Buscando la fiebre en las sábanas
Por Rubén Darío Zapata

Universidad de Antioquia, Foto de referencia.
Sabemos que las crisis económicas de las empresas, los Estados y la economía mundial siempre la pagan los trabajadores y la población más pobre. Pero la historia nos ha mostrado también que estas crisis son aprovechadas por los empresarios, políticos, y por la clase dirigente en general, para desmejorar las condiciones de sus trabajadores y eliminar sus conquistas anteriores. Eso parece corroborárnoslo hoy la crisis financiera que enfrenta la Universidad de Antioquia y las propuestas de los políticos y gobernadores para contrarrestarla.
A propósito de la crisis, el secretario de educación de Antioquia, Mauricio Alvear, ha sugerido recientemente, en un medio local, que esta se debe principalmente a los altos salarios de los profesores. Según él, la alta formación de los docentes y la estrategia de asignación de puntos salariales por la producción académica, están haciendo insostenible la nómina para la institución. A esto se suma el alto porcentaje de profesores de cátedra que, según el exrector, está desangrando a la Universidad. Aunque reconoce que el método establecido por la ley 30 para calcular el aumento de los recursos aportados por el Estado a las Instituciones Universitarias cada año los mantiene amarrados al IPC, mientras las universidades demandan cada vez más recursos para cumplir su misión y ampliar su cobertura. Sin embargo, no desarrolla ni una línea para analizar esta situación y proponer salidas.
Así, su propuesta consiste en reducir en un 50% el número de profesores de cátedra y cargar sus responsabilidades de docencia a los profesores vinculados. En la propuesta, está implícita la concepción de que el alto porcentaje de profesores de cátedra se debe a la pereza de los profesores vinculados, quienes se niegan a dar clase. De esta manera, ignora deliberadamente que los profesores de cátedra son la respuesta de la institución ante su incapacidad estructural para cubrir todas las actividades de docencia, investigación y extensión con profesores de planta.
Se trata precisamente de una estrategia para reducir costos que se ha convertido en la normalidad de las universidades: a los profesores de cátedra solo les pagan las horas de clase estipuladas en el contrato para cada semestre, que dura apenas 16 semanas. Lo que hace que un profesor de cátedra, si le va bien y tiene continuidad, labore solo 8 meses al año, con una totalidad de horas que, en la mayoría de los casos, ni siquiera alcanzan para un medio tiempo. De esta manera, el profesor de cátedra no solo tiene siempre en riesgo su subsistencia y la de su familia, sino que está cuatro meses al año desprotegido, sin EPS y sin cotizar para su pensión. Su salario, por lo demás, suele ser pírrico comparado con el de los profesores vinculados, aunque tenga formación de posgrado y amplia producción académica, pues estas no le dan a él puntos salariales. Y, aun así, el secretario se atreve a proponer como salida a la crisis la masacre laboral con los profesores de cátedra.
Este recorte de profesores de cátedra, que de hecho ya ha empezado a implementarse en varias unidades académicas, desconoce en lo esencial varios fallos del Consejo de Estado que conminan a las universidades a normalizar la situación de su planta docente, pues los contratos de cátedra, en tanto los profesores cumplen una labor misional, son ilegales e inconstitucionales. Por eso, la insistencia está en brindar las oportunidades para que dichos profesores puedan vincularse. Pero ahora la propuesta es que, en vez de vincularlos en mejores condiciones, se les niegue la oportunidad de trabajar y ganarse su sustento, aunque sea precariamente.
La propuesta tiene un efecto de carambola que es, posiblemente, el que más le interesa al secretario: desmejorar las condiciones de los profesores vinculados, quienes verán incrementada su carga laboral casi exclusivamente en docencia. Con ello, se resentirá no solo la calidad de la docencia por exceso de carga, sino que se frenarán ostensiblemente los avances de la Universidad en investigación y extensión. El siguiente paso del secretario de educación y de la gobernación de Antioquia, seguramente será presionar para que se revisen a la baja los salarios de los profesores vinculados y se eliminen los puntos salariales por producción académica, otro golpe a la calidad académica y a la divulgación.
Con esta propuesta, el secretario de educación y exrector deja claro el carácter demagógico de su discurso mientras estuvo en campaña a la rectoría. En una entrevista concedida a un medio universitario en 2009, le preguntaban cuál era su visión de la Universidad y su perspectiva como rector, a lo que respondió retóricamente que los retos futuros eran convertirse realmente en una universidad académica, humanista y moderna: “Por académica quiero decir una universidad con compromiso de todos los estamentos en preservarla, como una institución de conocimiento, de cultura, de crítica constructiva. Me parece que en ello fallamos un poco… Veo una universidad humanista en el sentido de que el ser humano es el centro de toda la discusión, al servicio del ser humano, con todo lo que esto implica desde la cultura, la ciencia, la tecnología”.
Sus propuestas para superar la crisis parecen avanzar en sentido contrario. Parece siempre alejado de la realidad de la Universidad, de sus objetivos de producir conocimiento que aporte a la solución de los problemas de la región y ayuden a la constitución de un ser humano integral. Sus intereses y los de su clase parecen estar siempre por encima. Por eso, cobran sentido las palabras dirigidas a Alvear por el profesor Juan Guillermo Gómez a raíz de sus propuestas:
“Usted es hijo de la Universidad de Antioquia, se debe a ella, ella le posibilitó estudiar el pregrado en economía, hacer la Maestría, fue distinguido con la Beca Colciencias- Fullbright y gracias a ella logró doctorarse en la Oklahoma State University. Fue profesor por décadas, fue decano, llegó a la máxima de sus distinciones como Rector entre el 2015 y 2018 y con este altísimo salario se jubiló. Hoy suma a esta jubilación la de ser Secretario de Despacho de la Gobernación, llegando a ingresos que, muy seguramente, superan por veinte o treinta veces lo que un/una profesor/ra de cátedra devenga, sin prestaciones ni garantías”.
Pero no debe perderse de vista que este no es un asunto personal que involucra solo los deseos y el acomodamiento de Mauricio Alvear. Ya el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, había expuesto la propuesta unos meses antes, casi como condición para desembolsarle a la Universidad los recursos que por obligación le competen. Y lo peor es que buena parte de la clase dirigente paisa lo respalda, porque su prioridad no es realmente salvar a la Universidad, sino aprovechar la crisis para desmejorar las condiciones de los trabajadores en general, como suele actuar siempre la clase capitalista en todo el mundo.
