¿Qué está pasando en Irán?

Por Saleh Mousavi, exiliado iraní. Traducido del inglés por Aníbal Pineda Canabal.

Foto: Getty Images

¿Qué está pasando en Irán? Hete aquí una pregunta que se hacen todos aquellos que no conocen ese país, o que lo conocen mal, o quienes observan a lo lejos, desde América Latina, por ejemplo, lo que allí ocurre. Por un lado, los medios difunden la imagen de un país sacudido a sangre y fuego por una ola de manifestaciones ciudadanas y a la vez asfixiado bajo un régimen religioso que mata manifestantes y que muestra bastante poco respeto por los Derechos Humanos y por la defensa del pluralismo democrático. Por otro lado, una oposición principalmente residenciada en el exterior que, junto a la bandera monárquica iraní, ha decidido enarbolar también las banderas de los Estados Unidos y la de Israel y llama abiertamente a una intervención militar contra su propio país, con la esperanza de hacer caer el régimen por medio de la guerra. Pero, entre tanto, ¿qué pudo haberle ocurrido a la sociedad iraní para que, incluso fortalecida por largos años de lucha por su libertad y por la democracia, se halle a tal punto debilitada, al punto de entregarle su proyecto de reforma no violenta a los partidarios de la violencia y de la guerra civil?

La violencia actual y el número trágico de víctimas de los acontecimientos de las últimas semanas testimonian el fracaso del régimen a la hora de responder a las aspiraciones de la sociedad. Los hechos ponen igualmente de relieve la ausencia de alternativas creíbles y una especie de estado de coma en que se halla la sociedad civil en Irán, expresado en su incapacidad de encontrar los senderos políticos que le permitan salir de esta crisis. Sin embargo, el comienzo de esta erosión gradual de la sociedad civil iraní puede rastrearse en la retirada unilateral, por parte de los Estados Unidos, del Plan de Acción Integral Conjunto que regulaba el programa nuclear de Irán y prometía a cambio el desmonte de sanciones económicas previamente impuestas.

Se puede afirmar incluso que la estructura rígida del régimen había empezado a ceder ante las exigencias de la misma sociedad iraní y que esto había conducido al acuerdo nuclear de 2015. Pero el retiro injustificado, decidido por Trump en 2018 durante su primer mandato, puso fin a una dinámica en la cual la sociedad civil iraní había desempeñado un papel esencial y ofreció al régimen una nueva justificación para replegarse aún más sobre sí mismo. Finalmente, el restablecimiento de las sanciones económicas bajo el segundo mandato de Trump y su amenaza de sanciones todavía “más duras jamás impuestas a un país” desplazó las reivindicaciones democráticas hacia reivindicaciones económicas. En una sociedad en que no es posible satisfacer las necesidades básicas, la cólera debilita la reflexión colectiva y abre el camino a la violencia.

Incluso si el proceso de reforma ha seguido siendo muy lento y costoso, el pueblo iraní no ha manifestado nunca el deseo de entrar en una confrontación violenta, ni de hacerle la guerra al régimen. Como la historia iraní lo ha mostrado, a menudo frente a fuerzas hostiles la sociedad civil iraní ha privilegiado formas diversas de resistencia cultural con el fin de llevar progresivamente a esas fuerzas a la aceptación de sus valores. De ahí que la sociedad iraní, debilitada y todo, mostrara por ejemplo en el movimiento “Mujer, vida y libertad” de 2022 que, organizando una resistencia no violenta podía ser capaz de neutralizar la violencia de la represión y obtener, finalmente, uno de sus logros más importantes: obligar al régimen a aceptar reivindicaciones vehiculadas por las mujeres iraníes y que, sin duda, sobrepasan de lejos el simple rechazo al porte obligatorio del velo.

Sin embargo, tras la Guerra de los 12 Días con Israel en 2025 y en un contexto de multiplicación generalizada de la crisis económica y de agravamiento de la corrupción del régimen, elementos radicales y violentos, portadores de tendencias fascistas han ido ganando poder en el seno de la oposición. No sorprende pues que estos elementos busquen silenciar la sociedad civil con el fin de desencadenar una guerra civil a gran escala: están prestos incluso a implorar una intervención militar de los Estados Unidos y de sus aliados y sueñan con la toma del poder en la confusión que traería consigo el desatamiento de la violencia.

Ahora bien, toda visión democrática para y sobre el futuro de Irán debe primero reposar sobre una resistencia a la violencia fundada en prácticas culturales y políticas lideradas por la sociedad civil que representen los intereses de los y las iraníes en su conjunto. Esta visión alternativa debe necesariamente tomar en consideración las tres tradiciones presentes en la sociedad iraní, a saber: la del Irán pre-islámico, la del Irán islámico y la de la modernidad política y social. Esta visión alternativa debe asimismo oponerse firmemente a toda intervención de poderes extranjeros. Sin esos principios todo cambio sería tan solo el retorno de un ciclo de violencia ya vivido.

Deja un comentario