Por Carlos Gustavo Rengifo Arias
A Montekistan, fundada por Alejandra Cuadros y Milton Machado, lo había visto en varias ferias que llaman artesanales y suponía que era un emprendimiento más. Pero al acercarme a ellos me di cuenta de que son una empresa familiar, que, según sus fundadores, lleva 15 años trabajando por la regeneración de suelos en Colombia a través de la promoción de la agroecología; y hace 5 años decidieron, también, abrir una tienda virtual, donde se puedan comercializar productos locales de empresas de carácter familiar y comunitario.

Alejandra Cuadros y Milton Machado, Fundadores de Montekistan.
Agricultura orgánica, huertas comunitarias y buena alimentación.
Montekistán significa, – según Milton- “la esencia cultural del monte”, una expresión que refleja la manera en que se comporta la naturaleza y de la cual deberíamos aprender. Como lo explica él, “la naturaleza nos enseña que es el cooperativismo, que es trabajar en equipo, todas las especies trabajando por el ecosistema” y esta forma de ser es lo que refleja las apuestas de este emprendimiento familiar, en lo productivo, comercial, ambiental y social.
“Hay necesidad de mejorar la relación que tenemos con el medio ambiente, ya que nos sentimos fuera del ecosistémico planetario – señala Milton -. La gran lección que nos está dando la vida es que cada acción que hagamos, en cada lugar del planeta, repercute en el mismo planeta, entonces es cuando ya uno comienza a vivir en esta conciencia de que “somos uno” con el ecosistema planetario”.
En esa dirección, la agricultura orgánica es una apuesta central de resistencia de Montekistán frente a la agroindustria. Como lo señala Milton, “la agroindustria me da todo el alimento desmineralizado, nos están matando con sus venenos desde la Segunda Guerra Mundial; si nos vamos a la historia de los venenos que estamos usando en la agricultura, son los que se usaron en la guerra, nosotros lo venimos diciendo desde que nació esta propuesta hace 15 años”.
Dentro de sus estrategias está la pedagógica, a través de la promoción de grupos de estudio, “para dar a conocer información que no es un invento de unos cuantos “locos”; detrás de todo eso hay un conocimiento científico, para que la gente que quiera acercarse venga y resuelva sus dudas sobre el tema de la producción orgánica, porque todavía hay gente que cree que es imposible” – asegura Milton. En esta tarea han realizado, en alianza o apoyo a otras organizaciones, giras por varios departamentos, para promover la agroecología en las comunidades rurales y agrarias del país.
Una estrategia adicional es la de la asesoría técnica y la producción de insumos agroecológicos; de esta manera “nosotros montamos y asesoramos biofactorías o biofábricas, que, en otras palabras, es biotecnología para que la gente tenga acceso a una real producción, porque igual tenemos que ser competitivos con la agroindustria química; enseñamos a hacer abonos sólidos, líquidos o fertilización líquida, damos capacitaciones a grupos familiares y a colectivos, y también hacemos jornadas de salud en algunas empresas que nos invitan para que sus colaboradores aprendan de alimentación sana”. Esto último también es un ejercicio de resistencia contra la agroindustria que nos vende alimentos a bajo costo pero que no nos nutre, práctica que tiene como objetivo – según Milton – “dominar tu intestino para dominar tu pensamiento”.
Pero las anteriores estrategias no servirían de nada si finalmente la alimentación, fruto de la producción agroecológica, no llega a las personas a través de la solidaridad y el comercio justo, por ello Montekistán promueve huertas y ollas comunitarias. Como lo afirma Milton, “hay hambre en el área metropolitana de Medellín y en toda Antioquia, es decir, no estamos hablando de la Guajira, o del Chocó”. Un informe del DANE, del año pasado, que analizaba la inseguridad alimentaria moderada o grave por población, concluyó que en Antioquia 1’639.000 personas (23% de los habitantes del departamento) el año pasado padecieron hambre o tuvieron una reducción en la cantidad y calidad de alimentos consumidos.
En esa dirección, Montekistán asume un apoyo mensual o trimestral a organizaciones que realizan ollas comunitarias, procurando que el aporte sea 100% orgánico. Según Milton, “se opta porque toda la comida que se consuma sea orgánica, entonces hacemos toda la logística para traer verduras, procesos que conocemos que son reales, y llevamos comida orgánica a los barrios”. estás ollas comunitarias, que se realizan en conjunto con jóvenes universitarios, benefician a niños que no tienen acceso a comida en algunos barrios de Medellín.

Jornada de salud promovida por Montekistan
Promoción de la economía local y el comercio justo.
Adicional a la apuesta por la producción agroecológica y la asesoría técnica, está la de apoyar la economía local y el comercio justo. Por eso Montekistán comercializa, a través de su presencia en ferias y en su página web, productos sanos, artesanales y, en los casos que es posible, libres de agroquímicos, ya que reconocen que el acceso a estos productos es reducido para la población en general y es privilegio de unos pocos.
De acuerdo con Alejandra Cuadros, esto se debe al bloqueo, con el registro INVIMA, que sufre la producción y la comercialización de los productos orgánicos y artesanales transformados. “Digamos que, como tal, el trámite no es costoso, incluso ahora está gratis para emprendedores” -señala Aleja-. “El tema es la infraestructura que demanda ese registro, ya que hay que tener un local propio o alquilado, pero realmente ese requisito está muy por fuera de las posibilidades de la mayoría de la gente, debido a los costos”.
Según Aleja, otros aspectos que lo impiden “son las estrategias agresivas de comercialización y publicidad que usa la industria, con la cual es difícil competir; por otra parte, la gente no valora lo artesanal, pues por desinformación lo relacionan con mala calidad o con que se les va a cobrar mucho”. Esto último es muy importante, ya que, según Aleja, los consumidores no conocen la diferencia de los procesos y el costo de las materias primas de la producción orgánica y/o artesanal versus la industrial. “Por ejemplo – afirma Aleja –, no se puede comparar la producción de una crema dental que produzca Colgate, que puede sacar 10.000 unidades al día, en comparación a un emprendedor que produce orgánico (artesanal) y que lo realiza en su casa”.
El portafolio de productos orgánicos que comercializa Montekistan, según su página web, es muy amplio y consta de tres grandes categorías: Agrícolas, Alimentación sana y Cuidado personal (para mayor información ver www.montekistan.com). Y los criterios para apoyar la comercialización de estos son varios. Entre ellos, según Aleja, están que sean “productos nacionales, ecológicos, biodegradables, libres de adictivos, colorantes y conservantes artificiales, y que apunten a una alimentación sana”.
En lo que respecta al comercio justo, Aleja señala que otro de los principios de Montekistán es el trato que dan a los productores y proveedores locales con los que hacen alianzas. Según afirma, “tratamos, en un 90% de los casos, de pagar de manera inmediata el producto que ingresa a la tienda, porque nos hemos dado cuenta que es usual que un comercializador le pague a los 30 o a los 90 días a un proveedor que es pequeño, y eso no genera bienestar. No deseamos que el proveedor esté esperando un montón de tiempo para que le paguemos un pedido, sino que pueda contar rápido con ese recurso para que su empresa crezca rápido”. En esta linea, Montekistan tiene alianza con cerca de 25 proveedores, la mayoría de municipios de Antioquia, pero también del Cauca, de la Costa, el Tolima y el Putumayo y les han hecho pedidos México y España, pero aún no cuentan con la logística para enviarlos.
Milton resalta lo mal que, a veces, lo pasan los productores nacionales por cuenta de la globalización neoliberal y su política de libre cambio. Señala que “lo que hoy estamos perdiendo es la cultura misma, la cultura campesina, la cultura agraria, ya que esos enfoques globalizadores lo que hacen es que los pueblos nativos originarios pierdan su cultura, pues cuando un pueblo pierde su semilla, cuando pierde el hilo conductor del tejido social, es un pueblo muy manipulable, es decir, perdemos toda esa cosmogonía que se ha adquirido durante milenios y somos absorbidos por una cultura de consumismo global”. Y continúa señalando que, “entre más un país sea soberano, es lo mejor que podemos tener para construir una sociedad que sea capaz de proveer paz, salud y bienestar para sus habitantes, por eso apoyamos la producción y comercialización agroecológica local”.
Tanto Aleja como Milton coinciden, finalmente, en afirmar que, en el monte, en el bosque, está esa respuesta que hoy necesitamos: “escoger la memoria del bosque y traerla para que podamos tener acceso a ella y consumirla, entonces para nosotros Montekistán o la cultura del monte, es la esencia”.

Olla Comunitaria apoyada por Montekistan
