La huella de los Alcázares

Por Carlos Arturo Restrepo

Imagen de referencia

Los Alcázares es un sector del barrio La Floresta de la ciudad de Medellín, en el extremo oriental, con zona rural la Pradera, donde vive la familia de Luis Fernando Builes, cuyos miembros han sido dinamizadores culturales del Club Juvenil y el Coco, lugar de niñez y juventud de Francisco Maturana, futbolista y técnico.

Estamos en los años setenta, cuando las pocas manzanas del sector son de viviendas de obreros de Fabricato, Indulana, Tejicondor, entre otros, además de una amplia área de cuatro bloques de viviendas unifamiliares de la Sociedad San Vicente de Paul, donde viven familias en condiciones de pobreza extrema. Estamos en la esquina de la Carrera 87 con la 49-A, lugar de encuentro de la muchachada que, en su mayoría, estudiamos bachillerato, aunque los más avanzados hacen sus primeros semestres universitarios.

Allí está la tienda de don Nemesio, donde hacemos los fiados y compras de mercado; diariamente, por cualquier razón, estamos un buen rato en la esquina, jugando ajedrez, y a veces hay hasta diez tableros tirados en las aceras, con espectadores. O jugando los partidos de futbolito, o haciendo tareas, o en espera de ver pasar a la conquista del momento.

Albertico, biblia en la historia del futbol, no falta ni mañana ni tarde. Con frecuencia viene nuestro interprete de Javier Solís a hacer gala de su vozarrón. En la esquina resolvemos tareas, esperamos las novias o pretendidas y ellas saben dónde encontrarnos, no hay temas vedados, es noticia Cuba, Nicaragua, Uruguay, China, Rusia, el surgimiento de movimientos armados de liberación nacional en Colombia y varios países de África y Latinoamérica, los curas de Golconda, la Teología de la Liberación, se habla de la conformación de la ANAPO, Alianza Nacional popular, impulsada por seguidores de Gustavo Rojas Pinilla.

Todos de familias muy piadosas, podríamos decir que la mayoría o somos acólitos o monaguillos o pasamos por allí, los basares o ceremonias de semana santa son ocasiones para conseguir novias y hacer maldades. La iglesia Santa Rosa de Lima es un referente de encuentro con jóvenes que viven un poco alejados de nuestra esquina, quienes trabajan la música popular de tambores y flautas, el teatro, y nos contagian su disfrute por el cine.

En la casa de la señora Fabiola Betancur, con otras personas de la Junta directiva del Centro Cívico de los Alcázares -figura que funciona como Junta de Acción Comunal-, nos encontramos unos diez jóvenes convocados para proyectarnos como dirigentes de la organización barrial.

Año 1965. Una vez recibido el Centro Cívico por los jóvenes, se define que todos los recursos serán destinados al desarrollo cultural y deportivo de la comunidad, que ningún dirigente recibe remuneración por su trabajo en la Junta directiva, que se creará una casa cultural abierta a toda la comunidad, las actividades se financiarán del alquiler del kiosco los Alcázares, de propiedad de la comunidad.

Los jóvenes ya tienen embriones organizativos para el microfútbol, ajedrez, validación de primaria, paseos de olla a la Iguaná, chocolatadas bailables; cada una de esas actividades tienen personas que las dinamizan. Surgen nuevas responsabilidades para la biblioteca, las actividades deportivas como pingpong y juegos de mesa, para traer conferencistas universitarios, programar foros, mesas redondas, paneles; el equipo de relaciones con otras organizaciones barriales y del periódico mural, de libre acceso. Somos una juventud partícipe de la vida del barrio y constructora de su futuro.

Son normales los grupos de estudio de economía política, de historia de Los inconformes de Ignacio Torres Giraldo, otros se convocan a estudiar las cinco tesis filosóficas de Mao, a leer el Granma, Punki, a estudiar a Marx, el Estado y la revolución de Lenin; la música de Violeta Parra, Ana y Jaime, Mercedes Sosa, los cielitos de los uruguayos, Silvio, Pablo. Bueno, los fines de semana las muchachas chicanean porque les llevaron serenata, no hay instrumentos, tampoco diferencia de voces, cada artista es libre de subir y bajar el tono y hacer la combinación de voces a su voluntad; equipo de ninguna naturaleza, se recibe aguardiente y solicitudes de los aspirantes a novias, el repertorio muy conocido:  la Gloria eres tú… Motivos, Amémonos, alguna de Roberto Ledezma.

Se puede decir que en los Alcázares no hay familia ajena a la casa cultural y sus actividades, las monjitas que viven en una de las casas de San Vicente participan en todo, igual que el párroco, padre Arbeláez, y su coadjutor, Orlando Zapata.

Tenemos comisiones solidarias, que convocan a trabajo social, atentas a las familias más necesitadas del sector y que al mismo tiempo se desplazan a acompañar a los tugurianos de la Iguaná, Fidel Castro, María Cano, Juan XXIII, Moscú… Con la JUFRAN, Juventud Franciscana de la Iglesia de San Benito, y jóvenes y personas mayores de otros barrios, con el padre Vicente Mejía y otros religiosos que coinciden con Camilo Torres y los curas de Golconda en que hay que buscar a Jesús en el prójimo, que vive en la injusticia social, no en el templo.

Conferencistas de diversas disciplinas, muchos de ellos fundadores de la Universidad Autónoma Latinoamericana, nos aportan gratuitamente sus conocimientos para toda la comunidad, pero igual nos invitan a las clases magistrales en salones del teatro Alameda de la calle Colombia, debajo de la carrera Cúcuta. Intercambios deportivos, culturales con otros procesos barriales como San Antonio de Prado, Bello, San Javier, Santa Lucia. La casa cultural del barrio los Alcázares es un referente donde la juventud da, recibe y proyecta su vida individual y en comunidad. Los responsables de la Validación de primaria avanzan a ofrecer la validación de bachillerato y se proyectan a la creación del CESDE, Centro de Estudios para el Trabajo y el Desarrollo humano.

Nos asignamos zonas por comisiones para convocar a los terceros juegos de los Alcázares y repartir el boletín de la casa cultural, donde resaltamos la participación de la comunidad en grupos de estudio, en las mesas redondas, conferencias y actividades académicas. Hoy, como los días de fines de semana, se siente la energía y entusiasmo de todo un barrio dando lo mejor por el bienestar de todos.

Pronto nos reencontramos en la casa cultural para analizar lo que es vox populi,

Trasladaron al párroco Arbeláez, cerraron la casa de las monjas y echaron al coadjutor, Orlando Zapata. El nuevo párroco dice que la casa cultural es un centro de formación de comunistas, rebeldes, ateos, camilistas amigos de Vicente Mejía y de curas revolucionarios. Acordamos continuar en el Club Juvenil y hacerle frente a los pulpitazos malsanos con más compromiso con el barrio. El estudio, el trabajo profesional nos dispersa a la gran mayoría; y aunque el tejido que habíamos construido en los Alcázares se diluyó un poco con la arremetida, la realidad social nos llevó a reencontrarnos y a entregar lo mejor de nosotros: como Orlando Zapata en su condición de defensor de los presos políticos, Luis Fernando Builes en su compromiso incondicional con los más humildes, Nelson Franco, Chucho Arboleda, Jorge Restrepo con su labor educativa, validación de primaria, bachillerato y luego en el CESDE. La inmensa mayoría de esta juventud lleva la huella indeleble de los Alcázares en sus realidades.

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