Alerta en el Macizo Colombiano

Por Rubén Darío Zapata

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Foto: Almaguer-Cauca

Eran más o menos las 8:30 a.m. cuando un grupo de ocho hombres, vestidos de camuflado y armado con fusiles salió a la carretera, en el punto conocido como Guayabillas, del corregimiento de Llacuanas, municipio de Almaguer- Cauca, y detuvo los vehículos que pasaban por allí en ese momento. Sin identificarse se dirigieron a uno de los vehículos y sacaron directamente a tres pasajeros: Joel Meneses, Nereo Meneses y Ariel Sotelo. Los llevaron hasta el sitio conocido como Monte Oscuro, entre los municipios de Bolívar y Almaguer, los hicieron acostar bocabajo y los asesinaron con tiros de gracia. Estos eran los hechos con los que se estrenaba el acuerdo de cese bilateral del fuego entre el Gobierno y las FARC.

Ese mismo día, lunes 29 de agosto, otro grupo armado asesinó a dos indígenas de la comunidad Awá en el municipio de Tumaco, Nariño: los hermanos Alberto y Luciano Pascal García. Esto sucedió cuando los hermanos se desplazaban hacia el resguardo Palanga – Hojal La Turbia desde el municipio de Llorentes. El viernes anterior otro indígena Awá había sido asesinado, Camilo Roberto Taicus Bisbicus, a quien le dispararon desde una moto en las calles de Tumaco. Ese mismo fi n de semana asesinaron también a Diego Alfredo Chirán Nastacuas, otro indígena. Chirán fue interceptado por un vehículo en el corregimiento El Diviso. Desde allí lo llevaron al municipio de Barbacoa, donde le propinaron siete disparos.

Todos estos hechos evidencian el recrudecimiento de la guerra en una región históricamente azotada por el conflicto armado, justo el día en que se supone se empezaba el cese bilateral, algo largamente añorado sobre todo en las regiones más afectadas por la guerra. Ello revive los temores que se agitaron fuertemente en el primer semestre de este año cuando arreciaron los asesinatos de líderes sociales, sobre todo campesinos, a manos de viejos reductos paramilitares.

El Caso concreto de Almaguer Almaguer es un municipio del Cauca ubicado en la zona del Macizo Colombiano, donde nacen los ríos y quebradas más importantes del país, como el Magdalena y el Cauca, es por tanto una inmensa reserva natural y una gran fuente de agua. Y las comunidades rurales que habitan en Almaguer y otros municipios aledaños al Macizo se han organizado históricamente en defensa del agua y la soberanía alimentaria. Su propósito fundamental ha sido la declaratoria del Macizo Colombiano como patrimonio de la biósfera, fuente de agua y de alimentos, y defenderlo de la minería, que hoy se cierne como la gran amenaza (más de 12 mil hectáreas se encuentran en explotación de oro, platino y cobre, solo en Almaguer y sus alrededores. Otras 45 mil hectáreas están solicitadas en concesión).

Una de las organizaciones que más se ha destacado en esta lucha es el Comité de Integración del Macizo Colombiano-CIMA, cuyo trabajo se ha enfocado en el fortalecimiento de los procesos organizativos de las comunidades rurales

del Macizo, la lucha por la tierra y la defensa de los recursos naturales. Con propuestas para la producción de alimentos diversifi cada, en contra del monocultivo, dirigida a la nutrición de las familias y no del mercado. Además exigen del gobierno, ante la expansión de los cultivos de coca en la región, una política de sustitución de cultivos concertada. Precisamente Joel Meneses, una de las personas asesinadas el 29 de agosto, había sido uno de los fundadores del CIMA y líder histórico de la región.

Según Guido Albán Rivera, integrante del CIMA, el confl icto social se ha agudizado en Almaguer durante los últimos cuatro años, después de que los partidos tradicionales perdieron el control sobre la administración municipal en las elecciones de 2011. “El periodo de administración de 2012 a 2015 fue ganado por un joven, Francisco Hoyos, que venía de un proceso alternativo. Si bien consiguió el aval por Cambio Radical, su propuesta siempre fue apoyar las comunidades y abrir los espacios para la participación y la descentralización de los recursos”.

Francisco Hoyos y otros líderes sociales, campesinos, e indígenas crearon “PROCAMINA”, Proceso Campesino  e Indígena de Almaguer. Desde este espacio iniciaron un proceso en contra de la minería y de la política minera. A comienzos de 2013 realizaron un foro contra la minería, en el que participaron más de 2.500 personas. Allí se determinó que el suelo de Almaguer no era para el extractivismo, sino para la producción de alimentos y para la conservación de las fuentes hídricas y demás recursos naturales. También se impulsó la defensa de los campesinos que siembran coca, para que se realice la erradicación con alternativas sociales.

“Como resultado de ese trabajo –dice Guido-, las elecciones de alcaldes en 2015 en Almaguer las ganó un miembro del CIMA, Albeiro Galindes”. Pero esa situación no fue muy bien recibida ni por los partidos tradicionales ni por las empresas mineras, por eso, según Guido, empezaron las amenazas, la persecución contra las organizaciones y el asesinato de varios líderes.

El 30 de septiembre de 2013 asesinaron a Adelinda Gómez, una líder social del Cima, que se había destacado en la convocatoria y socialización del foro contra la minería y hacía parte del proceso de Mujeres Maciceñas.

En Octubre de 2015 asesinaron también a John Gómez, hijo de un concejal electo, y un líder de Procamina. Al mes siguiente asesinaron a Ignacio Males, secretario del Concejo Municipal de Almaguer y líder comunitario que venía denunciando la contaminación del río Ruíz por desechos de la minería. “Después de su asesinato empezaron las amenazas, por mensajes de texto y a través de las redes sociales, contra el actual alcalde y varios líderes de Procamina, sobre todo aquellos que habían liderado el foro contra la minería. Al alcalde le decían, por ejemplo: ahora seguís vos so hp”. Estas amenazas provocaron un desplazamiento masivo de muchas familias de Almaguer y la Alcaldía debió despachar en varias oportunidades desde Popayán.

La masacre del pasado 29 de agosto en la que asesinaron a uno de los fundadores del Cima y a dos líderes de Procamina, alerta de nuevo sobre la situación de las organizaciones que defi enden el Macizo, con el agravante de que ocurre al parecer en un contexto de dinamización del paramilitarismo al fi nal de un proceso de desmovilización de la insurgencia, lo cual no puede más que recordar los tiempos oscuros del extermino de la UP.

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