Por José Agudelo

Imagen tomada de tuayudadigital.net
Quien recuerde haberse conectado al internet hace 20 años, no ignorará todo lo que implicaba a la vez que su sencillez. No había una línea exclusiva de internet en el alambrado público y para conectarse al mismo se debía hacer uso de la línea telefónica. Conectarse a la web para enviar un correo implicaba no tener disponible el teléfono fijo, muy importante en ese entonces, por un periodo limitado de tiempo. Una vez el equipo estaba conectado, un mar entero de sitios web estaba a disposición para navegar y conseguir información. A lo mejor conectarse a internet solo se hacía para atender el correo electrónico o para consultar algo que no apareciera en los recetarios o enciclopedias de la biblioteca de la casa. Algunos niños solo se conectaban para jugar uno que otro juego sencillo en un sitio web de varios minijuegos, y los adolescentes acaparaban la conexión de la línea telefónica para descargar música y no para atender una extensa llamada con sus amistades.
Sin lugar a dudas, el internet era un espacio para navegar entre distintos sitios que facilitaban el acceso a contenidos, generales o de cualquier nicho, o para incursionar en nuevas formas de comunicación. En su momento la tecnofobia pregonaba que el internet distanciaba a las personas, pero quienes tuvimos la experiencia de esa web 1.0 sabemos que era una completa mentira. Si alguien tenía una duda, lo más seguro es que en algún foro alguien hubiera dado respuesta a la misma, o, si no, se podía aventurar a participar en el foro más idóneo para poder buscar respuestas. Los foros y los blogs fueron el primer intento de lo que hoy se pretende llamar web social. En los primeros la gente se reunía en un hilo para aclarar dudas, preguntar opiniones o comentar sucesos del mundo a tiempo real. Era una especie de plaza pública con diversos segmentos donde no había problema de expresarse respecto a un tema. Y los blogs eran el lugar personal de cada quien para poder extenderse sobre sus perspectivas y organizar los pensamientos. La web 1.0 era de los mayores espacios de socialización en su momento. Los comentarios de sitios de video o de fotografía eran espacios de humor compartido y de crítica constructiva, y no el vertedero de lamentaciones e insultos como lo son hoy.
No se puede negar que esa web que a muchos nos tocó era un privilegio, no solo por los costos de tener conexión a internet o tan siquiera un computador personal en el hogar, inclusive si el café internet de la cuadra estaba cerca y tuviera buen precio, era difícil sacar un espacio para navegar en la web en medio de los ritmos de trabajo del momento. Estos últimos, precisamente, serían el espacio donde se fomentaría una nueva web. El smartphone, dispositivo que hoy posee la gran mayoría de la población, fue implementado a inicios de siglo en los ambientes laborales. Su propósito era remplazar tecnologías como el beeper y facilitar la comunicación por internet a los jefes y trabajadores de la empresa, como una forma de asegurar que no hubiera excusas para reducir el rendimiento laboral. De hecho, los teléfonos eran inteligentes no porque guardaran contenido multimedia, pues al mismo tiempo había dispositivos digitales que cumplían esa función, sino por las notificaciones a tiempo real de las comunicaciones en línea como chats o correos electrónicos.
De este modo se empezó a perfilar otro modelo de web, que es la que conocemos hoy en día. Con el surgimiento de las redes sociales se predicaba que era fácil encontrar a cualquier persona y mantener contacto con ella en ese sitio web, o de brindar formas de socialización más “fáciles” que montar un blog o participar de un foro. Además de que todas estas redes empezaron con sistemas de notificaciones a tiempo real sobre las interacciones en línea de los contactos agregados. Esta es la web 2.0, la web de las redes sociales, de las interacciones inmediatas y donde muchos vieron una mina de oro. Respecto a esto último, vale la pena destacar un inciso: con la web 1.0 el dinero se rentabilizaba con la compra de dominios de sitios web y muy poco en la publicidad o en el muy poco desarrollado comercio electrónico de entonces.
Un dominio es el .com del sitio web y dependiendo del mismo cuesta una cuota anual mantenerlo, por lo que muchas personas a inicios de siglo compraban dominios como si de un pasatiempo se tratase para especular con el mismo. Si alguien tenía el .com de un personaje de una franquicia, buscaba venderlo a esa franquicia por una suma elevada. Esta especulación, simulacro de la inmobiliaria, llevó a una burbuja financiera a mediados de la primera década del siglo. En la web 2.0, en cambio, el dinero se invierte en la publicidad y en la venta, y por eso el capitalismo de vigilancia dedica todos sus esfuerzos a que las plataformas sean adictivas con sus notificaciones y algoritmos (propios de este estadio de la web) para que las ventas aumenten por el consumo o de anuncios o de publicidades pagadas a “influencers”.
Con el paso del blogger al influencer, pasamos de la expresión y la socialización, al consumo pasivo y al individualismo oxidante. Cada quien está hoy más distanciado de otros en las redes sociales; de hecho, las mismas redes sociales están distanciadas del resto de sitios web. Hoy el usuario promedio no pasa de los tres sitios web recurrentes y ya no navega en los mares de sitios web que hay en línea. La crisis es clara, el espionaje masivo, la depresión, las estafas y sectas, y los discursos de odio son el rasgo característico de la web 2.0.
Pero actualmente se plantean alternativas: Hacer que las redes sociales se descentralicen. Hay protocolos que permiten que redes sociales, hoy minoritarias, interactúen entre sí sin que el usuario tenga cuenta activa en cada una de ellas, sin algoritmos o publicidad. Tienen la ventaja en la moderación de contenidos, necesaria por la expansión del acceso en línea de la última década. Pero su uso permite entrever la mentira que es la idea de red social de la web 2.0., como que una red social es aburrida sin sus algoritmos y que estas redes descentralizadas servirán para una vista ocasional o un comentario puntual y no para engancharse. Las redes sociales no son los espacios de socialización de internet, toda la web lo es. A lo mejor, un internet más provechoso socialmente sea uno que evada las dinámicas depredadoras de start ups californianas. Un internet similar a la web 1.0.
Si quieres tu espacio, aprende diseño web básico. En dos semanas se puede aprender en HTML y CSS lo necesario y en la práctica habrá una formación para lograr una mejor comunicación personalizada. Retomar el blog como espacio de expresión y no como herramienta de marketing es importante ante el panorama actual. El internet está abierto a varios futuros, pero dependerá de si los usuarios deciden navegarlo por acción propia o dejan que empresas lo usen como granja de publicidad.
