Por Diego Meza

En la foto: Orlando Fals Borda, el segundo de izquierda a derecha. Fuente: archivo de la red de bibliotecas del Banco de la república
Este año conmemoramos en Colombia los cien años del natalicio de Orlando Fals Borda (1925-2008), uno de los pensadores más relevantes de América Latina, auspiciador de una sociología crítica y hacedor, junto a líderes sociales y sus comunidades, de la Investigación Acción Participativa (IAP). Orlando se formó en literatura inglesa, historia y sociología en Estados Unidos, pero toda su vida estuvo comprometido con las causas populares de Colombia, denunció el esclusivismo intelectual y propuso una ciencia involucrada con las transformaciones sociales. Esta tarea lo llevó a fundar en 1959 la primera facultad de sociología de América Latina en la Universidad Nacional de Colombia y a participar en la Constituyente en 1991. No obstante, su gran contribución sigue siendo la demostración de que el conocimiento más suvbersivo brota cuando interactuúan el pensar y el sentir, la teoría y los saberes de los pueblos.
El sentipensar es más que una herramienta metodológica, respresenta una crítica radical a los modos hegemónicos de conocer, investigar, enseñar, gobernar y militar. Es una propuesta de base que nace de los pescadores del Caribe, de los campesinos, indígenas y afros que luchan en defensa de sus comunidades y sus derechos y que Fals Borda aprende, estructura academicamente y proyecta a nivel político. Esta expresión denota un giro epistemológico total que aprecia de forma integra las memorias, prácticas, lenguajes, símbolos, afectos y conceptos de los pueblos. Pero no basta con valorar positivamente estos saberes, este enfoque exige caminar junto a las comunidades, involucrarse emocionalmente con sus historias y, fundamentalmente, construir colectivamente los saberes para cambiar las estructuras que generan sufrimiento y reproducen la opresión. En un país como Colombia, donde los intelectuales suelen pontificar aislados de la realidad y la sensibilidad es vista como flaqueza, el sentipensar es un acto de resistencia.
En contraste con el pensamiento ilustrado latinoamericano elaborado desde arriba, la propuesta de Orlando se concreta desde abajo. El sentipensar va en contra de la copia o asimilación ingenua de los paradigmas europeos que generalmente miran de modo peyorativo los saberes locales. La idea de la distancia entre el sujeto y el objeto de conocimiento o el proyecto de una neutralidad epistemológica y moral fomentadas desde el control y la razón instrumental son ajenas a esta propuesta. Al contrario, ella defiende la idea de pensar y actuar con los pueblos y no meramente sobre ellos. Desde esta perspectiva, la sociología en particular, y todas las ciencias sociales de forma general, tienen una tripe responsabilidad: epistemológica, política y moral.
La falta de articulación entre el pensamiento y el afecto puede producir racionalidades fragmentadas y pueblos divididos. El sentipensar es la solución a una racionalidad cercenada, que separa al sujeto del objeto, lo general de lo singular, la teoría de la práctica, los afectos de la razón. Pero de otra parte, también es una denuncia de los movimientos políticos de izquierda absolutistas, que no solo giran alrededor de sí mismos mordiéndose sus colas sino que también son incapaces de considerar la complejidad emocional de las comunidades. Estas no son un acopio uniforme de intereses basados en el cálculo, sino colectivos diversificados y cruzados por mitos, memorias, lutos, creencias, pulsiones e intuiciones. Sentipensar supone una apertura constante a estos universos.
Si miramos el panorama actual de nuestro país, caracterizado por el hastío institucional, el fortalecimiento de la criminalidad organizada y el endurecimiento del maniqueismo político, las propuestas de Fals Borda resultan urgentes. Tenemos que ir más allá de las pugnas feroces entre los llamados tecnócratas, propietarios del funcionamiento eficaz del Estado, y algunos líderes sociales, representantes de las reivindicaciones populares que una vez en el gobierno terminan por traicionar estas opciones. En este sentido, el sentipensar ofrece un camino de militancia en cuyo centro se organiza la ternura y la racionalidad se conmueve. No se trata de poner en oposición los sentimientos a la lógica organizativa, sino de hacer confluir estrategia y compromiso ético, así como lo han hecho históricamente los cabildos indígenas, las asambleas campesinas, los grupos de afros, raizales y palenqueros y los colectivos de mujeres.
El desafío que plantea Fals Borda no interpela solo a la academia: alcanza a los movimientos políticos, las organizaciones comunitarias y a toda la ciudadanía. Nos exige comprender nuestra realidad cotidiana investigando, caminando en la investigación con otros, caminar sintiendo, sentir en un pulso de lucha. En Colombia, todos deberíamos preguntarnos si estamos dispuestos a abrazar el conflicto, a reconocer las contradicciones que nos constituyen y a validar los saberes y prácticas no oficiales que emergen desde abajo. Porque sentipensar es, ante todo, redistribuir el poder de nombrar y legitimar a quienes han sido excluidos por la historia. Y eso, como toda transformación real, perturba. En tiempos de cinismo, celebrar el aniversario de Orlando implica recordar que el pensamiento incluye los afectos coordinados, la indignación sagaz, el compromiso con lo local y la lealtad con lo común.
