Por Felipe Lesmes

“No es momento de politizar, es momento de ayudar”. Esta premisa se hizo inobjetable luego del terremoto que afectó al país el pasado lunes 10 de agosto, puesto que las necesidades materiales inmediatas exigían poner todas las fuerzas posibles en función de ayudar a las personas que lo perdieron todo; su casa, su trabajo, sus familias, su vida. A partir de allí el gobierno nacional, en cabeza del presidente Abelardo de la Espriella, comenzó a tomar acciones que para muchas personas fueron polémicas desde el cuestionamiento de la efectividad y la inmediatez en la toma de decisiones que podían salvar vidas y evitar mayores sufrimientos. A raíz de estas polémicas acciones, en la esfera pública se comenzó a criticar y/o a exigir acciones más oportunas; y fue allí donde apareció la frase con tintas de mandamiento divino “No es momento de politizar, es momento de ayudar”.
Sin embargo, una de las cualidades que nos vuelven únicos como seres humanos es la capacidad de análisis crítico de las realidades que nos rodean y nada puede dejar de lado la necesidad de entender lo que sucede y por qué sucede, con el objetivo de actuar con coherencia, eficacia y altura con respecto a lo que las situaciones demanden. Es debido a esto que urge comprender aquella sentencia divina y ponerla a la luz de la explicación racional para evaluar si en realidad es una frase inobjetable o si solo es una herramienta discursiva para dejar de exigir, actuar y aportar de manera coherente como seres humanos que razonan conscientemente.
Vamos entonces por partes “No es momento de politizar” ¿Qué significa politizar algo? Este concepto ha perdido su definición teórica y ha asumido una definición impuesta por una confusión masiva de conceptos. Y es que se ha entendido que politizar es el acto de someter a juicio electoral las obras o acciones de un sector político o una persona con incidencia en la política. Se ha entendido pues que politizar es sinónimo de lo que comúnmente también se nombra como politiquear puesto que este concepto sí se acerca a hacer un análisis pensado en imponer una corriente electoral como paradigma. No obstante, politiquear no es lo mismo que politizar.
Politizar es la acción y actitud por medio del cual un suceso o fenómeno es evaluado más allá de el hecho en sí, es decir, es el acto de comprender los orígenes, consecuencias y las pugnas de poder que transversalizan aquel fenómeno que se estudia o que se somete a la esfera pública. Así pues, en palabras de Freire, la politización es el proceso de concientización y, por ende, es el conocimiento completo de lo que se aborda para poder comprenderlo y transformarlo.
Parece entonces que el inicio de la frase divina “no es momento de politizar” pierde fuerza discursiva, puesto que no politizar es permitir que un fenómeno se mantenga aislado de las causas, efectos y pugnas que lo transversalizan y, por ende, hacen que tome un curso prestablecido por las condiciones en las que se da e impide una comprensión que lleve a una intervención que lo transforme en beneficio de las comunidades que han sido afectadas. No politizar es dejar de analizar lo que sucede y el por qué sucede de esa manera, sin tomar en cuenta su contexto. Así, el análisis pierde toda la fuerza social que pudiera permitir intervenir y transformar el fenómeno de manera estructural.
Ahora vamos a la segunda parte de la frase: “…es momento de ayudar”. Ayudar es en sí la acción de poner toda la energía, las fuerzas y los recursos en función de transformar un fenómeno que está dejando afectaciones en cualquier plano que se desarrolle, por lo tanto, ayudar es sinónimo de transformar. La pregunta que surge ahora es ¿Cómo transformar algo que no se ha comprendido? Es imposible, desde lo que demuestra la práctica, intervenir un territorio y/o un fenómeno sin entenderlo, ya que, puede no solo entorpecer la llegada de ayudas que en realidad son necesarias, sino que puede traer mayores consecuencias a la problemática inicial, puesto que ayudar implica reconocer las características del contexto, de lo que originó el suceso, de las consecuencias que trajo y de las herramientas necesarias para reparar y prevenir.
Es así como volver a unir la frase con las dos partes que la conforman se convierte en una contradicción teórica y discursiva y que lleva inminentemente a una contradicción práctica del objetivo al que quiere llegar. Porque es clara la necesidad de ponernos en disposición de apoyar las recolecciones, la logística, las manos en el territorio y demás herramientas que permitieran responder de inmediato a las necesidades de quienes lo perdieron todo; sin embargo, para ayudar realmente es necesario entrar a comprender las pugnas de poder en las acciones de quienes toman las decisiones y desde allí exigir las acciones necesarias. El hecho de que haya ocurrido una catástrofe no exime de exigir repuestas efectivas a los responsables de construir soluciones reales a los problemas reales que se afrontan, no exime de poner los ojos en cómo se están gestionando las soluciones y en visibilizar cómo son decisiones atravesadas por las pugnas políticas y la disputa de intereses particulares de los implicados, que muchas veces, en vez de ayudar a las víctimas de la tragedia, sacan provecho particular de su desgracia.
Politizar, entonces, no es una opción, es una necesidad y un deber de la sociedad para no actuar a la deriva sino de manera organizada. Politizar es un deber de la razón para no permitir que se use la tragedia de las y los más afectados para montar un show como si la presidencia fuera un reality. Politizar es no permitir que de la miseria salgan beneficiados los que están obligados a ayudar y que se aprovechan de una catástrofe para hacer sus fechorías contra el país que deberían proteger. Porque cuando nos quieren hacer creer que la razón sobra es porque ellos la están usando en su beneficio.
