Los medios masivos y la guerra de cuarta generación

Ilustración: Rafael Alvarez

Carlo Carrillo Galvis

En la actualidad, los medios masivos de información, las redes sociales y las fake news son herramientas de guerra que se enmarcan en la llamada guerra de cuarta generación. Sus inicios se remontan al periodo posterior a la Guerra Fría, puesto que con la caída del muro de Berlín y el fin del comunismo soviético se hace necesario crear otro enemigo y otra forma de hacer guerra, es así que surge una nueva propuesta titulada “el rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación.” Impulsada por el militar estadounidense William Lind, esta nueva forma de hacer guerra tiene como objetivo controlar a la población mediante la propaganda y el terror, aludiendo a la preservación de la democracia, y se caracteriza por ser un conflicto constante, es decir, las 24 horas del día, pues se trata, en gran medida, de una guerra psicológica.

La guerra de cuarta generación utiliza varias estrategias para lograr sus objetivos, una de estas es recurrir a los medios masivos de información, (entendidos como las grandes cadenas de tv y plataformas físicas y digitales de información) los cuales se convierten en sus brazos armados, desde donde se “dispara” constantemente propaganda al miedo, a la inseguridad y la zozobra, recurriendo a la manipulación informativa y la desinformación. Titulares de prensa, de noticias virtuales y televisadas son los misiles de última generación. Cultivar el miedo es una constante para que la población sienta la necesidad de la seguridad o la guerra a cualquier precio.

Lo anterior evidencia una ampliación de la noción de campo de batalla, pues esta ya no solo atañe al espacio físico, sino que también abarca a la sociedad, que se convierte en el nuevo campo de batalla. Las mentes de los individuos es lo que se trata de colonizar. El objetivo de las guerras de cuarta generación es la conquista del cerebro y, para ello, es necesaria la guerra cultural, por ello se acude como herramienta a las telecomunicaciones, con el fin de incentivar la cultura del miedo.

Aquí es importante detenernos en dos aspectos. El primero, un arma importante que se utiliza en la guerra de cuarta generación, las fake news o noticias falsas, que no solo buscan -como se cree en general- la desinformación o la confusión, también tienen como propósito atizar conflictos, manipular ciudadanos y dividir a las sociedades con el fin de influenciar la opinión pública, y de esta manera, incentivar el odio político, social o cultural, según la necesidad inmediata. Gran parte de la efectividad de estas falsas noticias consiste en el efecto viral que producen, debido a la velocidad y el alcance que logran en un corto tiempo. Por lo anterior, es innegable la importancia de las plataformas de comunicación virtuales por el papel que juegan a la hora de difundir las fake news.

Segundo, no solo la noción de campo de batalla se amplía, también la de base militar, pues ahora -como señala uno de los teóricos de la guerra, Martin Van Creveld- no solo se necesita de estas grandes bases visibles, también de su invisibilidad, es decir, se recurre a esconderlas y que estas operen en depósitos o lugares de encubrimiento. Recuérdese -para citar un ejemplo colombiano- el caso Andrómeda, que era un centro de inteligencia y funcionaba bajo la fachada de un local comercial en el barrio Galerías de la ciudad de Bogotá. Además, la noción de soldado se amplía, pues este no solo debe saber el manejo de armas convencionales y tener conocimiento a la hora de la lucha en los campos de batalla, también debe tener conocimientos avanzados en informática y manejo de estas tecnologías.

La guerra de cuarta generación tiene como objetivos principales la colonización de los cerebros, incentivar el miedo constante, incluso de enemigos imperceptibles mediante el bombardeo mediático, buscando no solo su expansión en el campo social, sino también lograr la vigilancia mutua entre sus ciudadanos. Recurre a varias estrategias y herramientas, como los medios masivos de información físicos o virtuales, las fake news, cadenas de WhatsApp, la manipulación social, la influencia de la opinión pública, etc. Se camufla en lugares insospechados y se muestra neutral e incluso inexistente, mediante el consumo de información que circula en todos los ámbitos de la sociedad.

Lo anterior no quiere decir que las viejas formas de hacer guerra se han acabado, al contrario, siguen vigentes y se recurre a ellas en la medida de lo necesario. La diferencia estriba en que la guerra de cuarta generación es constante, es decir, está latente las 24 horas al día en lo que consumimos y en lo que circula en el campo de la cultura y la información. De ahí la necesidad de incentivar y apoyar otros escenarios de comunicación, de información y formación.

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