Los Soches: el territorio campesino que también construye ciudad

Por integrantes del Semillero de Investigación Territorialidades Periféricas Urbano-Rurales de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana

Fotos: Semillero de investigación

Hay una imagen de Bogotá que todos conocemos: edificios, avenidas, cerros orientales y una ciudad que parece extenderse sin límites. Sin embargo, esa imagen deja por fuera un territorio fundamental para entender el presente y el futuro de la capital. Los Soches no es simplemente un borde entre lo urbano y lo rural; es un territorio que cuestiona la manera en que Bogotá ha imaginado su crecimiento y obliga a repensar la relación entre ciudad, campesinado y sostenibilidad.

A pocos kilómetros del centro, donde el concreto empieza a mezclarse con los cultivos y las montañas vuelven a dominar el paisaje, las familias campesinas continúan sembrando alimentos, cuidando nacimientos de agua y defendiendo una forma de vida que pocas veces aparece en las discusiones sobre el desarrollo de la ciudad. Tal vez eso ocurre porque durante años hemos aprendido a pensar que el campo termina donde termina Bogotá, como si después solo existieran espacios disponibles para urbanizar o conservar, pero no comunidades que los habitan y les dan sentido.

Llegamos a Los Soches como parte de una salida de campo del Semillero de Investigación Territorialidades Periféricas Urbano-Rurales. Íbamos con mapas, lecturas y preguntas de investigación. Creíamos que conoceríamos un caso sobre los bordes de Bogotá. Terminamos comprendiendo algo mucho más profundo: el futuro de la ciudad también depende de estos territorios que solemos mirar sin ver.

Cuando el desarrollo desplaza otras formas de habitar

Durante décadas hemos asociado el desarrollo con más viviendas, más vías y más infraestructura. Pero pocas veces nos preguntamos qué desaparece cuando una ciudad crece.

En Los Soches esa pregunta deja de ser una discusión académica. Cada decisión sobre el uso del suelo transforma la manera en que una comunidad produce alimentos, protege el agua, transmite conocimientos y construye vínculos con el territorio. La discusión ya no consiste únicamente en decidir qué se construye y dónde, sino en definir qué formas de vida estamos dispuestos a conservar.

La paradoja es evidente. Mientras Bogotá habla de adaptación al cambio climático, seguridad alimentaria y sostenibilidad, la expansión urbana continúa ejerciendo presión sobre sus bordes rurales. Al mismo tiempo, la ciudad depende cada vez más de estos territorios para regular el agua, conservar ecosistemas estratégicos y abastecer parte de los alimentos que consume. Los debates sobre ordenamiento territorial y sistemas alimentarios hacen que experiencias como la de Los Soches dejen de ser una excepción para convertirse en una conversación urgente sobre el modelo de ciudad que estamos construyendo.

«Nosotros también hacemos ciudad»

Uno de los momentos más reveladores no ocurrió durante una entrevista, ni apareció en un documento. Surgió mientras caminábamos por el Agroparque Los Soches:

«Aquí no estamos peleando contra la ciudad. Nosotros también hacemos ciudad. La diferencia es que la hacemos sembrando, cuidando el agua y manteniendo vivo este territorio.»

La frase cambió la manera en que entendíamos el recorrido. Los Soches nos mostró que construir ciudad también significa producir alimentos, conservar corredores ecológicos y sostener procesos comunitarios que benefician a millones de personas, aunque muchas de ellas nunca hayan puesto un pie en este lugar.

Quizás el problema no sea la distancia entre el campo y la ciudad, sino la distancia con la que seguimos pensando esa relación.

Una investigación que terminó siendo una experiencia

Éramos estudiantes y docentes de distintas disciplinas, con intereses diversos y expectativas diferentes frente a la salida de campo. Sin embargo, el recorrido terminó produciendo una pregunta común: ¿Por qué insistimos en llamar periferia a territorios que sostienen buena parte de la vida de Bogotá?

Caminar, conversar con la comunidad y recorrer los cultivos transformó nuestra manera de leer el territorio. Los mapas dejaron de ser suficientes y las categorías académicas comenzaron a quedarse cortas frente a un lugar donde la producción agrícola convive con la conservación ambiental, el turismo comunitario y la organización campesina.

Testimonio

«Creíamos que íbamos a conocer un borde urbano y fuimos entendiendo que los bordes también tienen memoria, conflictos, afectos y personas que han construido este lugar mucho antes de que nosotros llegáramos.»

Ese cambio de mirada también hace parte de la investigación. A veces investigar no consiste únicamente en encontrar respuestas, sino en descubrir que las preguntas iniciales estaban incompletas.

¿Quién decide el futuro del territorio?

Los Soches enfrenta una disputa que va mucho más allá del uso del suelo. La pregunta de fondo es quién tiene la autoridad para decidir el futuro de estos territorios.

Durante años, gran parte de las decisiones se han tomado desde planos, normas y proyecciones de crecimiento. Esas herramientas son necesarias, pero resultan insuficientes cuando dejan por fuera los conocimientos, las memorias y las formas de organización de quienes han habitado estos lugares durante generaciones. Pensar los bordes únicamente como suelo disponible significa desconocer que allí ya existen comunidades que cuidan bienes esenciales para toda la ciudad.

Los Soches demuestra que existen otras formas de construir territorio. La agroecología, el turismo comunitario, la educación ambiental y la organización local no funcionan como actividades aisladas; son estrategias para permanecer, adaptarse y demostrar que el desarrollo también puede construirse desde el cuidado del territorio y no únicamente desde su transformación.

Mucho más que un borde

Quizá el mayor error haya sido llamar «periferia» a lugares como Los Soches. La palabra sugiere distancia y dependencia, cuando en realidad estos territorios ocupan un lugar central en algunos de los mayores desafíos de Bogotá: el cambio climático, la seguridad alimentaria, la protección del agua y la conservación de la biodiversidad.

Desde el semillero entendimos que investigar un territorio no consiste solamente en producir conocimiento para la academia. También implica abrir conversaciones que cuestionen las decisiones que damos por hechas y reconocer que detrás de cada mapa existen personas, historias y formas de habitar que merecen ser escuchadas.

Reconocer territorios como Los Soches no significa únicamente proteger un paisaje rural. Significa reconocer que el futuro de Bogotá dependerá, en buena medida, de su capacidad para construir una relación más justa con quienes producen alimentos, cuidan el agua y sostienen los ecosistemas que hacen posible la vida urbana. Mirar hacia estos territorios ya no es una opción; es una condición para imaginar una ciudad verdaderamente sostenible.

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