Por Paola Puerta

Fotos: tomadas de peacepresence.org
Ubicado entre los rincones de Antioquia y sus bastas montañas, en zona limítrofe con el departamento del Chocó, se encuentra Murrí, uno de los nueve corregimientos que integran el municipio de Frontino en el departamento de Antioquia. Su principal centro poblado es La Blanquita, el cual está atravesado por una quebrada que lleva este mismo nombre. Cuentan sus habitantes que en tiempos pasados, la quebrada La Blanquita se caracterizó por contener piedras de color blanco, dando origen al nombre del caserío.
Para acceder a La Blanquita se emprende un recorrido que inicia en el casco urbano del municipio, en un trayecto de aproximadamente cinco o seis horas, dependiendo del estado de la carretera. Al llegar se avizora un caserío ubicado en una llanura amplia, rodeada de bosque nativo y numerosos espejos de agua -El Valle Feliz de Murrí, nombrado por sus habitantes-. Su belleza paisajística, natural e hídrica son parte de las particularidades de este lugar, que además integra una parte del Parque Nacional las Orquídeas, uno de los lugares más biodiversos de Colombia.
El corregimiento, además, se caracteriza por su diversidad poblacional, con siete Juntas de Acción Comunal integradas principalmente por población campesina; una comunidad afrodescendiente en la vereda Altos de Murrí, que hace parte del Consejo Comunitario por la Identidad Cultural de Mandé, que comparte jurisdicción con Frontino y Urrao; y el resguardo indígena Murrí Pantanos, donde se concentra la mayor parte de la población Emberá de Frontino. Este municipio es el segundo del departamento con mayor población indígena Emberá Katío, con 6.519 personas, que corresponden al 18,91% del total de población del municipio que para el 2024 se estimaba en 21.905 habitantes, según proyecciones del DANE. De los 6.519 indígenas, el 83,21% habitan en el corregimiento Murrí.
Otra parte importante de los actores que habitan el corregimiento son los firmantes del Acuerdo final de paz, quienes antes conformaron el frente 34 de las FARC-EP, que operó activamente en este territorio. Los firmantes de paz en el 2017, tras el cierre del Espacio Territorial de capacitación y Reincorporación (ETCR) ubicado en Vidrí, Vigía del Fuerte, se instalaron en el corregimiento de Murrí, conformando una Nueva Área de Reincorporación colectiva en el departamento. Una de las características especiales de los firmantes de paz es que comparten la pertenencia étnica afrodescendiente, indígena y se autorreconocen como campesinos, siendo acogidos e integrados al interior de estos grupos poblacionales.
A pesar del conflicto armado que aconteció en el municipio, en la historia reciente del corregimiento la firma del Acuerdo Final de Paz en el 2016 significó la posibilidad de convergencia, articulación y construcción conjunta entre los diversos grupos poblacionales. Así mismo, ha sido una oportunidad en la visibilización de necesidades y problemáticas, lo cual ha abierto las puertas para la presencia, fortalecimiento y acompañamiento de las instituciones del Estado, así como de procesos liderados por entidades de cooperación internacional.
Producto de este acompañamiento, en el 2018 La Iglesia Evangélica Luterana de Colombia – IELCO –, con apoyo de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas, la Agencia para la Reincorporación y Normalización – ARN, y el entonces partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común – FARC, iniciaron el camino para la conformación de la Mesa Interétnica por la Paz, una plataforma que plantea la defensa de la vida, el territorio, los derechos humanos y la construcción de planes de vida bajo una perspectiva intercultural, involucrando a los diferentes actores. Como parte de las apuestas de esta instancia, se planteó la construcción de la paz desde el reconocimiento de la diversidad cultural, étnica y ambiental del corregimiento.
La Mesa Interétnica se ha consolidado como un espacio de articulación entre el Estado, la sociedad civil y la comunidad internacional, para garantizar derechos humanos y una vida digna con enfoque territorial. Es hoy una instancia clave de organización local que promueve el diálogo intercultural y la construcción conjunta de soluciones a las problemáticas cotidianas.
A pesar de los esfuerzos, esta experiencia convive con las tensiones derivadas del conflicto armado y la presencia de actores como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), que ocupan el territorio para controlar economías ilícitas como el narcotráfico, tráfico de armas y minería ilegal. Esta situación ha afectado la confianza entre los habitantes, dificultado la permanencia, ha limitado su autonomía y fragmentado los procesos organizativos. El control que ejercen estos actores armados permanece vigilante para quienes visitan La Blanquita y como silenciador para quienes representan un obstáculo en la materialización de sus intereses.
Otro aspecto de especial preocupación es la minería ilegal en las zonas más apartadas del territorio, donde se utiliza maquinaria amarilla para remover grandes volúmenes de tierra. Esta práctica provoca graves impactos ambientales, como la deforestación y la contaminación de fuentes hídricas, y atenta contra los esfuerzos de la Mesa Interétnica por proteger y conservar el territorio como un espacio integral para la vida, habitado en interdependencia entre lo humano y lo no humano.
Lo anterior revela las contradicciones actuales que convergen entre apuestas por la construcción de paz con enfoque intercultural y las dinámicas del conflicto armado que afectan particularmente territorios con presencia étnica y campesina, mostrando las tensiones persistentes entre dos visiones de mundo: por un lado, un modelo que se piensa formas de vida sustentables, que reconoce el valor de la vida humana y no humana en interdependencia y que aboga por el cuidado de los bienes comunes como el agua y la tierra; por el otro, una visión de mundo permeada por intereses económicos, utilitaristas y extractivistas.
El esfuerzo de la Mesa Interétnica constituye una experiencia valiosa en la construcción de diálogos entre grupos diversos. No obstante, tiene el reto de continuar fortaleciéndose internamente, hallando caminos y apuestas comunes para hacerle frente a las tensiones que implica el capitalismo moderno. También resulta importante rodearla mediante el apoyo institucional, pues claramente, en condiciones como las expuestas, existe una desventaja material y concreta cuando son las armas las que se imponen para decretar el orden social, por encima de las ideas y el diálogo.
