La competencia mundial en el desarrollo y apropiación de la IA. ¿Hacia dónde vamos?

Por Andrés Felipe Hurtado Blandón

Imagen tomada de hatsnew.com

La competencia entre las grandes potencias económicas mundiales por el monopolio de la Inteligencia artificial (IA) avanza sin reglas y a un ritmo acelerado. La cantidad de recursos y de nuevos inversionistas que se suman cada vez al mercado y al desarrollo de las IA dan cuenta de ello. Según Visual Capitalist, “entre 2013 y 2024 Estados Unidos lideró la inversión privada en IA con aproximadamente 471 mil millones de dólares, superando al resto del mundo combinado. Le sigue China con 119 mil millones de dólares, y, en tercer lugar, el Reino Unido con 28 mil millones de dólares”. Países como Israel, Alemania, Canadá y Francia reportan también altas inversiones (aproximadamente de 8 a 9 mil millones de dólares cada uno). En el caso de Latinoamérica la cifra es menor (no suman 6 mil millones en su conjunto); pero, el interés de inversión y la integración de la IA a sus diversos sectores va en aumento. Este es el caso de Colombia.

Según el diario La República (Colombia) “una encuesta de HubSpot muestra que 60,8% de las compañías en el país ya usan inteligencia artificial” y “un estudio reciente de Microsoft revela que las grandes empresas en Colombia están mostrando un fuerte compromiso con la inteligencia artificial. Se prevé que 82% de estas compañías aumentarán sus inversiones en IA durante los próximos años, una cifra que supera el promedio global de implementación, que se sitúa en 48%”.

Por parte del gobierno nacional, también se destacan algunas acciones y proyectos como la construcción de una “nueva política nacional de inteligencia artificial […], 2 grandes centros de IA, ⁠75 centros potencia, -⁠Microcentros Virtuales de IA, ⁠Primera facultad de IA y la ⁠Ley de datos, entre otros” (DNP, 2024). Algunos de estos proyectos, como la política nacional de inteligencia artificial, ya han sido aprobados. Según el MinTIC: “A través de esta Política Pública, el Estado colombiano se compromete a desarrollar acciones concretas para aprovechar esta tecnología de manera estratégica y sostenible, entendiendo que tiene el potencial de impulsar la productividad, la innovación y la toma de decisiones”. El año pasado tuvo también protagonismo la Cumbre Nacional de Inteligencia Artificial (Cartagena, agosto de 2024) y el Foro Abierto de Ciencias de América Latina y el Caribe CILAC (San Andrés, diciembre de 2024).

Ante este amplio panorama económico, se explica también por qué la IA es presentada como el boom tecnológico y comercial del momento: se presenta como la propulsora y aceleradora de la cuarta Revolución Industrial, el nuevo hito tecnológico y cultural globalizado del que ya nadie quiere ni debería quedarse atrás, el inicio de una nueva época para la humanidad que transformará el modo como vemos y hacemos las cosas, etc. De los múltiples usos y beneficios que prometen las IA está saturado el mundo publicitario; y la mayoría de los gobiernos, sectores empresariales, educativos y culturales parecen haberse dejado seducir sin mayores reservas.

Ciertamente, además de los aplausos se escuchan también muchos temores y dudas sobre los verdaderos alcances de esta nueva tecnología: algunas posturas se muestran escépticas sobre sus verdaderas capacidades, otras advierten de consecuencias apocalípticas, y algunas otras se mantiene expectantes frente a los cada vez más recurrentes avances o desarrollos (un resultado esperado de la mencionada competencia entre grandes potencias económicas, políticas y tecnológicas).

Asuntos como las formas de recopilación de datos, la privacidad de los mismos, la veracidad de la información suministrada, la afectación al mercado laboral (sustitución de mano de obra), los riesgos de suplantación de la identidad (inseguridad informática), la afectación a la propiedad intelectual (de escritores, artistas y fotógrafos, por ejemplo), los usos en la vigilancia social, la incorporación como herramienta auxiliar en la justicia penal, así como su integración en las fuerzas militares (drones, misiles), han llevado a que se exija públicamente a las grandes empresas tecnológicas, a los gobiernos y a organismos internacionales definir y acordar urgentemente unas reglas de juego. Estas reglas comunes refieren principalmente a la transparencia y al análisis previo y permanente de los múltiples riesgos (éticos, jurídicos, sociales, ambientales, etc.) en el uso y desarrollo de las IA.

A pesar de ello, y aunque organismos como la Unión Europea y la Unesco (2021) hayan promovido algunas recomendaciones sobre la ética de la IA, lastimosamente ha sido más el interés por el monopolio (grandes potencias), por la innovación (empresas), así como por la cualificación del perfil propio (personas) lo que se ha impuesto ineluctablemente como norma en el panorama mundial. Desde una perspectiva hobbesiana se entiende que, en una situación de competencia sin reglas mínimas, el interés y las capacidades propias se convierten en norma, y se terminan por justificar, en consecuencia, toda forma de acción bajo el principio de supervivencia (como libertad natural).

En el ámbito de la educación, la situación no parece muy distinta: se aprecia una carrera por incorporar rápidamente la IA en la gestión curricular, en la enseñanza, la evaluación y las formas de aprendizaje. De ello empieza a depender el valor agregado de una institución, de un programa, del profesorado y de los nuevos o futuros egresados. Algunas instituciones lo hacen bajo el principio de la innovación, otras como respuestas a la dinámicas y necesidades de la sociedad (pertinencia), y otras simplemente como respuestas al mercado (sobrevivir o sobresalir en el marketing académico).

No obstante, las instituciones educativas y, en ellas, principalmente el profesorado, se enfrentan continuamente a dilemas: respecto de sus estudiantes: ¿O se restringe al máximo el uso de la IA en las actividades evaluativas para evitar el plagio, o se permite su uso con el riesgo de que se termine sustituyendo con ello el esfuerzo y el desarrollo de las capacidades de indagación, lectura, análisis y síntesis, que son todavía necesarias para la vida profesional? Respecto de su ámbito laboral: ¿Se evita el uso de la IA en la investigación, la preparación de clases y la evaluación para corresponder con un principio de honestidad y rigurosidad en el saber (esfuerzo propio), a pesar del tiempo que ello requiere; o se sacrifican parcialmente dichos principios para facilitar su trabajo y poder mostrarse de esa manera como un(a) profesional actualizada e innovadora?

Ciertamente puede tratarse de falsos dilemas bajo una mirada más conciliadora del asunto; pero, en el fondo, el principio es el mismo: la competencia como forma de supervivencia o conservación del poder. Estas preocupaciones y discusiones del sector educativo son transversales a muchos otros ámbitos laborales y económicos de la sociedad. Y, en ellos, el ámbito propiamente existencial o espiritual: ¿Es la IA una amenaza o un aliado de nuestra condición humana? ¿De qué aspectos de nosotros mismos nos privará o a qué otras realidades y experiencias nos abrirá?

Un comentario en “La competencia mundial en el desarrollo y apropiación de la IA. ¿Hacia dónde vamos?

  1. interesante el artículo, las inquietudes allí planteadas y otras que ya se han generado en el ambiente académico, en las diferentes tertulias, en la los niveles político, económico y laboral, generan zozobra, incertidumbre y hasta cierto grado de stres en jóvenes, adultos y hasta en la tercera edad

    Me gusta

Deja un comentario