Por Jhonny Estrada

Foto: Johnny Estrada
Esa noche del cinco de mayo había llovido demasiado. En algunas partes de la calle había acumulaciones de arena, en otras el fango cubría el asfalto, la lluvia había removido toda la vieja basura, y el tráfico estaba más agitado que siempre. En la mañana, el silencio se mezclaba con el gris de las espesas nubes y la gente empezaba tímidamente a contar lo que había pasado: la quebrada se había subido, arrasando con todo. En la vereda el Manzanillo, la quebrada se llevó a una señora y a su hijo y los bomberos los estaban buscando.
Minutos más tarde, el cuerpo de la mujer fue encontrado en el hoyo 13 del campo de golf en el club el Rodeo. La quebrada, que a esa altura tiene el nombre de Guayabala, la había arrastrado hasta allí. El cuerpo del niño fue encontrado en el río Porce días después. Julieth Arboleda López, la madre de 37 años, y su hijo José Miguel, de 13 años, estaban dormidos cuando el agua irrumpió en su casa ferozmente.
Según Esteban, habitante del sector, una de las causas de la tragedia fue un derrumbe que ocurrió más arriba, en la vereda Potreritos, y provocó el crecimiento de la quebrada; otra fue que el en puente sobre la quebrada, justo antes de la casa de la señora y su hijo, se acumularon piedras y basura, ocasionando un crecimiento mayor con fuerza suficiente para derribar muros.
“Me acosté el lunes, todo estaba tranquilo –cuenta Esteba-, y tipo 2 de la mañana comenzó a llover muy fuerte. Mi pareja me levantó preocupada porque sus padres viven muy cerca de la quebrada. Yo no le paré muchas bolas porque tenía que madrugar y dormí otro rato; cuando me levanté no había agua, entonces me bañé con la que habíamos recogido, me vestí y salí. Cuando iba bajando, encontré que en las vías principales había mucho pantano, era imposible pasar, incluso la moto ahí se me cayó. Hay tres salidas del Manzanillo y las tres estaban totalmente tapadas, en el puente principal, que es por donde yo iba bajando, había un carro cubierto por el lodo. Al ver que no podía ir a trabajar me dirigí con mi pareja a la casa de los suegros y nos pusimos a sacar pantano. Ese día casi nadie de la comunidad fue a trabajar, unos porque no podían pasar con sus vehículos, otros por la calamidad. Toda la comunidad, muy unida, se puso a sacar pantano”.
Esa avalancha tapo carros, se llevó motos, gallinas y hasta 90 marranos de un criadero. En cuanto a las principales afectaciones Esteban comenta que la quebrada rompió y se llevó los tubos del acueducto y tumbó varios postes de luz, por eso, después de la tragedia, lo que más sufrió la comunidad fue la escasez. Por ejemplo, de comida, porque al entrar tanta agua a las casas dañó neveras y mucha gente perdió los alimentos que tenía, y, además, al estar tapadas las vías de acceso, los carros que abastecen las tiendas no podían entrar al sector. No obstante, la principal escasez ha sido el agua, pues los tubos que rompió y se llevó la quebrada eran de un sistema de acueducto comunitario e independiente que abastece de agua potable a la mayoría del Manzanillo. Por eso son los fontaneros del sector los que han tenido que trabajar muy duro para restablecer el abastecimiento de agua poco a poco, con la técnica que sus condiciones les permiten.
Esa noche había llovido tanto que Medellín colapsó, las consecuencias de la fuerte lluvia no las sufrió solo el Manzanillo, muchas calles por donde transcurre normalmente el metroplús se inundaron de lodo y tuvieron que suspender ese y otros medios de transporte. En esta Medellín imbuida en el ritmo de la productividad, muchas personas no pudieron llegar a su lugar de trabajo y la naturaleza nos recordó que puede suspender la dinámica absurda del capitalismo.
Cuenta Esteban que ese día, como a las 11:00 am, muy escoltado, llegó el alcalde Federico Gutiérrez al Manzanillo, con bomberos, policías de rescate y con el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo (Dagrd). “Cuando llegaron estos policías de rescate y los bomberos, se pusieron a sacar todo el lodo junto con la comunidad. El alcalde, mientras tanto, se hizo ahí un video diciendo que estaba presente para ayudar a la comunidad, hizo un llamado de atención para que la gente no tire las basuras y muebles viejos a las quebradas e invitó a la ciudadanía a colaborar con donaciones por medio de la Corporación Presente o la alcaldía, para ayudar a estas personas”.
El alcalde después se fue y quedaron los bomberos y la policía de rescate ayudando a sacar el lodo. “El Dagrd durante ese tiempo -dice Esteban- estuvo marcando casas, viendo cuáles estaban cerca de la quebrada, cuales tenían bases débiles, definiendo cuáles se sostenían y cuáles no; entonces hablaban con las familias y les decían que tenían que desalojar. Pero no dan soluciones, solamente dicen ¡Se tienen que ir, miren a ver para dónde, porque están en peligro!”.
Al parecer, no fueron suficientes males todos los daños materiales y afectaciones que cambiaron drásticamente la dinámica de vida del sector. El alcalde dice que la Administración no tiene recursos para atender a los damnificados porque el presidente Petro tiene descuidada a Antioquia. “Por ahora –insiste Esteban-, lo más triste es que van a desalojar un montón de familias a lo largo de la quebrada, incluso por allá arriba en Potreritos ya están demoliendo casas y las garantías que ofrece la Administración son casi nada. A mi suegro lo llamaron, porque su casa fue marcada en riesgo, diciéndole que tenía que desalojar y que le iban a dar 500 mil pesos durante 3 meses, ni siquiera la totalidad de un arriendo, y que después él tenía que mirar cómo iba a hacer. Y para colmo, le dijeron que el Estado se quedaba con el terreno así tuviera escrituras, con el argumento de que estaba en riesgo y que ahí no puede habitar nadie. El suegro está muy indispuesto con esa gente, porque él le dedicó toda la vida a la casa, todos sus ingresos. Además, hace 30 años, cuando construyó, la quebrada pasaba muy lejos, pero ella ha ido creciendo y se ha ido acercando. Todos los vecinos de él también tienen que desalojar. Y son 25 casas”.
Lo peor es la manera como la Administración y la misma gente justifican la tragedia de los otros: Según cuenta Esteban, la opinión en los alrededores es que la culpa de que vayan a desalojar a esas personas era de ellas mismas, porque sabían que estaban construyendo en un lugar riesgoso, por tanto, solo tiene que afrontar sus actos. Nadie se pregunta por qué la gente se ve obligada a comprar terrenos en riesgo y sin garantía.
