De pulmón a ladrillo

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Fotos: CIPAS y Dario González Arbeláez

Por Darío González Arbeláez

El Manzanillo es uno de los siete cerros tutelares del Valle de Aburrá; su característica forma triangular, rematado por una fina punta, en la cual fue instalada hace un par de años una base militar, es uno de los distintivos de Itagüí, municipio al sur del Valle. Pero dicho cerro no es solo distintivo, es también el único pulmón verde de uno de los municipios más pequeños y más densamente poblado de Colombia.

A lo largo y ancho de las laderas del Manzanillo, que comprenden aproximadamente cinco kilómetros cuadrados, se cuentan ocho veredas: La María, Los Olivares, El Pedregal, la Loma de los Zuleta, El Progreso, Los Gómez, El Ajizal y El Porvenir. Habitadas y construidas, en su gran mayoría, por familias desterradas del campo o de escasos recursos que encontraron en el cerro la posibilidad de tener un pedazo de tierra dónde vivir. Por ello no sorprenden las eras al lado de las casas, las gallinas que se paran en mitad de las calles estrechas y empinadas, o las extensas mangueras negras que bajan desde el cerro y se detienen en cada casa.

Lo que sí sorprende en medio de dicho paisaje popular son las altas y humeantes chimeneas, las continuas explosiones, los vehículos de carga pesada, la capa de polvo que cubre las calles y las fachadas de las casas, además de las extensas hectáreas que han sido despojadas de su verde natural, hasta descubrir su color cobrizo; son las mismas hectáreas perforadas, arañadas y finalmente aplanadas día a día.

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La arcilla extraída del corazón del Manzanillo, posteriormente transformada en tejas y ladrillos, se ha constituido, durante más de cien años, en uno de los materiales esenciales para el crecimiento urbanístico de la ciudad, es decir, para el “desarrollo y progreso” de la misma. De modo que las empresas familiares que a finales del siglo XIX comenzaron a producir ladrillos y tejas de manera artesanal, devinieron en fábricas tecnificadas que tienen a su servicio retroexcavadoras, volquetas y ‘seguridad privada’, además de títulos mineros que les concesionan por más de 20 años: 200 hectáreas para explotación minera, las cuales constituyen aproximadamente el 30% del área que comprende el cerro, como advirtió la Corporación Therra en el informe que presentó en 2013 a Corantioquia.

Si bien los más de 20 tejares y ladrilleras que arañan el Manzanillo no están ubicadas en todas las veredas, sí tienen presencia en las tres más grades, a saber: Los Gómez, el Ajizal y el Porvenir.  Desde allí sus incesantes chimeneas emanan gases tóxicos y material particulado, que como advirtieron en 2013 los especialistas en gestión y atención del riesgo, Mauricio Sánchez y Luis Alberto Zapata, en un artículo sobre el impacto ambiental de las ladrilleras en Itagüí: “Las micropartículas de ceniza, azufre y polvo inferiores a 10 micras suspendidas en el aire alcanzan a ser inhaladas y pueden ocasionar afecciones pulmonares como: asma, bronquitis y cáncer por la alta exposición directa o por la proximidad a las fuentes de emisión”.

Al impacto ecológico, a raíz de la deforestación y emanación de gases tóxicos, se suma el hecho de que mientras todas las ladrilleras cuentan con un sistema de acueducto con un flujo hídrico permanente, la mayoría de hogares de estas veredas reciben agua durante algunas horas al día. Y, y de acuerdo con algunos habitantes del Ajizal, hay días en que el agua no llega a sus casas.

Sin embargo, para el grueso de los habitantes de Los Gómez y del Ajizal, las ladrilleras no representan un problema sino una fuente de empleo, a pesar de que en su mayoría sean informales, como evidenciaron los especialistas en gestión del riesgo antes mencionados: “Según Ladrilleros Asociados de Antioquia (Lunsa), se reporta la generación de 700 empleos directos y unos 2.800 indirectos”.  Pero, no todos los habitantes ven una fuente de empleo en las ladrilleras.

Una residente del Ajizal, que por seguridad decidió reservar su identidad, cuenta que las ladrilleras guardan una estrecha relación con las constructoras que desde hace un par de años vienen levantando edificios para vivienda en la parte baja de la vereda. Son proyectos levantados en los terrenos anteriormente explotados y aplanados por la intervención minera. Pero, lo que más preocupa a la vecina son los futuros desalojos, ya que la actividad de las ladrilleras cada año va ascendiendo más segura hacia la parte superior del cerro.

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Además, como habitante del Ajizal y caminadora de todo el Manzanillo desde hace varios años, conoce de primera mano las afectaciones al ambiente que produce la minería; por ello afirma que denunciar ante las autoridades competentes el incumplimiento de la norma ambiental por parte de las ladrilleras resulta, en el mejor de los casos, inútil. Como es sabido, la mayoría de éstas ladrilleras cuentan con “seguridad privada”, encargada de disuadir, ‘por las buenas o las malas’, a todo aquel que decida interponerse en sus operaciones; cortésmente, dichos regentes de la seguridad, le advierten al denunciante que mejor se vaya de la vereda o que no vuelva a subir a ella.

Pese a ello, las autoridades municipales alardean de su oportuna intervención en todas las ladrilleras y tejares que, de acuerdo con la norma ambiental, afectan al medio ambiente y, por ende, a la salud de los Itagüiseños. Pero, en realidad, como advierte la vecina, las ladrilleras que supuestamente están clausuradas siguen funcionando a ojos vistas de la administración. El mismo día que las autoridades reciben la denuncia de que las ladrilleras cerradas están funcionando, ‘misteriosamente’ éstas son advertidas de la próxima visita. Por este motivo, cuando al fin llegan las autoridades no hallan más que hornos apagados…

De modo que con denuncias o sin ellas, las retroexcavadoras continúan arañando el cerro, las canteras se siguen ensanchando, las chimeneas humean insistentemente, el polvo se empeña en cubrir las calles y fachadas, los camiones y volquetas suben y bajan de la vereda, y las ladrilleras trabajan incansablemente para que la producción mensual de cinco millones de ladrillos no se reduzca.

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