Por Ányela Heredia

Valentina, Yuliana, María Cecilia, María Alejandra, María Camila, Sofía y Mariangel son estudiantes, todas ellas comparten el hecho de haber nacido en el seno de familias trabajadoras y vienen en distintos departamentos. Es la primera vez que visitan el Museo Casa de la Memoria, un espacio que fue creado en 2006, con el objetivo de ser un espacio de diálogo y reflexión para promover la reconciliación y contribuir a la superación del conflicto y las múltiples formas de violencia en Medellín. Recorrer el museo de la mano de estas jovencitas nos recuerda la razón de ser de estos espacios y nos anima a persistir en la difícil labor de construir, recrear y dinamizar espacios para la memoria, en un contexto de conflicto armado que no termina y donde aún la verdad, la reconciliación y la reparación integral son un horizonte por alcanzar.
De la burbuja individual al encuentro con el rostro de los otros
“La visita al museo Casa de la Memoria fue una experiencia esclarecedora debido a que fue allí donde me percaté que siempre había ignorado lo que pasaba a mi alrededor, estaba muy encerrada en mi burbuja de privilegio y apatía frente a lo que ocurría a mi alrededor. Adentro me sentí perdida a medida que leía y comprendía lo que les había sucedido a otras familias, a otras personas de mi propio país. Ver cómo habían sufrido, lo que habían perdido, lo que habían tenido que dejar de lado y lo que intentan no olvidar. Allí entendí que la verdad no es universal, la verdad tiene muchas caras y no hay una sola forma de contarla. Sin embargo, aprendí que toda idea distinta se extingue, la apagan, la marchitan o le cortan las alas. Sobre todo, aquellas voces que abogan por los derechos, por defender la identidad, por pelear por nuestra tierra, por nuestra gente”. Mariangel (Valledupar, Cesar)
La memoria es como un rompecabezas
“La verdad no se encuentra completa en sí misma, el factor subjetivo que la rodea da cuenta de las historias incompletas que componen “Nuestra Historia” y que no existe ni existirá nunca una sola versión de los hechos. Medellín, memorias de violencia y resistencia es el primer lugar del museo que nos habla acerca de que no existe una sola verdad, de hecho, dice que la historia es un conjunto de relatos a varias voces que narran lo que sucedió en el territorio. Las múltiples fotografías repartidas por todo el salón nos ayudan a ilustrar las tragedias que atropellaron al país; el dolor que guarda cada una de las voces que dan testimonio y la sala llena de retratos de las personas afectadas por el conflicto, nos llevan a pensar qué pasaría si se tratase de alguna de nosotras”. Sofía y Valentina (Medellín)
Objetos que dan vida a las historias de las víctimas
“Una de las características que más me impactaron del museo fue su enfoque en las voces y experiencias de las personas afectadas por el conflicto; incluían fotografías, objetos personales, documentos y relatos que dan vida a sus historias ysus luchas por la verdad, la justicia y la reconciliación. Tomar consciencia de estos hechos de los que ya había escuchado, pero no reconocido lo suficiente me movió mucho emocionalmente. Percibir la violencia y el dolor de las víctimas y sus familias me llevó a entender que he vivido ajena a ese dolor y a reconocer mi falta de empatía y que no he puesto de mi parte para escuchar el dolor de la gente de mi país. En mi percepción, el Museo Casa de la Memoria es un lugar conmovedor que invita a los visitantes a reflexionar sobre la historia reciente de Colombia y a comprometerse con un futuro más incluyente y pacífico”. María Camila (Pitalito, Huila).
Emociones encontradas
“Me vi inmersa en un entramado de historias que, hasta ese momento, en parte por ignorancia, en parte por apatía, y en parte por desinformación, habían permanecido ajenas y distantes a mi realidad inmediata. Sin embargo, en ese instante, esas historias se volvieron vívidas y palpables. Cifras abrumadoras resonaron como un eco poderoso de la historia de nuestro país y la ciudad en la que ahora habito. Fue una experiencia que transformó mi percepción del pasado, conectándome de manera diferente y un poco más cercana con las vivencias y luchas de quienes vinieron antes que yo, de aquellos a los que les fue arrebatada la vida, la voz y con ella la oportunidad de contar su propia historia”. Yuliana (Cartagena, Bolívar)
Siempre miércoles a las 12
“Esta frase que leí antes de entrar me causó curiosidad, y siempre será así porque es imposible olvidar y borrar lo que está tan expuesto y marcado como una cicatriz. Siempre miércoles a las 12 nos recuerda la lucha de las madres de la Candelaria de Medellín, en busca de sus seres desaparecidos. Como esta, para mí fue impactante cada frase escrita y ver los rostros de la gente desaparecida que podrían ser los familiares de cualquiera de nosotras. En cada escrito está expuesta la experiencia de esas personas, su dolor y sus marcas, que deben ser recordadas, pero también llevadas con dignidad. Para mí esta visita fue tan fuerte como las cosas que me han pasado a mí y a mi familia cercana. Actos desgarradores e inhumanos de lo que les pasó a muchas mujeres durante esos tiempos de violencia me hacen destacar la valentía que poseen al narrar, con o sin miedo”. María Alejandra (Florencia, Caquetá)
El arte como puente hacia la memoria de un país complejo y diverso
“En el museo se hace evidente que la ciudad es un reflejo de la capacidad humana para adaptarse y resistir. La preservación de la diversidad cultural y social es esencial para mantener viva la memoria de quienes contribuyeron al desarrollo de la ciudad y para construir un futuro en el que todos puedan salir adelante y coexistir en armonía. En el museo la fotografía se muestra como un poderoso medio para dar testimonio de lo sucedido. Estas imágenes no solo captan momentos en el tiempo, sino que evoca emociones profundas, como el miedo y la solidaridad. A través de estas obras, se puede sentir la resistencia arraigada en el espíritu de una comunidad que experimentó un desplazamiento intraurbano devastador. La historia es una amalgama de experiencias marcadas por estas dos fuerzas antagónicas: el miedo que paraliza y la solidaridad que fortalece”. María Cecilia (Sahagún, Córdoba)
