Pasos de gigante de la Inteligencia artificial. Entre las expectativas y el temor.

Por Andrés Felipe Hurtado Blandón

Imagen tomada de es.wired.com

Los avances logrados hasta ahora en el desarrollo de la inteligencia artificial sorprenden no solo al ciudadano de a pie sino incluso a los mismos desarrolladores de software e investigadores en el campo. En muy poco tiempo esta tecnología, que se perfila ya como un nuevo hito en la historia de la humanidad, ha logrado desarrollos que hasta hace poco tiempo se tenían por impensables o improbables en el corto y mediano plazo. No resulta difícil afirmar que desde las versiones preliminares de aprendizaje automático o redes neuronales artificiales de la década del 50, pasando por hazañas como las de Deep Blue en el 1997, AlexNet en 2012,  AlphaGo en 2015, las nuevas formas de IA generativas como ChatGPT (2 y 3) en 2019 y 2020, hasta una veintena de nuevas IA generativas que han surgido en los últimos 5 años, los mejoramientos no solo han sido tan rápidos como nunca antes en la historia con algún tipo de tecnología, sino que cuesta imaginar con claridad cuál será su siguiente paso.

Ciertamente, esta cuestión sobre dónde situar los límites o el techo de desarrollo de la IA gana cada vez más protagonismo en el panorama mundial.  Por un lado, están los que se ocupan en:  1. Señalar las múltiples ventajas de la IA en diferentes ámbitos de la sociedad (médico, empresarial, educativo, científico, etc.); 2. Realizar intenso marketing digital para captar nuevos inversores y usuarios (que superan ya los 1.300 millones en todo el mundo); y 3. Hacer lobby ante diferentes gobiernos a fin de lograr patrocinios y/o superar regulaciones en la investigación, desarrollo y aplicación de nuevos modelos de IA. Por otra parte, se cuenta también a quienes, con un enfoque distinto, advierten precisamente sobre los riesgos de esa débil o ausente regulación por parte de los gobiernos y la desorbitante cantidad de dinero que se está invirtiendo en este campo.

Entre otros, investigadores como Roman Yampolskiy, Senén Barro, Yuval Noah Harari, Daniel Innerarity, Andrés Merejo y Connor Leahy han venido insistiendo desde hace varios años en las impredecibles o nefastas consecuencias que se pueden derivar de no poner límites a esa competitividad entre gigante tecnológicos y económicos. Algunos de esos grandes riesgos, como señalan, por ejemplo, Yampolskiy y Leahy, es el desarrollo hipotético de herramientas que no solo no podamos entender a cabalidad y controlar en su funcionamiento (ya se habla de  indicios peligrosos de ello) sino que tampoco se pueda detener a tiempo, arriesgándonos así a un colapso a nivel económico, político, social e incluso existencial. Las herramientas o superestructuras cibernéticas de las que hablan son la Inteligencia Artificial General (AGI) o una Super Inteligencia Artificial (ASI, por sus siglas en inglés).

La Inteligencia Artificial General (AGI) se concibe como un sistema con capacidad de comprender, aprender y razonar de manera flexible en múltiples dominios, alcanzando un nivel cognitivo comparable al de un ser humano. La Superinteligencia Artificial (ASI), por su parte, es un sistema que supera ampliamente la inteligencia humana en todos los ámbitos relevantes (científico, creativo, social), incluyendo la capacidad de mejorarse a sí misma de forma autónoma. En algunos casos, los modelos de IA existentes ya muestran indicios cercanos a dichas capacidades de automejora (como uno de los experimentos de Andrej Karpathy, quien logró que un agente de IA entrenara a un modelo menor de IA y lograra mejoras, aprendiendo sobre la marcha, en tan solo un par de horas); aunque también hay investigadores en el campo que se muestran escépticos ante dicha posibilidad de desarrollo, por lo menos, en el corto y mediano plazo.

En todo caso, más allá de los riesgos hipotéticos o probables de alcanzar a desarrollar una herramienta de AGI o una ASI, lo cierto es que hoy ya se pueden apreciar consecuencias negativas derivadas de un uso amplio e indiscriminado de la IA en la sociedad. Por ejemplo, en el ámbito educativo, se habla ya del problema de la inteligencia delegada en los procesos de análisis, sistematización y producción de saber. En el ámbito de la información y de la comunicación, se habla de la saturación de la atención, de la neutralización de la crítica y de la dificultad creciente de diferenciar entre lo verdadero y lo falso. Y en el de la salud mental, de la dependencia emocional e intelectual que se crea por el uso frecuente de la IA para la resolución de problemas personales en el día a día o la toma de decisiones importantes en la vida.

Además de los ámbitos anteriores, con claras implicaciones éticas y políticas, cabe mencionar también una situación que se viene presentando en el corazón mismo del desarrollo de las IA: los despidos masivos (por miles) en muchas de las grandes empresas tecnológicas en occidente, constituyéndose en una primera señal de alarma de lo que puede ocurrir en otros sectores laborales y también en una muestra  de los verdaderos intereses de quienes invierten o patrocinan el desarrollo de dichas tecnologías. Los casos más recientes refieren a multinacionales Block, Amazon, Microsoft, Pinterest, Salesforce, Duolingo, entre otras. La razón de dichos despidos no es otra que el reemplazo efectivo de sus cargos y funciones por las que pueden desarrollar ahora los diferentes modelos de Inteligencia artificial.

Hay grandes indicios de que las IA generativas ya están afectando también áreas importantes como la redacción, la creación y edición de contenidos audiovisuales, los servicios de traducción, doblaje e interpretación, la locución, los servicios de análisis financiero y de asesorías en diferentes campos. El desarrollo y uso extensivo de dichas IA, sumadas a las capacidades de autonomía funcional y eficiencia que se está alcanzando también muy rápidamente a nivel de la robótica (China sorprendió este año al mundo con la Gala de su Fiesta de primavera), amenazan también los trabajos de operaciones más básicas tanto en el ámbito de la producción industrial como en la de servicios al cliente (tiendas y restaurantes).

Los desarrollos alcanzados hasta el momento por la IA, y los que se vienen anunciando por las grandes empresas tecnológicas para 2026 y 2027, se sienten como pasos de gigante que amenazan con aplastar a quien no logre subirse a él o no logre apartarse rápidamente de su camino a un lugar seguro…si es que quedara alguno. Los casos que ya se presentan de uso de IA en programas militares y de vigilancia y control social son otros indicios importantes y preocupante de los retos que tendremos que sortear como sociedad y como civilización.     

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