Conocer al Jesús de los pobres y caminar con los pobres
Por Jhonny Zeta

Imagen tomada del blog.pucp.edu.pe
Las historias de quienes entregan su vida al trabajo comunitario son, ante todo, ejemplo de caminos cruzados por experiencias y aprendizajes, patrimonio de los procesos y luchas sociales.
El padre Federico Carrasquilla, o Fede, como lo llamaban sus vecinos y amigos, hizo parte de la generación de sacerdotes que, durante los años sesenta, encaminaron a la Iglesia católica a tomar partido por los pobres y humildes.
Estudió en Europa y se ordenó sacerdote en Roma, hizo un doctorado en filosofía en Bélgica y se interesó por las ideas de Carlos de Foucauld. Fue ayudante de carpintería y decía que la idea de Dios que más le gustaba era la del Jesús que vivió como los pobres. Acompañó al padre Vicente Mejía en Villa del Socorro, en la comuna Nororiental de Medellín, durante las invasiones y la construcción de la iglesia. Cinco años después, se fue a vivir al barrio Popular, donde construyó con la comunidad la parroquia de La Divina Providencia, recalcando que no llegaba a hacer obras sociales, sino a ser parte de la comunidad y sus procesos. Acompañó la construcción de ranchos, caminos y calles, disuadiendo a la policía cuando llegaban a tumbar tugurios. En ocasiones lo lograba, otras veces motivaba a la población a levantar de nuevo los ranchos y a volver a plantar la banderita de Colombia.
A continuación, se presentan tres testimonios de docentes que conocieron de cerca al padre Federico Carrasquilla.
Juan:
Escuché sobre el padre Federico cuando estaba haciendo un trabajo de investigación sobre historias de vida en los barrios Santo Domingo Sabio y Popular. Decían de él que era un cura tan dado a la gente, que le abrían las puertas de cualquier casa.
Nos recordaba que, desde los libros y las teorías, siempre veíamos al pobre como el que carece de, es decir, el que es carente de cosas materiales, y que eso propicia una escala o jerarquía de quien tiene y quien no tiene en términos de bienes materiales. Pero visto desde otra escala de valores, cabe la pregunta: ¿cuáles son las riquezas del pobre? Él ubicaba ahí la esencia del trabajo con las comunidades, fundamentado en la solidaridad, la vecindad y la ayuda mutua. Su proyecto de vida se centraba en ir edificando con las comunidades esas condiciones, para poder realizar un trabajo colaborativo. También decía que él no hacía nada, que él realmente dejaba que la gente hiciera, dejaba que las decisiones afloraran, considerando que el espacio comunitario tenía la sabiduría para tomar decisiones en favor de todos.
Su enfoque sociológico, frases y máximas tenían que ver con la fortaleza en el trabajo comunitario con los pobres. Acompañó y asesoró a los habitantes del barrio Popular en la negociación de los lotes que habían tomado, sugiriéndoles que negociaran con el dueño de las tierras las mejoras, reconociendo que las habían tomado por necesidad, pero que también les habían hecho mejoras.
Después surgió una campaña de desprestigio que tildaba al padre de comunista y marxista, impulsador de las luchas populares. El padre decía que el esfuerzo se daba manteniéndose, que más allá de tener un techo se debía buscar el bienestar común.
Federico no estaba de acuerdo con ninguna forma de violencia, y sí, en cambio, con los caminos del diálogo, con una lucha pacífica a través de la educación y la formación.
William:
Por sus capacidades, humildad y sencillez, el padre Federico era buscado por mucha gente, era un hombre planetario. Tenía muy buenas relaciones internacionales y a nivel latinoamericano hizo muchas capacitaciones y charlas. Después de acompañarnos durante una larga jornada en un congreso de teología política, le llevamos en carro hasta su casa; nos invitó a tomar aromática de jengibre, a pesar de su cansancio y de sus inhabilidades físicas. Tenía el sagrado sacramento del altar en una ollita de barro. A un arzobispo le explicó que vivía en un barrio humilde, en medio de gente con unas condiciones muy precarias: “la gente está en la olla, y Jesús debe vivir como vive la gente, para mí Jesús está en la olla”, le dijo al arzobispo. También tenía un corazón planetario para las relaciones humanas, recordaba con detalle a las personas, el nombre de uno y de sus familiares.
Entre los autores que más referenciaba el padre Federico estaban Paulo Freire, Marx y Sartre. Tenía muy claro que al pobre no hay que ayudarle con cosas, sino con la disposición total, con la capacidad de diligencia. Para él, la paz era producto de los derechos de los pobres, de los seres humanos. Es como entendía la verdadera justicia social.
Recuerdo que decía: Si Jesús fue pobre es porque algo de interesante debía tener la pobreza.
Marcia:
Yo estaba en una búsqueda de proyecto de vida desde la fe y el trabajo con la comunidad; conocí a Fede en los noventa, trabajando con la juventud obrera colombiana, asistía a las reuniones del Prado, hacía trabajo comunitario en el barrio El Popular.
Él no hablaba de enemigos, reconocía a la Iglesia institucional que lo perseguía, una Iglesia que no consideraba al pobre como una persona que peleara por sus derechos y su dignidad, por cubrir sus necesidades. A los curas rebeldes, la Iglesia institucional los sacaba de las comunidades y los mandaba lejos. Ellos no se rebelaban, en tanto tenían el voto de obediencia. Adonde llegaban, ayudaban a transformar las comunidades, trabajando por sus derechos básicos y su formación.
En cuestión de alimentación, Federico recibía lo que le daban las comunidades, él siempre vivió como pobre entre los pobres. El día de su sepelio una muchacha pronunció un discurso en el que decía que Fede no se había sentido solo en sus últimos días y que la comunidad tampoco se sentía sola, porque todas sus enseñanzas y aprendizajes los iban a seguir en el trabajo con la gente. Sus cenizas quedaron plantadas con un arbolito, entre su casa y el salón comunitario.
Siempre estaba al lado de los más necesitados, siempre teníamos el abrazo y la sonrisa de Fede.
Abono: “Nada más radical que la solidaridad y el amor”. Es una de las frases que se le atribuye al padre Federico Carrasquilla, fallecido a los 89 años, haciendo el camino de los pobres, con la terquedad necesaria que busca la luz y la claridad donde otros no las quieren ver.
