Cuentas en riesgo: Entre ciberataques y explotación sexual

Por Alejandro Roque

Ilustración: Nube Voladora

Desde hace varios años me dedico a la ciberseguridad, resolviendo problemas como la recuperación de contraseñas de redes sociales, ataques a redes Wi-Fi inseguras, cuentas comprometidas por phishing, recuperación de datos perdidos por malware y ayudando a las personas a gestionar situaciones cotidianas cuando exponen sus datos personales en sitios web no seguros.

Según datos recientes de Check Point Research, aunque es difícil obtener una cifra exacta, se estima que miles, e incluso millones de personas, pueden estar siendo hackeadas en todo momento. Cada segundo, a nivel mundial, ocurren aproximadamente 925 intentos de ataque a organizaciones importantes, afectando tanto a empresas como a individuos. Uno de los métodos más comunes de ataque, que afecta a millones de usuarios, es la suplantación de identidad. Este método consiste en hacer creer al sistema, mediante ataques de fuerza bruta, que el atacante es el propietario legítimo de las credenciales. Se calcula que el 70% de los incidentes de ciberseguridad reportados están relacionados con el phishing.

Cada segundo, miles de dispositivos se infectan con algún tipo de malware, creado por hackers que operan incluso desde sitios informales. Esto implica que, en cualquier momento, millones de dispositivos podrían estar comprometidos sin que sus propietarios lo sepan. Cualquier tipo de dato puede ser de interés para alguien en el mundo, desde un simple archivo PDF hasta fotografías íntimas con una pareja sentimental.

En Colombia se ha encontrado una solución más directa para acceder a cuentas bancarias y dispositivos móviles, sin necesidad de manipular datos o utilizar códigos complejos en algún sistema operativo extraños que faciliten el desarrollo de herramientas de ingeniería inversa. La escopolamina, también conocida como ‘burundanga’, es una sustancia química que se extrae de plantas del género Brugmansia y Datura, como el floripondio y el estramonio. Los efectos de la Escopolamina ocasionan una falta de control de las acciones y la voluntad, lo que puede hacer a la persona vulnerable a manipulaciones externas. Se usa de forma ilícita en algunos países para cometer robos, estafas e incluso abusos sexuales. Bajo sus efectos, las personas pueden perder la capacidad de tomar decisiones y recordar lo ocurrido, lo que hace, al igual que algún hacker en algún lugar del mundo, que sea difícil identificar al culpable.

Hace algunos días recibí un mensaje de audio en mi número de WhatsApp personal de mi jefe pidiéndome que le ayudara a un ciudadano estadounidense a recuperar sus correos personales y empresariales después de ser víctima de suplantación de identidad. Durante el proceso de recuperación, me contó lo que le sucedió en su visita a Colombia: Vine a Medellín después de que un amigo que vino hace algunos años me contara su experiencia. Usted me entiende, vine a pasar buenos momentos, a disfrutar lo que uno tanto trabaja y a conocer chicas. Primero conocí a una menor de edad, y no sucedió nada, lo que me llevó a generar confianza y salir con otras. Conocí a una mujer mayor de edad, salimos a comer algo, tomamos unas cuantas cervezas y luego no recuerdo nada. En los exámenes médicos que me han realizado en el hospital han encontrado benzodiacepinas; he perdido alrededor de 27.000 dólares

Luego de escuchar el audio del extranjero, me fue imposible no pensar en las múltiples noticias sobre el turismo sexual o en la última noticia de un hotel en el barrio El Poblado, donde un ciudadano estadounidense fue encontrado con dos niñas de 12 y 13 años. La prostitución en la zona afianza el criterio de los extranjeros para visitarla; los bares y las discotecas se hacen de la vista gorda frente a la gigantesca red de trata de personas. En Medellín, al igual que para el extranjero que perdió sus correos, esto se ha vuelto una situación natural. El estadounidense Timothy Alan Livingston fue hallado con niñas de 12 y 13 años, y una semana más tarde fue capturado Stefan Andrés Correa, otro estadounidense que había entrado a Colombia más de 40 veces con el objetivo de traficar y explotar sexualmente a menores de edad.

Según datos del Ministerio del Interior, mientras que en el mundo la principal causa de trata de personas es el trabajo forzado, en Colombia, del 2013 al 2020, el 62% de los casos estaban relacionados con la explotación sexual, con un marcado traslado de víctimas hacia el extranjero. Además, para el año 2023, un 82% de las personas afectadas fueron mujeres. Se suma que los casos de explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes siguen en aumento: la Fiscalía alerta que entre 2021 y 2022 ingresaron al sistema cerca de 8.131 procesos. La Red Abolicionista de Medellín informó que entre 2020 y 2022 se presentaron 736 víctimas de explotación, el 78% eran mujeres. Y tan solo se registraron 33 capturas.

En un país marcado por profundas desigualdades sociales, el debate sobre la naturaleza consensuada es complejo, afirma la Red Abolicionista de Medellín. Suponiendo que exista un verdadero consentimiento, debemos enfrentarnos a una discusión más amplia sobre cómo nuestra sociedad e instituciones presuponen que todas las mujeres involucradas en esta actividad la han elegido libremente. Los estadounidenses no ignoran las múltiples realidades socioeconómicas que pueden coaccionar la toma de decisiones. Además, persisten ciertos imaginarios culturales que normalizan y perpetúan la explotación sexual.

Nadie apuesta por la construcción de políticas públicas efectivas que marquen tendencias y particularidades de los contextos donde ocurre el delito. Las instituciones penales se han quedado en campañas simples y poco contundentes, como la entrega de volantes en los aeropuertos. La campaña del alcalde Federico Gutiérrez no es amplia y no cumple con las medidas necesarias para combatir la explotación sexual y proteger a las niñas, niños y jóvenes de la ciudad.

Después de recuperar las credenciales de sus correos empresariales y personales, el estadounidense me envió un último audio diciendo lo siguiente: “Me parece muy triste que uno no pueda ir a Colombia tranquilamente y que camine asustado, preocupado por alguna sustancia desconocida. Yo solo fui a conocer chicas, a gastar mis dólares y a pasarla bien, pero qué bueno que aún quedan personas buenas en ciudades como esa”.

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