Santiago Maldonado, un cuerpo que habla de nosotros

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Foto: Juan Carlos Stigliano y Julieta Salom

Juan Carlos Stigliano y Julieta Salom

Hasta hace poco más de tres meses el nombre de Santiago Maldonado era desconocido para la mayoría de los argentinos. Supongo que su familia, sus padres, sus hermanos y sus amigos, los de siempre y los viajeros, los del pueblo y los de las comunidades, hablarían de él como Santi, ardilla, lechuga, el flaco, brujito, el vikingo. Hasta hace poco más de tres meses Santiago estaba presente en las conversaciones familiares, con sus llamadas, sus chistes, sus fotos, sus relatos de viajero, las anécdotas que contaba, las muestras de los tatuajes que hacía.

El 1 de agosto de 2017 Santiago desapareció. Pero no se esfumó en el aire, no se perdió, no se fue. Santiago fue desaparecido por la violenta represión en el Pu Lof en Resistencia-Cushamen, provincia de Chubut, en manos de Gendarmería. Los cortes de ruta y las protestas en esa zona se realizaban en el marco de los reclamos de la comunidad mapuche por las tierras adquiridas por el grupo Benetton, que reclaman como propias.

Desde hace dos años el conflicto por las tierras despojadas a los pueblos originarios viola lo establecido en la Constitución Nacional, Art75/Inc17 que obliga al Estado a “reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan”.

El 1º de agosto, Santiago se encontraba cortando la Ruta 40 junto con un pequeño grupo de manifestantes. Más de un centenar de gendarmes emprendieron un operativo represivo que se extendió sobre el territorio de la comunidad de manera ilegal y violenta. Ni militante ni activista, Santiago se solidarizaba con las causas justas, por eso acompañaba los reclamos de la comunidad mapuche por las tierras que le habían sido arrebatadas. Balas de plomo, gritos, tiros, persecuciones. Y Santiago desaparecido.

La Desaparición Forzada es un delito de lessa humanidad, imprescriptible, cometido por el Estado en uso exclusivo de la fuerza, potestad que debe ser garantía para los ciudadanos y no una violación a los derechos humanos. Las desapariciones de personas a causa, por ejemplo, de secuestros, trata, robos, son delitos que el Estado debe investigar, descubrir y condenar. Y son delitos de los que el Estado debería cuidarnos y protegernos. Pero cuando en pleno uso de sus facultades el mismo Estado que debe garantizar seguridad reprime, secuestra, desaparece o mata, “ese” delito es cometido contra todos y cada uno de los ciudadanos.

A partir de ese momento todos empezamos a hablar de Santiago Maldonado.

Supimos que viajaba desde hacía diez años, que usaba rastas, barba y pelo largo. Que era de 25 de Mayo, tenía 28 años y era vegetariano, aunque se lo ve sonriendo en las fotos de los asados con amigos. Supimos que su mamá, Stella, se comunicaba con él casi todos los días, con un mensajito al menos, y pasaba los partes al grupo de la familia. También supimos que era artesano, tatuador, y estaba tatuado también. Y supimos que escribía sus pensamientos en una libretita, que dejó entre sus cosas en la casa de un amigo. Supimos muchas cosas de él y su familia, mientras nos preguntábamos ¿Dónde está Santiago Maldonado?

La desaparición forzada de Santiago Maldonado pone de manifiesto el carácter represivo de las políticas de seguridad del actual gobierno, para el que toda manifestación de reclamo social debe ser eliminada por la fuerza. Fue una evidencia más de la persecución política que actualmente sufren los militantes sociales, la prisión de sus dirigentes, la militarización de los territorios, la usurpación de la tierra y la criminalización de la lucha. Pero también pone de manifiesto los gestos de solidaridad y la defensa de los Derechos Humanos que este pueblo asume y dignifica.

Mientras Santiago estuvo desaparecido se realizaron multitudinarias marchas de reclamo. Se multiplicaron las campañas en las redes sociales, hubo intervención de organismos internacionales como la ONU, Amnistía Internacional, y la CIDH, que se unieron a los pedidos de esclarecimiento de la familia y los organismos nacionales de DDHH. Si bien los medios hegemónicos en complicidad con el gobierno y las fuerzas de seguridad intentaron acallar las voces, miles de personas en la calle insistían en preguntar ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Pero el mismo Ministerio de Seguridad que había sido partícipe en la represión, bajo las órdenes de Pablo Noceti, jefe de Gabinete del ministerio que comanda Patricia Bullrich, se encargaba de una investigación que acrecentaba las dudas y no daba ninguna respuesta. Luego de 77 días, cambio de juez mediante, un cuerpo aparece a la vera del río. Era el cuerpo de Santiago. Apareció el 17 de Octubre, 300 metros aguas arriba del lugar por donde Santiago Maldonado había cruzado el río Chubut el 1º de Agosto, luego del tercer rastrillaje que se realizara en la zona.

Un cuerpo que aparece en un lugar recorrido y vigilado. Un cuerpo que esperamos responda a la pregunta ¿Qué hicieron con Santiago Maldonado? A casi cuatro meses del operativo de gendarmería, el Caso Maldonado pone en evidencia la complejidad del rol de las fuerzas de seguridad en los Estados democráticos, la función de los medios de comunicación, la manipulación de la información y la insistente voz del pueblo en la calle. La trama de complicidades y encubrimientos, la impunidad en el uso de la fuerza, la arbitrariedad de los funcionarios de justicia son los resortes de un engranaje autoritario que necesita imponerse desde las políticas represivas.

Todavía no sabemos qué pasó con Santiago Maldonado, no sabemos cómo llegó su cuerpo a la vera del río, en un lugar poco profundo y que había sido recorrido ya tres veces por distintos equipos de rescate. Todavía no sabemos por qué el operativo de desalojo de la ruta 40 se extendió al territorio de la comunidad. Mientras se esperan los resultados de la autopsia, la familia de Santiago sigue siendo hostigada y amenazada. Probablemente el cuerpo de Santiago hable y nos diga algo. Pero no podrá decirnos todo, porque quienes deben hablar son los verdaderos responsables.

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