Por Aníbal Pineda Canabal

Ilustraciones: Tomas Vidal
Diez días duró la decimoctava Fiesta del Libro de Medellín, llevada a cabo en el Jardín Botánico. Tuvo lugar en septiembre y cerró con récords de venta (casi diez mil millones de pesos) y de asistencia (más de quinientas mil personas): noticias que después de todo alegran en una ciudad que, por lo general, lee poco. Siempre será un acierto un evento de esta naturaleza con entrada gratuita, multitud de actividades de todo tipo y la posibilidad de interactuar incluso con varios autores actuales. Sin embargo, no se puede desconocer que la Fiesta del Libro sigue siendo un evento burgués, más propio de las clases medias con poder adquisitivo que del pueblo trabajador, ausente casi siempre de la gran cultura.
Este carácter económico determina, tristemente, incluso la configuración geográfica del evento: es significativo que la Fiesta del Libro de Medellín dé la espalda a los sectores populares, dejando cerradas precisamente las puertas del Jardín Botánico que dan hacia el norte, hacia el barrio Moravia. Poderosa metáfora que el principal evento editorial de la ciudad solo deje habilitada (por seguridad, comodidad o la razón que sea) una entrada, que, de espaldas al barrio, mira hacia la carrera Carabobo, el Parque de los Deseos y el centro comercial Bosque Plaza. Lo que sí no faltó este año contra muchos habitantes de Moravia y otros barrios que viven del rebusque, fue la consuetudinaria persecución contra ellos, llevada a cabo por la administración municipal presidida por Federico Gutiérrez, por sus ventas ambulantes a la entrada del evento.
Por fortuna, la Fiesta del Libro no es el único evento en su género que tiene lugar cada año en la ciudad. Hacia junio, en Carlos E. Restrepo, tiene también lugar la Fiesta Popular Días del Libro, que da cita a los vendedores de libros antiguos y de segunda mano, tradicionalmente concentrados en el pasaje La Bastilla, en el centro, pero dispersos en muchos otros lugares del Valle de Aburrá, a veces incluso sin sede física y solo presentes en redes sociales. Para febrero de 2025 se anuncia ya la primera Feria internacional del libro Infantil y Juvenil que se realizará en Parques del Río. Nunca serán suficientes los eventos que promuevan la cultura y la democratización del conocimiento.
Pero, por fuera de estos eventos mainstream, desde hace diez años, un grupo de jóvenes de diferentes colectivos, organizaciones o proyectos editoriales alternativos de la ciudad organizan la Feria Anarquista del Libro y la Publicación, que este 2024 llega a la décima edición. Este año, dicho evento tendrá lugar los días 9 y 10 de noviembre en Bepop Bar (Cra. 55 #65-87), en el sector de la Curva de la UdeA. Libros, fanzines, pasquines, publicaciones y diversos productos de pequeños emprendimientos autogestionados se darán cita en dos jornadas que se anuncian intensas, con una programación que incluye talleres, música, comida, artesanías.
Cuenta Leo Margonis, de Literata Marginalis, uno de los organizadores, que de esta décima edición participarán editoriales libres de Bogotá, Popayán, Cali y Medellín. La edición de este año, que celebra la primera década de encuentros anuales ininterrumpidos en la ciudad, prueba suerte en una nueva locación (por varios años se realizó en el Centro Cultural La casa, sobre la calle Maracaibo entre Sucre y Junín, en el centro de Medellín) y actividades concentradas en dos días (en vez de tres).
2024 no es solo, para el anarquismo antioqueño, la ocasión de celebrar sus primeras diez ferias del libro en Medellín. Es también la ocasión de conmemorar el centenario de las ideas anarquistas en Colombia. 1924 es, en efecto, el año en que la historiografía sitúa la irrupción pública de las ideas anarquistas y de su mantenimiento a través del tiempo. Antes de 1924, solo vemos aparecer tímidos barruntos de pensamiento ácrata, que había llegado al país por influencia de los liberales radicales, quienes alcanzaron a difundir, ya desde el siglo XIX, aunque de manera muy parcial, las ideas del anarquista francés Pierre Joseph Proudhon.
También por breve tiempo apareció, bajo el liderazgo de Juan Fernando Moncaleano y Blanca de Moncaleano, el periódico El Ravachol, de influencias políticas diversas(Ravachol había sido una figura controvertida del anarquismo francés, convertido en ícono de la llamada propaganda por el hecho, deriva insurreccional del movimiento a finales del siglo XIX). En 1923, en Barranquilla, la Liga de Inquilinos también desarrolló, durante unos cuantos meses, acciones enmarcadas dentro del ideario anarquista. Pero es a partir de noviembre de 1924 cuando tenemos noticias del primer grupo anarcosindicalista constituido y duradero en el país.
Se trata de Antorcha Libertaria, un sindicato que federó a obreros de diferentes talleres e industrias de Bogotá, principalmente de la industria textil. La voz popular fue por varios años la tribuna a través de la cual difundieron sus ideas. Este periódico, que había empezado ya uno o dos años antes hasta suspender su tirada a mediados de 1924, tras tensiones entre liberales y libertarios, reapareció en noviembre de 1924, hace exactamente un siglo. Liderado por Antorcha Libertaria, con voz ya decididamente anarquista y anticapitalista, La voz popular irrumpió en la Colombia de entonces, gobernada hegemónicamente por los conservadores desde hacía alrededor de 30 años: “[V]uelve el verbo libertario a conmover con sus rugidos a los explotados, a penetrar en el cerebro obtuso […], a buscar en el oscuro antro de las miserias y los dolores las rebeldías”.
El anarquismo en Colombia surgió pues al amor de las intensas luchas obreras de los años veinte y se difundió de manera distinta en diferentes lugares de la geografía nacional: Barranquilla, Santa Marta, el gran Tolima, Barrancabermeja, Girardot, Montería, Cali, Medellín. Desde el principio, las publicaciones impresas, expresión de una fe en el poder de la palabra y del convencimiento, han acompasado la tradición que los compañeros de la Feria Anarquista del Libro y la Publicación quieren continuar: “libro es sinónimo de amor, cosas ambas que los pueblos deberían pedir como piden pan”, dice el video publicitario del evento.
Germinal, El Socialista, Vía Libre, Organización fueron nombres de las primeras publicaciones impresas que sirvieron de plataforma de difusión de las ideas ácratas en Colombia. En la reaccionaria Medellín, que también ha sabido escribir su nombre con letras doradas en la historia del movimiento obrero en Colombia, han florecido y florecen las semillas de la rebeldía en favor del mundo nuevo. Por estas diez ediciones, por estos cien y más años, por los que han sido y los que vienen y por los muchachos, muchachas, muchaches que siguen creyendo en la gran utopía de la amistad: salud, amor y anarquía.

Muy bien por esa Feria Anarquista del Libro. Sería interesante que esta se hiciera también en otras ciudades, como Cali, que se apresta a la Filcali 2024, la cual trata de ser popular, pero sigue marcada por el elevado costo de las publicaciones y la fuerte hegemonía de las editoriales tradicionales.
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