Por Dúber Mary Restrepo Q.

Foto: Amnistía Internacional
El acuerdo de paz entre Israel y Palestina inicia con una primera fase que implicó el alto al fuego paulatino entre octubre de 2025 y enero de 2026, que, además, incluía el cese de hostilidades y liberación de rehenes israelíes a cambio de prisioneros palestinos. El mundo vio esto como algo positivo, sin embargo, es lo peor que le ha podido pasar a Palestina. El haber aceptado la negociación de cese al fuego ha resultado del todo beneficioso para Israel y contraproducente para los palestinos, por múltiples razones, una de ellas es que se desplomó la presión internacional contra Israel.
Inicialmente, ante el discurso dominante de Israel y justificatorio de la defensa frente a los ataques de Hamas, muchos países, sectores sociales y medios de comunicación adoptaron una postura negacionista, pero al difundirse lo desproporcionado de los bombardeos en Gaza por medios alternativos, fue imposible seguir negando el mayor genocidio transmitido en vivo para todo el mundo, que con impotencia veía cómo un pueblo era exterminado; por ello, la gran industria de los medios de comunicación no pudo marginarse de lo que estaba sucediendo. Al tener una amplia visualización los actos cometidos, las argumentaciones de organizaciones internacionales en pro del derecho humanitario y la necesidad del cese de los bombardeos, adquirían cada vez más opositores que se sumaban a la protesta, indignación e impotencia de ver cómo los grandes poderes económicos y militares se negaban a terminarlo, cómplices de la ignominia que estaba cometiendo Israel contra las mujeres y niños en su mayoría y hombres palestinos, todos ellos desarmados y moribundos por la inanición.
Con dicho acuerdo, ampliamente desventajoso para que Palestina ejerza su derecho de autodeterminación, y ante la presunta ausencia de bombardeos, sumado a un conflicto más amplio que involucra a Israel contra Irán y sus aliados, incluyendo a Hezbolá en Líbano, el mundo de las noticias faranduleras volteó sus cámaras y el flash hacia el conflicto de moda; relevante sí pero cuestionable el enfoque mercantilista que le dan los medios de comunicación y el eclipsamiento que le ha dado a los muertos de Gaza, pues ya no son noticia vendible, pero lamentablemente siguen muriendo y, como es sabido por todos, los principales afectados son los niños.
Israel ha aprovechado esto para seguir asesinando al pueblo palestino de una manera “silenciosa”, atomizada, haciendo difícil acusarlos de una manera contundente ante el mundo. Unos cuantos muertos por acá, otros por allá, acoso a los niños que aún van a la escuela, a los habitantes de X o Y lugar, expropiaciones, perfilamientos, los llamados “vaporizados” con quienes están probando un arma termobárica letal que literalmente vaporiza a las personas dejando solo un vestigio de sangre donde estuvieron. No queda más rastro, no hay evidencia ni a quien reportar como asesinado, no hay a quien enterrar ni a quien hacerle el duelo.
Pero no, a Israel no le basta con lo que ha hecho, pues su objetivo es exterminar al pueblo palestino; para ellos, “infame” pueblo que se atrevió a enfrentarlos. Ahora que el mundo mira para otro lado, buscaron la manera de legalizar el asesinato de éstos con una legislación que permite la pena de muerte por ahorcamiento a los palestinos con acusaciones ambiguas, leyes asimétricas que no cobijan por igual a los israelíes. Como decían mis abuelos: ¡“se habrá visto” un país imponiendo la pena de muerte a los habitantes de otro! Y el mundo de la farándula noticiosa apenas sí lo ha mencionado.
El fascismo histórico alemán se está repitiendo en su estructura básica con el sionismo en Palestina. El sionismo surge en la Europa de 1897 como un ideario político de fundar un etnoestado judío en un territorio específico con carácter nacionalista/colonialista ante el antisemitismo del momento; en 1917 logran que Gran Bretaña les facilitara un territorio en sus colonias de Palestina y con ello empieza la ocupación no ajena a conflictos desde sus inicios. En 1948 se funda el Estado de Israel y en 1967, luego de la guerra de los 6 días, se apodera de gran parte del territorio palestino, expansión que aún no termina.
Desde entonces el sionismo, que no involucra a todos los judíos y discrimina a los que no son blancos, enfocó su ideología política a desocupar el territorio palestino para que se estableciera el Israel moderno. Para ello ha implementado tres aspectos claramente fascistas: uno, ideológicamente exacerba la supremacía étnica, identidad nacional y el derecho histórico/bíblico al territorio, al igual que presenta ante el mundo el discurso de que tienen derecho a la defensa, así ésta sea desproporcionada ante cualquier acto de resistencia palestina; dos, militarismo y expansionismo como estrategia política para anexar territorios y controlar por la fuerza a los “enemigos” palestinos, de allí su acorralamiento en puntos de refugiados como está sucediendo en Gaza; tres, la limpieza étnica mediante la eliminación física o expulsión, particularmente con las detenciones arbitrarias y masivas de los hombres en edad productiva o su asesinato “legal” como lo permite la legislación aprobada.
De acuerdo con el Derecho Internacional Humanitario (DIH), está contemplado que un genocidio “es un delito internacional definido como la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, ya sea mediante matanzas, lesiones graves, o condiciones impuestas para su aniquilación física; requiere la intención especial de eliminar al grupo, no solo a individuos”.
El pueblo palestino lleva más de un siglo resistiendo los diversos ataques de Israel que ha pasado de ocupar un territorio a destruir a una etnia, como sucede en Palestina donde ya no solo los están matando de hambre y con la utilización de todo tipo de armas, sino que además no se les permite huir, mientras que en los lugares ocupados los soldados sionistas van de casa en casa preguntando por habitantes y arrestándolos por cualquier motivo, quedando expuestos a que se les aplique la pena de muerte.
A la entidad sionista, al parecer, no le ha bastado con ocupar Palestina y bombardearla; ahora se tranza en un combate bélico con Irán y el Líbano, tal como Alemania lo hizo con Polonia, Dinamarca y Noruega. ¿Será que la historia se está repitiendo? Como dice la famosa frase de Marx: «La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa», a lo que se le agregaría lo que dijo Slavoj Žižek, señalando que a veces la farsa puede ser incluso más terrible que la tragedia original.
Aunque las grandes industrias de las noticias estén mirando a otro lado, aún continúa el genocidio palestino; la invisibilización mediática de éste, afortunadamente, no ha sido acallada en los medios alternativos de comunicación. Callar es dejar que el genocidio palestino quede impune. La historia dentro de 20 o 30 años nos cuestionará por esa herida a la humanidad y no podremos mirar a otro lado o decir que no lo sabíamos porque ante cámaras y la mirada del mundo entero está sucediendo todo. Hay que seguir denunciando, boicoteando, actuando; ahora como nunca cobra fuerza la proclama: “no dejemos de hablar de Palestina”.
