Haz un ejercicio de imaginación

Por Álvaro Lopera

Casa destruida por Israel en Cisjordania. Imagen tomada de Intifada electrónica

Mientras cierras los ojos y escuchas este relato…Piensa que tú y tu numerosa familia están secuestrados en tu vetusta casa grande por el dueño de la propiedad que los acusa de haber evitado el pago de la mensualidad y de haberlo agredido en un acto de defensa cuando sus subalternos pretendieron expulsarte por el no pago del arriendo y por gritar y cantar demasiado, pues te había exigido hace mucho tiempo no hacerlo. En esa casa habitada por niños, mujeres y ancianos (tu vieja familia) porque a él le parecía que ello era antiestético en el lujoso barrio que había construido al pie de tu casa.

Muy juicioso con sus derechos de propiedad, desde los inicios del conflicto hizo lobby permanentemente en la alcaldía de la ciudad para pedir ayuda, pues supuestamente estaba teniendo problemas económicos por personas como tú y tu familia que, por ser tan pobres, no pagaban el arriendo y que, si bien te había cortado el agua y la luz, no querías hacer el pago y tampoco irte de allí. Tú aducías que esa casa era de ustedes; que el abuelo se la había endosado al ahora dueño de ella porque, supuestamente, había perdido una apuesta de fútbol que nunca nadie escuchó, sino solo el actual propietario y unos supuestos testigos, cosa que fue avalada tras muchos años de litigios por la Corte Suprema de Justicia. Es importante saber que quien le arrebató la casa al abuelo es un viejo comerciante de la región, mujeriego y libertino que desde siempre cargaba con la fama de ser un malandrín.

La casa terminó en manos de este señor que la familia escasamente conocía y que nunca supo la verdad porque el abuelo, a los pocos días de haberla “entregado”, había muerto en extrañas circunstancias. Se dice que le dio un infarto fulminante, y puede ser, pues se le vio muy vulnerable y triste después de la presumida pérdida de la apuesta. Ustedes siguieron viviendo ahí, como lo había hecho tu vieja familia los últimos 100 años, solo que ahora no tenían la escritura que atestiguara que la propiedad era de ustedes. Lo cierto es que tu familia entró en desgracia porque desde hora y punto que el abuelo falleció, fue obligada a pagar un costoso arriendo al nuevo dueño. Aun así, ustedes se resistían a marcharse, pues consideraban que todo fue un fraude.

Pero allí no terminó todo. El abuelo también perdió el solar de la casa que era un terruño grande de casi 50 veces el área de ella, el mismo que tuvo que cederlo debido a dicha apuesta de la cual no quedó documento probatorio alguno. Todo fue verbal, todo fueron palabras, mitos, que fácilmente el viento pudo arrastrar, pero no, la Justicia las respaldaba con fuerza de ley. Lo cierto es que el nuevo dueño que había llegado de ninguna parte y que tu familia conocía de oídas, desde la muerte de tu abuelo exigía un ceremonial de pagos que no estabas dispuesto a seguir aceptando y menos con los bajos ingresos de tu familia.

Al dueño salido de la nada lo llamaban “El pájaro” porque era un comerciante madrugador que volaba diariamente con noticias falsas y amenazas de todos los colores para quienes hacían negocios con él y no se acomodaban a sus propósitos y designios. Aplicaba su justicia aquí y allá y con los ricachones tenía una gran relación. Su riqueza creció y creció y construyó edificios muy lujosos al pie de la casa grande; centros comerciales, casinos, las infaltables iglesias, menos la tuya; la escuela donde estudiarían los hijos de todos aquellos que vendrían a vivir junto a ustedes…y ustedes, con su grande pero humilde casa, con sus necesidades en bandolera, aferrados a ella, empezaron a ser mirados con malos ojos por los nuevos y extraños vecinos.

El tiempo pasó; los días, los meses como hojas de calendario caían al suelo del olvido; tu casa se abatía a jirones y así, ustedes, sin poder pagar las enormes deudas que ascendían a cifras millonarias, y sin poder invertir para mejorar la vivienda, aceptaron firmar un acuerdo para ponerse al día. El agua y la energía llegaban intermitentemente. Famélicos, persistían con la idea de no salir de la casa, pero no lograban el pecunio para ponerse al día, hasta que…el propietario decidió hacer su último movimiento: se les metió con unos matones respaldados por la policía que, con hachas y machetes en mano, intentaron expulsarlos de la propiedad, de tu casa, la vieja casa de los abuelos. Ustedes se habían preparado para ese día, y si bien habían decidido que no querían hacerle daño alguno a quien invadiera la casa, cuando tuvieron que defender su territorio, como ustedes llamaban a la casa grande, mataron a tres de los agresores.

Ya para entonces “el pájaro” era el alcalde. Llamó a la prensa y por la televisión azuzó a toda la gente de bien que desde hace mucho tiempo miraban a tu familia con ojos de fuego, y te acusó de haberlo atacado a mansalva y de ser un forajido peligroso. Y reclamó el derecho de defensa… Tú te habías parapetado con las camas, hasta subterráneos habías construido en esa gran casa que conocías como la palma de tu mano, y claro, empezaste a tener problemas muy humanos: bajo el fuego cruzado murieron tus hijos, tus sobrinos, todos, pero no diste el brazo a torcer.

La prensa te calificó de bandolero, asesino, delincuente responsable de haber matado a personas inocentes que solo habían entrado a tu casa a convencerte de que pagaras o te fueras, pero tú no solo te rebelaste, sino que los mataste a sangre fría en un acto vil que lo llamaron terrorista. Y te convertiste, de la noche a la mañana, en el peor bandido de la ciudad, y por ello le dieron el respaldo al pájaro en su acción de autodefensa. La policía, empleando una fuerza letal desproporcionada, te disparó con las mejores armas, probaron en tu humanidad su mejor artillería y hasta emplearon la última tecnología dizque para matarte sólo a ti, el terrorista.

En la prensa aparecieron fotos de una casa incendiada, derrumbada y en el trasfondo calcinados tu cadáver y el de tu familia, y en todas está “El pájaro” brindando por la recuperación de su propiedad. El orden había retornado. En la portada del periódico más prestante del pueblo, se podía leer: “Se hizo justicia, el crimen no paga: Nuestra insigne ciudad recuperó la propiedad robada al alcalde.”

Amiga, amigo: cuando el narrador llegue a esta parte del relato abres los ojos, sin abrirlos, pues estás muerto y verás al frente una estela roja y gris. Sepultado por los escombros de tu casa, sientes que te encuentras en el territorio palestino que desde hace muchos siglos llaman Gaza y que está siendo defendido por su gente, como tú defendiste tu casa hasta la hambruna y la muerte, abrigado con solo algunas manos amigas y solidarias que te lloran y quieren enterrar tu cadáver y el de tu familia, y recordar tu resistente y persistente historia.

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