El Guantánamo de los niños

El guantanamo de los niños - El dictamen
Foto tomada de http://www.eldictamen.mx

Por Renán Vega Cantor

Guantánamo, territorio de Cuba que es ocupado ilegalmente por los Estados Unidos desde hace más de un siglo, es tristemente célebre por haberse convertido en una cárcel y centro de tortura de ese país, como un claro ejemplo del irrespeto de la dignidad humana por parte de la primera potencia mundial. Jaulas, cadenas, perros de guardia, policías armados hasta los dientes, hombres torturados y reducidos a escombros, arrogancia y criminalidad imperial son algunos de los “grandes logros” de Guantánamo. Eso mismo sucede en el propio territorio continental de los Estados Unidos, con un elemento adicional de sadismo extremo: los que son enjaulados son niños, algunos de ellos bebes de pocos meses de nacidos, que han sido brutalmente separados de sus padres. Este es el Guantánamo de los niños, por si algo le faltaba al fascismo social que impulsan los Estados Unidos.

Los niños como enemigos

Las imágenes que dan la vuelta al mundo sobre niños enjaulados como perros es presentada por algunos medios de desinformación como si fuera una realidad nunca antes vista en los Estados Unidos. En realidad, en ese país los niños pobres siempre han sido vistos como enemigos, tanto en el exterior como adentro. Es bueno recordar que hace justamente 50 años, en 1968, se produjo la masacre de May Lai en Vietnam, cuando fueron asesinadas unas quinientas personas por las tropas invasoras de los Estados Unidos, entre ellos muchos niños. Al respecto, uno de los participantes reconoció que también habían matado niños. El periodista Seymour Hersh señaló sobre este crimen: “En lugar de encontrarse con el enemigo, en el poblado solo había familias, mujeres, niños y ancianos. Y entonces comenzaron a asesinarlos. Los arrojaron a una zanja, violaron a las mujeres, los mataron. Arrojaban a los bebés y los atravesaban con bayonetas”.

Ese es solo un ejemplo de la muerte programada de niños por los Estados Unidos, que tiene una larga historia, como lo dice el cineasta Michael Moore: “Pasamos de separar a los bebés indígenas de sus padres (y luego exterminarlos), a robar bebés de sus padres esclavos (y luego revenderlos como esclavos), a construir un país basado en el trabajo infantil (trabajando en fábricas desde los ocho años), a encarcelar niños japoneses-americanos en campos de internación, a permitir que sacerdotes abusen sexualmente de niños durante décadas, a forzar baldes de jarabe de maíz alto en fructosa por la garganta de los niños hasta que la mitad de ellos forman parte de una epidemia de obesidad infantil, a convertir nuestras escuelas en campos de exterminio porque amamos nuestras armas más que lo que amamos a nuestros niños”.

Donald Trump no viola los valores de los Estados Unidos, como repiten ciertos medios despistados o malintencionados; simplemente es consecuente con ese otro valor estadounidense: torturar y matar niños. Como lo dice nuevamente Moore: “Abusar de niños es un valor histórico estadounidense. Estén orgullosos, estadounidenses: Trump somos nosotros”.

Tolerancia cero para migrantes

Enjaular niños en la frontera con México se ha disparado en los últimos meses como resultado de la aplicación de la política de “tolerancia cero” para los migrantes, esto es, que toda persona –incluyendo niños– que sea sorprendida cruzando la frontera de forma ilegal será procesada y condenada en forma inmediata.

Esto se traduce en un aumento de adultos encarcelados, niños separados de sus padres y enjaulados. Diariamente cientos de personas procedentes de América Central y Sudamérica que tratan de ingresar a los Estados Unidos son detenidas y les son arrancados sus hijos a la fuerza y distribuidos en las cárceles-jaulas acondicionadas en 17 de los Estados de la Unión Americana. La “tolerancia cero” determina que el intento de ingresar a Estados Unidos por la frontera sur es un delito, un crimen que debe ser penalizado, y una de las formas adoptadas para combatirlo es separar a las familias y considerar como criminales a los niños, entre ellos bebes recién nacidos.

Esta política es un crimen de lesa humanidad que implica, en muchos casos, que los hijos y los padres nunca más se vuelvan a ver en la vida, por la sencilla razón de que ellos están privados de la libertad, generalmente no saben inglés y nunca se les informa de los lugares adonde se llevan a los niños. Es paradójico que uno de los elementos propagandísticos contra la revolución cubana y recientemente contra Venezuela, la separación de padres e hijos, sea una dura realidad en los propios Estados Unidos, como expresión de la descomposición moral de esa sociedad, que dice ser la campeona de la justicia y la libertad.

Negocio con el dolor humano

En Estados Unidos todo se convierte en un negocio lucrativo, todo se mide en dólares, hasta el dolor humano, en este caso el de los niños separados. Aunque no se conoce con detalle la información al respecto, puesto que es manejada casi secretamente, sí se sabe que hay miles de millones de dólares en juego, de los que se lucran instituciones privadas, destinados por el Estado para alojar, transportar y cuidar a los hijos de los migrantes encarcelados en la frontera sur. Por ejemplo, Southwest Key Programs, una organización sin fines de lucro, ha ganado 955 millones de dólares, como resultado de los contratos federales desde 2015.

En la medida en que se aplique a rajatabla la “tolerancia cero” mayor será el dolor que ello produzca entre los migrantes, pero también mayor serán las oportunidades de negocio que de allí se deriven, porque son miles los niños separados o porque la nueva directriz presidencial ahora permite enjaular familias completas. Los operadores de refugios, constructores y contratistas privados se frotan las manos con las nuevas fuentes de ganancia que se desprenden de la persecución a los migrantes y a sus hijos, por el nuevo programa gubernamental que se denomina, con toda la crueldad del eufemismo, “de menores extranjeros no acompañados”.

Otros que ganan con la nueva política son las compañías aéreas que han aumentado el número de vuelos, diarios y semanales, hacia México, financiados por el gobierno federal, para repatriar a la fuerza a miles de indocumentados, muchos de los cuales vivían desde hace más de veinte años en los Estados Unidos. ¡Con esto se demuestra que el sueño americano no puede ser gratis!

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