A siete años de la prohibición total del uso de mercurio en la minería en Colombia, este metal pesado se sigue usando para la extracción de oro. El Cuarto Mosquetero y CONNECTAS visitaron el departamento amazónico donde este veneno invasivo, latente y silencioso hace parte de la cotidianidad del territorio.

Fotos. Camilo Rey
Por Lina Cubillos Ramírez y Simón Zapata Alzate
Elizabeth Moncada tiene el intestino irritable y su estómago se le inflama. “Cada vez se reduce más la posibilidad de comer y cada vez son más cuidados”, expresa. Redujo la sal, luego llegó la intolerancia a la lactosa y al almidón de papa, sufrió gastropatía eritematosa y le restringieron los granos, las semillas, el azúcar, los carbohidratos y los jugos. Su vista se ha deteriorado, al igual que su memoria.
Una de las explicaciones a tantos problemas de salud es que presenta niveles de mercurio en su cuerpo superiores a los estipulados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como seguros para el ser humano. Ella hizo parte de un estudio de la Secretaría de Salud del Departamento de Guainía en 2019, pero sólo hasta 2022 le revelaron los resultados. “Duraron tres años para decirme que estaba envenenada”, exclama Elizabeth. Nacida en Bogotá, lleva 35 años en Inírida, capital de Guainía.
Los resultados de la prueba que le hicieron son contundentes: sus niveles de intoxicación superan entre cuatro y seis veces los de la OMS: 64.1 microgramos por litro en sangre (el máximo recomendado es 10 ug/L) y 8.9 microgramos por gramos en cabello (2 ug/G es el límite). El laboratorio apuntó que la concentración de mercurio “puede aparecer elevada debido al consumo de ciertos alimentos, como el pescado”.
Cuando le informaron este resultado en 2022, Elizabeth viajó a Bogotá para realizarse nuevas pruebas que dieran respuestas actualizadas. Pero, además de confirmar el diagnóstico, el nuevo análisis mostró un aumento significativo en sangre: 111.38 ug/L. “Los dupliqué porque no me dijeron que el pescado estaba envenenado. Ahí fue que empezó toda mi indignación”, explica.
Elizabeth no es la única habitante de Guainía que vive con mercurio enfermando su cuerpo. En este territorio amazónico se encuentra la estrella fluvial de Inírida, donde se entrelazan tres afluentes del país que, junto con el río Ventuari en Venezuela, dan forma al gran río Orinoco, el tercero más grande del planeta. Y en los cerros de Mavicure, una de las montañas más antiguas de Latinoamérica, persiste la minería tradicional de oro, que representa casi la única alternativa económica. La Defensoría del Pueblo alertó en un informe de 2024 que más de 5,000 personas que dependen de los ríos Inírida, Guainía y Atabapo para consumo y pesca se ven perjudicadas por la contaminación con mercurio.
El Cuarto Mosquetero y CONNECTAS viajaron al territorio y comprobaron que los mineros tradicionales siguen manipulando el mercurio sin ningún tipo de control por parte del Estado, pese a que está prohibido por ley. Y que no solo a ellos los afecta, sino también a muchas personas que -como Walter Lenis- nunca trabajaron en minería.
Este habitante de Inírida sufre síntomas como calores en las piernas, los pies, los hombros, la garganta y la cabeza. “Yo sentía como si por los oídos estuviera saliendo una especie de humo”, cuenta. Recuerda que los padecimientos empezaron en 2023 y que su médico internista le diagnosticó neuropatía, basándose en los resultados de exámenes que le revelaron que tenía 87 ug/L de mercurio en sangre. Superaba casi nueve veces el valor máximo recomendado.
Lenis dejó de consumir pescado y actualmente toma tres medicamentos que le brinda el Estado, los cuales le mantienen controlado su estado de salud. Un toxicólogo en la ciudad de Cali le indicó que su afectación se debía a la inhalación del aire, el uso del agua y la alimentación en Guainía. A sus 72 años, Lenis se encuentra con el dilema de vender su casa y desplazarse, o quedarse y seguir exponiendo su salud ante el mercurio: “Esta situación me obliga a tomar la decisión de salir, porque finalmente tengo que priorizar mi vida”.
La minería aurífera y el mercurio

En Colombia, a partir del 2018 quedó prohibido el uso del mercurio en la minería por medio de la Ley 1658 de 2013. Pero en zonas como Guainía, donde los ríos funcionan como vías de transporte y las comunidades viven de lo que les brindan, su uso está vigente. En este departamento viven más de 56.000 personas y la minería aurífera se practica principalmente en los ríos Atabapo, Guainía e Inírida.
El Cuarto Mosquetero y CONNECTAS visitaron la comunidad indígena de Chorro Bocón, en el Resguardo Remanso – Chorro Bocón, tras un viaje de seis horas por el río Inírida, en donde se observaron cuatro dragas en actividad minera. En esta comunidad de 754 personas, más de 400 se dedican directamente a la minería.
Un habitante de la comunidad, propietario de una balsa minera, reconoció que utiliza mercurio, (conocido como “azogue” por ellos), para extraer el oro del sedimento. Aseguró que lo manejan adecuadamente: “Eso no está regado por el aire y no estamos azogando en el río”.
El geólogo guainiano Zezé Amaya explica que este proceso de «azogar» es común en la minería tradicional de la región, puesto que las partículas de oro son muy finas y difíciles de separar. Por ello se vierte el mercurio sobre el sedimento para formar una amalgama que, al fundirse, libera el metal pesado en forma de vapor, quedando únicamente el oro. Ángela Rivera, profesional en química, agrega que el mercurio, al entrar en contacto con el aire, puede viajar a 100 metros a la redonda: “Es un factor de riesgo que no es ni medido, ni controlado, ni monitoreado por nadie”.
El Estado prohibió su uso, pero no lo controla. La autoridad ambiental autónoma en este territorio y en los departamentos de Vaupés y Guaviare es la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico (CDA), y su secretario general, Oscar Arnulfo Lozano, respondió que “la falta de garantías a la seguridad de los funcionarios y contratistas, así como la dificultad para acceder a las zonas de minería ilegal, obstaculiza la labor de inspección y control del mercurio”.
Según el capitán Camelo, “los que trabajan en salud” han advertido sobre los riesgos del uso de mercurio; sin embargo, sostiene que no ha visto “a ninguna persona que sufra” por contaminación con el metal. Ahora bien, el estudio realizado por la Gobernación de Guainía en 2019 (el último que se ha hecho por esta entidad) tomó muestras de sangre en 116 mineros, de los cuales 100 superaban el límite.
Camelo reconoce que las medidas tomadas por las autoridades hacen parte de cuidar el ambiente, sin embargo, manifiesta que la dedicación a la minería “es porque las necesidades nos obligan”, además de que “hay familias que están interesadas en enviar a sus hijos a la universidad». En la misma línea, los mineros entrevistados dijeron sentir persecución por parte de las autoridades locales y nacionales, aun cuando las garantías para el no uso del mercurio o la reconversión laboral no han sido efectivas.
“Nunca nos imaginamos que era mercurio”
Leslie Sierra se radicó en este departamento en 2013. A nueve años de su llegada, empezó a sentir tembladera, pérdida de memoria, visión borrosa, diarrea, dolores en el estómago, espalda y articulaciones, inflamación en los pies y constantes cambios de humor. “Yo no dormía, pasaba en blanco. “Todas las noches oraba y creí que me iba a morir”, comenta. Además, permanecía acostada debido a los mareos y esto le impidió seguir en su trabajo, por lo que tuvo que renunciar y su esposo hacerse cargo de la economía y los cuidados del hogar. Los resultados del estudio que se hizo en 2022 registraron 47.75 ug/l en sangre, casi cinco veces más del límite. Ella lo atribuye a que “consumía mucho pescado de cuero”, como el bagre y el valentón.
El resultado de la Secretaría de Salud departamental arrojó que 59 de las 125 especies de peces de los ríos Inírida, Guainía y Atabapo tenían presencia de mercurio por encima de lo permitido por la OMS, que es 0,5 ug/g. Entre ellos, el bagre rayado, el pavón y el valentón. Según Gina Paola García, Secretaria de Salud Municipal de Inírida, existe un protocolo especial para las personas afectadas por mercurio, pero en el caso de Elizabeth Moncada, al acudir a su Entidad Prestadora de Salud para activarla, “nadie sabía nada”, comenta.
Lo mismo que Wilson Ladino, un comerciante de la región, que desayunaba sagradamente pescado todos los días en un restaurante del centro de Inírida. Él llegó a Guainía hace 43 años siendo un niño. Mientras recarga sus brazos sobre sus rodillas, recuerda tirarse al piso por dolores intestinales y de las articulaciones. Cualquier alimento que consumía lo irritaba, le generaba diarrea y una evidente baja de peso: “Creía que era un cáncer, creíamos cantidad de cosas, pero nunca nos imaginamos que era mercurio”, se lamenta.
Desde que recibió los resultados de los primeros exámenes que arrojaron intoxicación por mercurio, Wilson trató su salud sin acudir al Estado. Esto le generó un gasto de mucho dinero, además de no poder laborar en este tiempo.
Ocho años después, Wilson afirma que su vida no volvió a ser igual; la sensibilidad estomacal está presente, por lo que hay alimentos que no puede volver a consumir. Hace énfasis en que lo más difícil es no poder comer pescado de la región (sobre todo el moqueado, preparación típica de la Amazonía), debido a los niveles de mercurio hallados en las especies acuáticas.
La subdirectora de Salud Ambiental del Ministerio de Salud, Leidy Johana Morales, respondió que el Instituto Nacional de Salud (INS) de Colombia registra solo cuatro casos de intoxicación asociados a la exposición a mercurio entre 2007 y 2023 en Guainía. Reconoce que este número de casos puede no concordar con la realidad “debido a la falta de reportes o diagnósticos precisos en zonas remotas”.
Mientras tanto, “la falta de regulación en la gestión y disposición final del mercurio, a más de 11 años de la Ley 1658, subraya la urgencia de continuar trabajando en un abordaje integral de las acciones que se adelantan en esta materia”, dice un informe de Pure Earth, ONG dedicada a la salud ambiental. Los testimonios de Elizabeth, Walter y Leslie coinciden en que el consumo de pescado es la fuente principal de la contaminación, sin que ninguna autoridad les haya advertido de esto. Hoy, se preguntan por qué no se han tomado acciones concretas para mitigar las afectaciones ya presentadas en Guainía.
Encuentre la investigación completa en elcuartomosquetero.com o en connectas.org

