los periodistas que en una sociedad civilizada que se respete, el cuidado especializado de los ancianos debería estar a cargo del Estado y que, por tanto, el principal responsable del drama que viven cada vez más integrantes de este grupo poblacional tiene como responsable al Estado más que a las familias, y que no se trata de un asunto de política judicial, sino de salud pública.

Entre otras cosas, aunque el periodista reconoce que muchos de estos ancianos que viven en condiciones de abandono no cuentan con una pensión, no se le ocurre que este drama es el fiel reflejo de una política neoliberal que convirtió las pensiones en un negocio y flexibilizó y precarizó de tal manera el trabajo que convirtió para muchos el sueño de una pensión en una quimera. Hace 30 años, cuando se impuso esta política en Colombia, muchos de estos ancianos que hoy deambulan desamparados o viven del rebusque en las calles, estaban en su plena madurez productiva o llevaban una carrera laboral que fue frustrada violentamente por las reformas que mercantilizaron la seguridad social y precarizaron el trabajo.

La presentadora Juanita Gómez incluso entrevista al ministro de trabajo, Ángel Custodio Cabrera, a propósito de este asunto, pero se comporta frente a él como una caja de resonancia, como si le alquilara el micrófono y la cámara para que dijera lo que quisiera, sin cuestionar nada, a pesar de lo cínicas que en este contexto resultaban las declaraciones del funcionario.

Le pregunta, por ejemplo, a qué se debe que en Colombia se encuentren hoy más de 4 millones de adultos mayores que no lograron una pensión, y el otro, muy horondo, responde que la causa fundamental es la cultura de la informalidad que se ha impuesto por décadas. Es decir, la informalidad en el trabajo a la que se han visto sometidos los colombianos durante las últimas décadas es por una cultura inapropiada de la gente, que se ha acostumbrado a no cotizar para la pensión, y no el resultado de la precarización laboral que trajo la ley 50. Pero ante esto la periodista no dice nada, solo pregunta por la solución que tiene el gobierno para esta población en términos de “ayudas”. Y el otro, ni corto ni perezoso, aprovecha para hablar de los planes “generosos” del gobierno. Habla del incremento de la ayuda a los viejitos mediante el programa del adulto mayor, que en tiempos de pandemia alcanzó la “barbaridad” de 160 mil pesos mensuales para 1.800.000 personas vulnerables. En segundo lugar, propone promover un programa de ahorro para la vejez: “Por cada peso que una persona ahorre, el gobierno nacional coloca un 20% y nos preparamos para la vejez”, como si efectivamente los trabajadores que hoy viven del rebusque tuvieran capacidad de ahorrar para la vejez. En todo caso, según el ministro de trabajo, “estamos (el gobierno nacional) cambiando toda esa cultura de no ahorro a una cultura de prepárese para su vejez para efecto de recibir algún apoyo”. Toda una maravilla que no amerita ningún comentario o contrapregunta de la periodista. Mejor dicho, ahí quedan perfectamente retratados los dos.

Un comentario en “El drama de los ancianos abandonados

  1. Excelente reflexión la del sr. Editor. Verdaderamente da grima oír/ver cualquiera de los altavoces del sistema (Caracol, RCN, Semana …). Y creo que el sr. Zapata es muy generoso al tratar de Periodistas a quienes apenas fungen como presentadora(e)s. Con seguridad, ellos no saben del ejército de reserva laboral que el capitalismo ha manipulado a voluntad, el cual aumenta exponencialmente desde la irrupción del neoliberalismo, con millones de hombres y mujeres sin ninguna garantía laboral.

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