Por Gloria García

Ilustración: Nube Voladora
Cuando paso cerca de la Clínica León XIII, siempre recuerdo que fue allí donde nací. Como muchos medellinenses que llegamos a este mundo en las décadas comprendidas entre 1960 y 2010, fueron los quirófanos y las salas de maternidad de esta entidad (por esa época, articulada al desaparecido Instituto de Seguros Sociales – ISS) los espacios propicios para que el personal de salud al que le correspondió atendernos, pudiera hacerlo en las mejores condiciones.
Eran otros tiempos, de unas mayores tasas de nacimientos. Hoy, la tendencia es a la baja, es lo que dicen las estadísticas. Y correlacionado con ello, también aparecen titulares referidos a una grave crisis en los temas relacionados con la atención materna; lo que a veces se cuela en el imaginario de las personas como si lo primero fuera la causa de lo segundo. Porque, a pesar de la importancia del tema, solo emergen las conjeturas —al menos, de cara a la opinión pública—, porque en realidad, se profundiza muy poco en ellas.
Carmen (mi compañera en esta investigación) y yo fuimos hasta la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia para conversar con la doctora Sandra María Vélez Cuervo, directora del Grupo Nacer. Este encuentro, ocurrido el martes 13 de mayo de 2025, nos abrió el panorama conceptual alrededor del cierre de las salas de parto, para poder ir más allá de los titulares que anuncian esta cadena de cierres desafortunados, permitiéndonos conocer algunos factores desconocidos para nosotras. Las criaturas recién nacidas apenas abren sus ojos sin saber nada de nada, mientras que sus familias solo hacen fuerza para que la estructura no deje de moverse y sus nuevos integrantes lleguen a este mundo en medio de la mayor tranquilidad posible.
El Grupo Nacer hace parte del componente de extensión del Departamento de Ginecología y Obstetricia de dicha facultad. Nuestra conversación inició haciendo alusión a la salud sexual y reproductiva, razón de ser del Grupo, y a las articulaciones con entidades internacionales y regionales que desde 2003, año de su fundación, y hasta la fecha, han llevado a este grupo a obtener logros importantes en promoción y prevención de la salud de las mujeres y de la infancia.
La doctora Sandra Vélez es médica gineco-obstetra y docente. Una mujer muy conocedora de la situación actual y de los comportamientos que, desde la normativa nacional, las dinámicas privadas y el sistema de salud, impactan los niveles de atención en asuntos relacionados no solo con los partos, sino también con las violencias de género, las causas de muerte materna, los distintos cuadros de cáncer que atacan a las mujeres y la mortalidad peri y neonatal, entre otros asuntos.
Al referirnos a la existencia de las parteras tradicionales en muchas zonas remotas del país e, incluso, en algunos barrios periféricos y corregimientos de Medellín, ella sonríe y con sus gestos expresa la disposición mental e institucional para que, en un futuro no lejano, ellas hagan parte del equipo interdisciplinario en salud que pueda participar en los casos de parto natural en el nivel uno de atención.
En la medida en que ella nos comparte cifras y esquemas, sale a colación sus remembranzas personales y familiares, sabiéndose nacida también en la Clínica León XIII, una de las seis entidades que ya oficializaron el cierre de sus salas de maternidad; y con ellas, la no disposición de camas para atender a las parturientas y también para asistir los casos obstétricos correspondientes a complicaciones asociadas a la gestación, malformaciones congénitas, abortos espontáneos e interrupciones voluntarias del embarazo (IVE).
A la fecha, nos precisó la doctora, solo hay 245 camas habilitadas en Medellín para atender todo este tipo de casos, con un alcance extendido a algunos municipios del área metropolitana, como Sabaneta e Itagüí, que no disponen de este servicio. Además, Medellín recibe igualmente mujeres remitidas desde los otros 124 municipios de Antioquia e incluso de otros departamentos como el Chocó. Debido a esta “epidemia de cierres”, hay un faltante que oscila entre 70 y 90 camas maternas, requeridas para atender la demanda actual.
La doctora Sandra va desgranando los detalles, lo hace uno a uno. Nosotras escuchamos atentas, y en medio del asombro y la impotencia ante las alarmantes cifras, avistamos una luz en medio de ese sendero pedregoso: que el esquema actual de atención ─concentrado en el nivel tres─ se invierta, y que sea en el nivel uno ─con profesionales de medicina general, enfermería y parteras cualificadas en aspectos de atención primaria, “no colonizadas”, quienes puedan asistir ese 85 por ciento de casos que hoy se atienden desde el nivel superior. Esto hoy se hace, según la doctora, de manera sobremedicalizada, pasando por encima de nuestra fisiología humana, cuya esencia está divinamente configurada para que un bebé nazca de manera natural, tal cual se dan otros procesos en nuestra existencia como el comer y el caminar.
Si bien la tasa de fecundidad ha ido disminuyendo en los últimos años y los costos reales por asistir un parto y una cesárea no son cubiertos en su totalidad por el actual manual tarifario, pareciera que, para los actuales tiempos, esos son argumentos más valiosos que la vida misma…
A 13 de mayo de 2025, las dos entidades de carácter público que están atendiendo a las maternas son el Hospital General Luz Castro de Gutiérrez y Metrosalud. A nivel privado, se sostienen la Clínica El Rosario (sede El Tesoro), la Clínica Bolivariana, la Clínica Soma y la Clínica El Prado.
Carmen sonríe al saber que el Hospital General sigue asistiendo la llegada de bebés al mundo, pues ella nació allí. Hablar de partos siempre conduce a recordar esos primeros capítulos de la historia de una persona y de la vida misma. ¿Cómo no verlo así en vez de privilegiar la rentabilidad en un tema de semejante trascendencia?
La doctora Sandra, Carmen y yo, cual si fuéramos tres niñas que nos acabamos de encontrar, nos llenamos de entusiasmo al imaginarnos un mejor panorama para los años venideros, uno en el que las parteras ─incluidas las tradicionales─, sean valoradas e incluidas en el sistema de salud, y puedan, entonces, realizar esa labor tan bonita en la que se desempeñan como sabedoras y matronas, de acuerdo con las circunstancias en las que la vida misma las ha puesto en sus comunidades.
* Este texto hace parte de un libro, próximo a salir, titulado: Tejiendo vidas: parteras, ancestralidad y salud; autoría de Letras, Colores y Vidas. Una agrupación artística y cultural de Medellín, integrada por Gloria García Torres y Carmen Rubio Toro, promotoras de temas asociados a las memorias, los patrimonios, la lectura-escritura-oralidad, la equidad de género y la creación artística en general.
