Vamos todos al paro

Por Alianza de Medios Alternativos

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Foto: El Colectivo

Don Antonio, que entre sus vecinos del barrio Bello Oriente en Medellín es un privilegiado porque tiene trabajo, ha tenido que eliminar este año de la dieta de su familia la poquita carne y la leche que aún el año pasado consumía. Ya en diciembre, el salario le alcanzaba para muy poco, pues durante todo el año los precios de los productos básicos que su familia consume no hicieron sino subir. Cuando menos acordaron se estaban gastando toda la plata comprando apenas la mitad del mercado. La esperanza era, que al final, el alza del salario mínimo lograra compensar la pérdida que había acumulado por la inflación durante el año. Pero fue una esperanza frustrada. Y eso sí, el primer día de enero ya empezaron a subir los precios del arroz, el aceite, la panela, etc. Sin contar la compra de los útiles que le exigen en el colegio a sus hijos.

Sentados junto a su televisor, don Antonio y su familia miran la tragedia de los niños de la Guajira que se están muriendo de hambre por la desidia del Estado, y piensan que pronto esa será la suerte de ellos mismos.

Como si fuera poco, en agosto del año pasado le subieron los servicios públicos domiciliarios supuestamente para enfrentar el fenómeno del niño, del cual él sabe que no es culpable. Y ahora lo amenazan con un apagón si no ahorra más, a él que la pobreza misma lo tiene sin servicios.

A veces ha pensado en regresar a su tierra en el Urabá, de donde fue desterrado por los paramilitares. Pero los familiares le aconsejan que ni lo intente, pues los asesinos siguen rondando y controlando el territorio sin que el gobierno tome cartas en el asunto. Y él sabe que la cosa es seria, pues los paramilitares no han dejado de ensañarse con los líderes como él. Nada más en estas dos semanas asesinaron a cuatro líderes campesinos.

Con este acumulado ni don Antonio ni alguno de sus vecinos puede estar confiado con la paz que está negociando el gobierno con las FARC en la Habana. Mientras todos los acuerdos allí logrados tienen que ser refrendados en votación popular, el gobierno avanza en la implementación de medidas que asfixian cada vez más a los pobres.

Ya están sancionadas como ley las famosas Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social -Zidres- que, en contra del acuerdo sobre Zonas de Reserva Campesina, favorece la concentración de la tierra en manos de los empresarios del campo y convierte a los campesinos en meros aparceros. También se anuncia una Reforma Tributaria para cobrarle a los pobres los impuestos que ningún gobierno se ha atrevido a cobrarle a los ricos. Eso, amén de que no se vislumbra ninguna salida seria para la crisis de salud que viven los colombianos a causa de la ley 100, mientras las becas que da el gobierno, como limosna para que algunos pobres estudien educación superior, se limitan a transferir recursos del Estado a la universidad privada, desfinanciando a las universidades públicas. Lo que quiere decir que los hijos de don Antonio difícilmente llegarán a la universidad si esta estrategia se mantiene.

Analizando esta situación, don Antonio, sus vecinos y muchos otros obreros, estudiantes y campesinos decidieron tomarse las calles en el Paro Nacional del próximo 17 de marzo. La calle perturbada,  la movilidad truncada y la producción paralizada parecen la única manera de acabar la sordera de este gobierno frente a la suerte de los pobres. Por eso la meta es el gran Paro Cívico Nacional.

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