Por Víctor Andrés Muñoz Marín
Estas palabras son producto del proceso de diplomado sobre Educación popular y pedagogías críticas de América Latina, impartido por la CLASO y la Universidad de Caldas en 2021. Reflexiones constituidas alrededor del proceso pedagógico y barrial de la Escuela Popular Víctor Jara en las periferias de Medellín.
“La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”
(Paulo Freire)

Pintura de Alfonso Ruiz Pajarito
Constituirse desde lo popular como educador y educadora implica un proceso de reconocimiento de prácticas, saberes y tradiciones propias de los territorios; es compartir experiencias, vivencias y subjetividades que permitan constituir relaciones de poder y lucha, encaminadas hacia la reivindicación de historias y memorias invisibilizadas y dominadas por narrativas hegemónicas desde hace más de 530 años.
Es comprometerse con la lucha de los pueblos en recuperar y recrear constantemente la memoria colectiva. Es crear vínculos para la resistencia y trabajar comunitariamente, a partir del reconocimiento mutuo de los sistemas de cosificación, para la liberación mancomunada, a partir de propuestas de acción política forjadas desde las bases comunitarias, como las prácticas de expresión intercultural y de rebeldía contracultural.
Comprendiendo que las prácticas contraculturales e interculturales permiten a la población adquirir autonomía de participación popular, que concientizan acerca de la importancia de la organización colectiva para dignificar la vida, utilizando como principio político el apoyo mutuo y la autogestión comunitaria.
De esta forma, la y el educador popular debe encaminar su práctica pedagógica en hilar la subjetividad, puesto que cada círculo social es cambiante por la diversidad de emociones, sentimientos, sensaciones, sabores, olores y situaciones que emergen en cada persona.
La educación constituida alrededor de lo popular logra enlazar saberes y prácticas ancestrales que habitan las comunidades indígenas, negras y campesinas con los movimientos de los sectores urbanos, como los feministas y contraculturales. Estas prácticas alrededor del diálogo intercultural desarrollan una praxis revolucionaria, reconociendo al territorio como un espacio de lucha y disputa contra los procesos de progreso, desarrollo neoliberal y toda forma de violencia.
Praxis que debe brindar estrategias y herramientas para leer la realidad, desnaturalizar la manipulación mediática, el discurso y accionar manipulador de los medios de comunicación y de los gobiernos tiranos, para esperanzar otros mundos posibles, con autonomía desde diferentes formas de pensar, leer e historiar la realidad, utilizando la educación desde lo popular, para desarrollar y potencializar capacidades y habilidades de quienes habitan el territorio.
Verbigracia, en el Valle de Aburrá -Antioquia-, se instalan diferentes discursos y prácticas ancestrales de los pueblos campesinos, indígenas y negros; también se asientan diferentes procesos políticos, tanto culturales como contraculturales, movimientos barriales, colectivas feministas, movimientos de madres comunitarias, población migrante de diferentes países del mundo y procesos artísticos que comparten un mismo territorio. Este ha sido un valle golpeado históricamente por la violencia y los extremos niveles de pobreza que deben padecer las comunidades en las periferias.
Ahora bien, si Freire propuso al oprimido como eje de transformación, el accionar de la educadora y el educador popular deben estar encaminados hacia la promoción de la conciencia de clase, para redescubrir la memoria colectiva y divulgar en los espacios de reivindicación política la educación como eje de verdad y transformación de las dinámicas que atentan contra la dignidad de los pueblos.
De esta forma, la educación alrededor de lo popular en las periferias debe ser una práctica constante, propendiendo por materializar la esperanza, desde el ejercicio pedagógico, visto como un acto político. Debe promover el respeto por los derechos humanos y gestionar el proceso intercultural, a través del tejido de saberes y prácticas de los pueblos silenciados desde el terror y la implementación de la miseria. En este proceso toma como punto de partida los relatos de cada persona para interpretar históricamente la realidad y proyectar un buen vivir, construido alrededor de los procesos pedagógicos barriales que interactúan entre sí y que proponen otras formas de cohesión social.
De esta manera, el educador y la educadora, que se constituyen alrededor de lo popular, adquieren un compromiso de lucha de clases, que desde las bases comunitarias y en los espacios de discusión política exponen un diálogo en torno a la organización autónoma, el discurso y la práctica como un acto político permanente, hacia una educación que sea radical y desnaturalice la moral conservadora que es excluyente, xenofóbica, transfóbica, homofóbica, aporofóbica. En Medellín, esta moral ha promovido el asesinato de personas inocentes, tal fue la campaña “Amor por Medellín”, un caso de limpieza social paramilitar en nexo con la institucionalidad municipal.
En este sentido, la educación alrededor de lo popular no puede ser neutral, debe trabajar por promover vínculos desde la palabra y la acción en círculos de poder que hagan reflexión del sentir, pensar y actuar. Como reflexionó Simón Rodríguez, “adquirir virtudes sociales significa moderar con el amor propio, en una conjugación inseparable de Sentir y Pensar, sobre el suelo moral de la máxima “Piensa en todos para que todos piensen en ti””, que persigue simultáneamente el beneficio de toda la sociedad y de cada individuo.
De esta manera, la educación nos obliga a preocuparnos por quienes no presentan las condiciones espirituales y materiales para gozar de la vida en sí misma. Pero ahora las relaciones de poder son tiranas, estas se deben revolucionar, dejar la quietud y el silencio, asumiendo el poder colectivo y la fragilidad de los pueblos.
Esto es trascendental para la apropiación de la historia sobre la marginalidad de los pueblos. Hoy es importante renovar el debate sobre las pedagogías populares y latinoamericanas desde un abordaje profundamente humano, que, desde la acción política, se oriente al compromiso activo con la educación y las comunidades vulneradas.
