Sexto Festival Intercultural de Teatro «Contarla para vivir»

La individualidad se desvanece ante la solidaridad y sororidad colectiva que amplifican las memorias de los pueblos, desde la amalgama de las artes, reciprocidad, sentipensar y el tejido intercultural para hilvanar la paz de los territorios.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Fotos de: Facebook – Arlequín y los juglares

El Festival de Teatro Contarla para Vivir nace con 3 ejes transversales: la interculturalidad, la memoria y la construcción de paz, y varía cada año las temáticas. El Sexto festival, que se realizó del 10 al 17 octubre de 2021, le apostó a la defensa de la diversidad, los derechos, memorias individuales y colectivas, al autocuidado y autoprotección de las comunidades a través del arte. “El festival se expresa desde el reconocimiento que somos un solo pueblo, y que en ese pueblo, que es diverso, existe la posibilidad del arte como una herramienta para generar diálogos de saberes e interconexiones con los pueblos ancestrales, particularmente los pueblos afros e indígenas que habitan el territorio, Venimos gestionando para que en el próximo festival incursionen pueblos ancestrales de otros países”, cuenta Adriana Diosa integrante del grupo de teatro Arlequín y los Juglares.

Este año el festival resaltó la paz, por el cumplimento de los 5 años de la firma de los acuerdos, los cuales no ha sido cumplidos. Desde su firma han asesinado a muchas y muchos excombatientes. “Por estos sucesos le damos la importancia a no olvidar que somos un país que habla de una aparente paz, pero que nunca se ha cumplido. Y también porque vemos en el teatro una herramienta muy importante para fortalecer en las comunidades el tema de la paz, puesto que este tipo de apuestas por el arte y la cultura es una muy buena manera de hacer catarsis y de que los pueblos vayan sanando toda la violencia que han vivido”, dice Víctor Manuel Zuluaga, también integrante de Arlequín y los Juglares.

En este sentido, algunas obras evidenciaron la importancia de la memoria y su importancia en la paz e interculturalidad. Por ejemplo, el grupo de teatro M de Memoria, con la obra Manos a la obra: “Hicieron que recordáramos un poco de nuestra historia, porque muchas veces es olvidada. Nos permitieron poner la mirada en los muertos por la guerra y comprender la importancia de recordar esos momentos, de no olvidarlos y no dejar simplemente pasar las cosas”, complementa Viviana Sánchez, de Arlequín y los Juglares.

El festival se desarrolló bajo la modalidad mixta: virtual y presencial. Participaron grupos afrodescendientes, indígenas, mestizos, jóvenes, adultos, profesionales y aficionados; tuvo 13 funciones de puesta en escena en 5 municipios de Antioquia: Medellín, Bello, San Francisco, Titiribí y Santa Bárbara. Contó con la participación de 2 grupos de teatro nacionales, 1 internacional, 1 departamental, 4 locales. Se realizó, además del teatro, una rueda de prensa, un bunde de la memoria, un taller de perfomance y juglaría. Hubo también un recorrido por la exposición elaborada por los firmantes del acuerdo de paz en la Casa de la Cultura de Confiar y una caravana artística por la paz y el cuidado de la vida.

Esta caravana es una apuesta nueva del festival, desde la postura de un teatro social, político, ético y estético; se llevó una placa de conmemoración a 3 zonas consideradas lugares de autocuidado. La Primera zona fue la biblioteca comunitaria Teofanía, en el Barrio Bello Oriente; la segunda zona fue la sede de la Corporación Convivamos – Centro Comunitario Mario Montoya, en Manrique Guadalupe, y la tercera zona fue la sede del grupo de Teatro Arlequín y los Juglares, en Manrique. “Queríamos introducir en el festival el elemento del autocuidado que Arlequín y los Juglares viene trabajando hace años, ofreciéndoles a las comunidades el arte como una herramienta para el apoyo psicosocial, sanación, catarsis individual y colectiva en medio de la violencia”, explica Adriana Diosa.

Como en todo proceso, no faltaron los obstáculos en el camino, uno de los más relevantes se presentó en la funciónen Titiribí, que se iba realizar con el apoyo de la Alcaldía y por discusiones políticas internas decidieron, a ultima ahora, no apoyar. Esto no fue impedimento, pues la juntanza con la Corporación Tierra Nueva permitió llevar al grupo de teatro, con una obra de homenaje a las y los campesinos. Se tomó la decisión de no hacerla en el pueblo sino en la vereda los Micos, en un centro de educación comunitaria y popular, aumentando más la unión, sororidad y solidaridad.

Así mismo, el festival no tuvo algunos patrocinios que suele tener, y a pesar de ello se logró realizar con recursos propios de los organizadores, también con el apoyo del Ministerio de Cultura, la solidaridad de las y los voluntarios que estuvieron aportando su fuerza de trabajo al servicio del festival; con la alianza de la ACA (Asociación Campesina de Antioquia), Teatro Tespys, Pandora centro Agro Cultural, la Corporación Tierra Nueva, Tecoc Casa Teatro, Casa para el encuentro Eduardo Galeano, Tres Tigres Teatro, M de Memoria, Balam Quitzé Teatro, Arte Trashumante, Teatro indígena y semillero juvenil de Arlequín y los Juglares.

Cabe resaltar que los grupos de teatro no cobraron lo que vale una función, sino un aporte desde las posibilidades del festival; y aunque nunca habían cobrado la entrada a las funciones del festival, les tocó este año cobrar 10 mil pesos, con la sorpresa de que la comunidad se convirtió en patrocinador del festival y llenó la salas en su totalidad, incluso con sobrecupo en todas las funciones. Esto demuestra el poder de la juntanza y deja enseñanzas como la que menciona Viviana Sánchez: “Hay que continuar luchando la vida, viviéndola, gozándola, a pesar de las dificultades y de tantas cosas, y también, como nos enseña la obra Farsa la vida y la muerte: vencer la muerte para seguir adelante en la vida y sacarle provecho y disfrutarla cada segundito”.

El Sexto Festival Intercultural de Teatro Contarla para vivir demuestra cómo, desde el teatro político, crítico y ético por la dignidad, la memoria y la vida, se derrota la individualidad y se hace florecer la esperanza colectiva y la juntanza para seguir destejiendo y tejiendo con los territorios, comunidades, pueblos y lugares para hilvanar un mundo distinto.

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