Construcción de tejido social en Playa Rica, Cauca

Por Alejandra Guerrero

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Foto: http://www.numeralsiete.com

El departamento del Cauca, territorio del Macizo Colombiano, es uno de los más accidentados del país. Allí yace el Nudo en donde se entrelazan las cordilleras Central y Occidental; posee los valles del Cauca y del Patía, y una parte considerable de la llanura selvática del Pacífico. En uno de sus municipios, ricos en recursos naturales, El Tambo, de 3280 Km² y 194 veredas, ubicado en la región centro occidente del departamento, se encuentra el corregimiento de Playa Rica, habitado por cerca de 3.700 habitantes.

Orígenes del corregimiento

Julio César Zúñiga, presidente de la Asociación Campesina Ambiental de Playa Rica (ASCAP), narra que el corregimiento nació en el marco de la búsqueda de refugio de los campesinos caucanos y caldenses, e indígenas paeces, que migraron a causa de la guerra civil liberal-conservadora del año 1851. Después de esta, llegaron afros del Pacífico vallecaucano y nariñenses consolidando la economía con base en el trueque y la comercialización de lulo, cacao y papaya. Plantaron árboles de achote, zapote, limón y guayaba y sembraron yuca, plátano, banano, maíz, frijol y aromáticas para el autoconsumo. Los indígenas desde siempre han sembrado coca para triturar, tostar, cernir y mezclar con hojas de yarumo para preparar el mambe – producto medicinal y espiritual–, y así realizar sus ritos y ceremonias. La comunidad, desde entonces, comparte un conocimiento ancestral que asume la diferencia cultural como una oportunidad para unirse en torno a la tierra.

A finales de los años 70, cuando el narcotráfico florecía en nuestro país, con la entrada constante de campesinos que venían en busca de tierras productivas, se vislumbró la posibilidad de ampliar los cultivos de coca, los mismos que se emplearon como herramienta para extender fincas y colonizar territorio. Así se entró en una dinámica económica de producción y transformación de esta, lo que configuró una economía solvente de menor exigencia en trabajo y vías, y a una mayor ganancia respecto de las cosechas tradicionales.

Playa Rica hoy

Con todos los actores del conflicto les ha tocado convivir y sufrir, y ello incluye al ESMAD y al Ejército cuando de malas maneras han intentado la erradicación de los cultivos cocaleros. Las vías de comunicación son trochas: de la cabecera municipal de El Tambo hasta el último tramo de la carretera, el viaje dura aproximadamente 3 horas en carro; de allí hasta el corregimiento son 4 horas más a pie. Por ello, no es fácil la entrada de materias primas ni la potencial salida de productos de pan coger, y eso hace que solo el 30% de la tierra cultivable sea para producir productos distintos a la coca.

La falta de políticas estatales que protejan y desarrollen el territorio y su producción legal, y la  lucha constante por la supervivencia ratifican esta práctica agropecuaria de cultivos de uso ilícito al no tener una alternativa gradual y sostenible; por ello, el campesino sigue alzando la voz para exigir su reconocimiento como sujeto de derechos.

Formas organizativas autóctonas

Debido al abandono del Estado y a la falta de inversión social, los pobladores han fortalecido su nivel organizativo, generando conciencia para el desarrollo del corregimiento. Existe una Asociación de Juntas –una especie de gobierno interino– de las nueve veredas de Playa Rica; esta dispone de un Manual de Convivencia, creado hace diez años y aceptado por todos como herramienta para impulsar la solidaridad y el respeto de los bienes comunes: flora, fauna y agua. A partir de este manual se elaboran planes colectivos de trabajo, cuya ejecución se lleva a efecto por todas y cada una de las veredas que se alternan para ello.

Economía comunitaria

Los campesinos del corregimiento hacen bazares, rifas, ferias, bingos y utilizan un porcentaje de la comercialización del cultivo de la coca para promover mingas de trabajo para el mejoramiento y elaboración de infraestructuras tales como la vía El Veinte- Campamento, de una longitud de 5 Km; la construcción del polideportivo, del salón comunal y de los baños escolares; la pavimentación de las calles del centro poblado y la instalación de la energía eléctrica. Otra fuente de ingresos para la organización comunitaria es el peaje que se cobra por cada mula trabajada, dado que la arriería todavía sigue siendo allí una actividad importante.

Actualmente se gestiona la compra de un lote para la construcción del centro de salud, pues a la fecha solo se tiene un puesto atendido por una enfermera auxiliar, por eso cuando alguien sufre un problema grave de salud lo tienen que trasladar a la cabecera municipal en hombros y en camilla de guadua, por pendientes empinadas, antes de subirlo a un vehículo.

Amenazas latentes

Los campesinos de Playa Rica temen desaparecer como colectividad, pues proyectos como las ZIDRES solo contemplan la inversión del capital privado que llegaría acompañado del despojo de territorios. Asimismo ven en todos los tratados internacionales de comercio y en la resolución 970 de 2010, sobre certificación de semillas, una gran amenaza a su progreso económico y a su tejido social.

La erradicación de cultivos de uso ilícito, tal como lo ha planteado el gobierno, les preocupa, pues la ASCAP y las Juntas de Acción Comunal vienen participando en las mesas de negociación para la sustitución de estos sin lograr del Estado propuestas viables. Según Julio Zúñiga, los negociadores tratan de imponer proyectos productivos de poca sostenibilidad, poca inversión en infraestructura y largas cadenas de comercialización que dejarían ganancias pírricas o pérdidas.

Nelly Ipia, lideresa e integrante de ASCAP, asegura que a lo anterior se suma la política estatal de conservación de Parques Nacionales, con la ley 2ª de 1959, que “impide el apoyo estatal de proyectos sociales y el libre desarrollo de la comunidad, dejando como válidos solo los intereses del gobierno, donde el campesino no tiene participación, a pesar de haber estado toda la vida en estas tierras”.

ASCAP y los habitantes de Playa Rica vienen participando en las escuelas de formación con el Coordinador Nacional Agrario (CNA) en temas de cohesión y participación social, soberanía y autonomía alimentaria, y en la red de derechos humanos por la vida. Si bien expresan ideas e inconformidades a través del Departamento para la Prosperidad Social (DPS), están dispuestos a movilizarse para hacer respetar sus derechos históricos.

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