Hiphoppía, la utopía de reconciliarse con la tierra, un proceso contrahegemónico desde el Hiphop

Por Filoparchando

Foto: Filoparchando

Era domingo 3 de mayo, día internacional del Rap, y nos encontramos en el Parque Berrío bien am, para tomar el bus de las 7, único que sale temprano para San Sebastián de Palmitas. Allí estábamos invitados a conocer el proceso de Hiphoppía,donde apuestan por la educación popular y reivindican los saberes ancestrales y culturales del territorio como parte fundamental del Hiphop. Estábamos entusiasmados por la programación, donde habría un círculo de palabra, un espacio de siembra y trabajo de la tierra que ellos llaman Chagra, y después la olla, alrededor de la cual conversaríamos sobre la utopía de volver a la relación armoniosa con la tierra y con el alimento.

Pero también era un entusiasmo, que al final nos dimos cuenta, hace parte de la experiencia del citadino que toma una visita al campo como algo exótico, porque percibimos la naturaleza como algo alejado, olvidando la relación intrínseca que tenemos con ella, somos naturaleza. No obstante, la experiencia de conocer procesos donde se puede palpar la utopía, enriquece el impulso de soñar despiertos con otros mundos posibles.

Hiphoppía, explica Join Red (integrante y cofundador del parche) es un concepto creado por Zin Uru, quien hace parte del Templo del Hiphop que fundó KRS One. Join, como integrante del templo, recibió este concepto y lo hizo praxis, el cual tiene un significado muy interesante: que volvamos a tener la tierra y esta sea un lugar donde el Hiphop pueda lograr sus sueños. Pero también, donde el Hiphop sea una forma de lucha, reivindicación y construcción de conocimiento.

Así surgió Universidad Hiphoppía, aquí nos habla de ella: “Recogemos el término de Hiphoppía porque tiene dos palabras que nos identifican desde lo que somos y queremos construir en horizontes políticos, éticos, pedagógicos, epistemológicos. Entendemos la utopía como el camino futuro, realizable, de lucha, y el Hiphop como una forma de vida, un estilo, una cultura que se ha enraizado en los pueblos oprimidos, desde donde nos disputamos el mundo con unas formas identitarias, simbólicas, con unas narrativas históricas que se han construido desde muchos y muchas a nivel mundial. Así, el Hiphop se ha convertido en unas voces que han sido ocultadas y subalternizadas desde muchos espacios, en especial eso que llamaba Gramsci la cultura hegemónica, y en este orden para nosotros el Hiphop es una contracultura o contrahegemonía que ha resistido a lo largo del tiempo. Es desde ahí que nosotros resistimos como Hiphoppía posibilitando espacios de lo que nosotros muy íntimamente llamamos “pequeños momentos de libertad» de los que haríamos parte”.

Esos pequeños momentos de los que hablaba Join Red comenzaron a hacerse palpables durante la jornada: en el círculo de palabra, en el trabajo de la tierra, en la preparación colectiva de la olla y en las conversaciones que iban emergiendo alrededor del alimento. Eran breves experiencias donde parecía posible relacionarnos de otra manera con el tiempo, con los otros y con la naturaleza. Precisamente allí apareció una reflexión inevitable sobre nuestra vida cotidiana. Habitamos normalmente las dinámicas citadinas: la congestión, los horarios, las obligaciones y esa sensación constante de que todo es plata.

Trabajamos para responder a exigencias sociales que muchas veces terminan alejándonos de algo esencial: la relación con la tierra y con la vida misma. Entonces surge la impresión de que el dinero se ha convertido en una especie de fantasmagoría que organiza nuestra existencia, como si el valor de la vida dependiera únicamente de aquello que podamos conseguir. Por eso, la experiencia en San Sebastián de Palmitas junto a Universidad Hiphoppía comenzó a abrir otra manera de pensar y sentir nuestra relación con el mundo.

Mientras avanzaba el círculo de palabra, aparecía constantemente la idea de volver a escuchar el territorio y reconocer los saberes que históricamente han sido relegados por la lógica urbana. Sin embargo, la reflexión dio un viraje cuando llegó el momento de trabajar en la Chagra, entendida desde diversas cosmovisiones indígenas amazónicas como un espacio de cultivo, aprendizaje y transmisión cultural. Más que una huerta, la Chagra es un territorio vivo donde conviven distintos cultivos y alimentos que crecen de manera conjunta. También allí se cultivan vínculos comunitarios, memorias, formas de cuidado y conocimientos que pasan de generación en generación. Su sentido pedagógico radica precisamente en que enseña haciendo; el cuerpo aprende mientras trabaja la tierra, escucha, observa y comparte con los otros.

A eso del mediodía, nos reunimos para preparar el almuerzo mientras dialogábamos, como una manera de alimentarnos en cuerpo y espíritu. En este encuentro pudimos reconocer que prácticas cotidianas como cocinar son de gran importancia política, pues allí se pone en juego el cuidado de sí y del otro que solo son posibles por la relación que tenemos con la tierra. Al respecto nos contaba Valeria que, para Hiphoppía, la apuesta por construir y fortalecer el tejido comunitario se sintetiza “en un ejercicio como la olla, donde ponemos todos el alimento, pero también la palabra, la memoria, las luchas, las resistencias”, pues aquellas experiencias significativas, al vincularnos en la consciencia de un nosotros, nos invitan a trascender el ámbito particular y competitivo del yo.

Asimismo, Join Red resalta la necesidad de cambiar el concepto de naturaleza que se usa para idealizar las aspiraciones pequeñoburguesas, o para romantizar la lucha fallida del ambientalismo que hoy ha sido cooptada por el “capitalismo sostenible”. En vez de esto, es conveniente emplear el término tierra o territorio conforme con las perspectivas de los pueblos originarios y campesinos, para reivindicar la relación inmanente que tenemos con el entorno.

Desde la Universidad Hiphopía se plantea una síntesis entre teoría y praxis que nos permita retornar a la tierra, no desde una perspectiva de explotación de los recursos, sino desde la consciencia de hacer parte de ella, articulando el pensamiento ancestral y popular con enfoques académicos abran una grieta de libertad en el sistema que nos oprime. Y desde el Rap como vehículo de denuncia y reflexión, recordar lo que cantó Checho: “Lo tuvimos todo y no fue suficiente”, para construir esos caminos que nos acerquen cada día más a la utopía.

Deja un comentario