Por todo se paga vacuna

Sucedió hace unos cuatro meses, en la parte baja de la vereda El Llano, San Cristóbal, corregimiento de Medellín. En un fin de semana se hundió completamente la banca de un tramo de la carretera principal que conduce al Llano parte alta y a la vereda Naranjal. Quienes salieron temprano ese sábado se sorprendieron con las grietas en la carretera, que aparecieron de un momento aotro, pero más se sorprendieron en la tarde, al regresar, con la profundidad que en solo un día habían alcanzado tales grietas. Al otro día, la carretera estaba cerrada por hundimiento total.

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Por Equipo de Redacción.

Los más curiosos se detuvieron a observar el fenómeno y hasta le tomaron fotos. Entonces pudieron adivinar la causa de tal contingencia: por debajo del asfalto corría agua en grandes cantidades.

Posibles Responsables

La naturaleza misma pudo haber sido la responsable del hundimiento de la banca, pues la vereda El Llano se caracteriza por la gran cantidad de afluentes subterráneos que tiene. Pero hasta ahora esas aguas parecían convivir pacíficamente con la actividad agrícola de los campesinos que habitan esta zona rural de Medellín. Otra causa, según la comunidad, podría ser afectaciones de largo plazo de la construcción del túnel que acorta el camino entre Medellín y municipios del occidente como San Jerónimo y Santafé de Antioquia, por la vía al mar. Dicho túnel se construyó paralelo a la carretera del Llano, justo por donde se hundió la banca.

De hecho, los campesinos ya habían librado varias batallas contra esta construcción que hace parte de la megaobra Mar 1, igual que un puerto que se está construyendo en El Llano para recibir containers. La construcción de la primera boca del túnel produjo varias afectaciones en la comunidad, muchas de las cuales ni siquiera fueron atendidas por la empresa constructora: se perdieron algunas aguas que corrían por la superficie, sobre todo en las veredas El Naranjal y La Cuchilla; hubo varias fallas en el terreno que generaron inestabilidad y erosión; muchas casas resultaron agrietadas y algunas sufrieron pérdida total. La producción agrícola de los campesinos se vio disminuida ostensiblemente, porque las aguas que antes irrigaban el terreno se filtraron por otras partes, con lo cual la tierra productiva perdió parte de su humedad natural; además, los agricultores no contaban con las fuentes de aguas superficiales que ya no brotaban en sus predios.

A finales del año pasado, con motivo de la celebración del día del campesino, los habitantes de varias veredas de San Cristóbal, aledañas al túnel, decidieron recolectar firmas para interponer varios recursos ante la alcaldía de Medellín con el fin de evitar la construcción de la segunda boca del túnel, que ya había comenzado. Por un tiempo estuvo parada la obra gracias a los recursos interpuestos por la comunidad, pero fue apenas una tregua corta, hace menos de un mes se reiniciaron allí los trabajos.

No solo la banca se hunde

Entre tanto, la reparación de la carretera que conecta a las veredas El Llano y El Naranjal con el casco urbano del corregimiento y con la ciudad no avanzaba. Tan pronto como sucedió el daño, los líderes de la comunidad, representantes del colegio de la vereda y la Junta de Acción Comunal acudieron a la Alcaldía, que de inmediato se comprometió con la reparación. Dos semanas después llegaron los técnicos a revisar el terreno y en cuestión de un mes empezaron los trabajos.

Pero, como muchas zonas de la ciudad, SanCristóbal desde hace años vive bajo el terror impuesto por las llamadas bacrim, que allí siemprese han reconocido como “los paracos”. No hay máquina retroexcavadora a la que le permitan moverse sin que pague una cuota de sus ingresos, la famosa “vacuna”; la pueden llevar a donde sea y hasta allá llegan. En veredas como la Palma han suspendido varias obras por las vacunas, porque, además, los montos que piden son muy altos. En El Llano todo el que va a vender una casa, una finca o un lote tiene que pagar vacuna. Y el que compra también. Al que esté construyendo le cobran y si saben que compró un carro,que amplió la huerta, que consiguió cerdos o gallinas, no se escapa de la vacuna.

Apenas empezada la obra de reparación seaparecieron algunos integrantes de este grupoy le dejaron las cosas claras a los contratistas ya los trabajadores: tenían que pagar la vacunao no podían continuar con los trabajos. Algunos dicen que pedían 40 millones, otros dicenque era menos. El caso es que, efectivamente,la obra se paró. A las familias que vivían al ladode la carretera, en el tramo donde está el daño, la Alcaldía les dijo que debían evacuar, pero no se responsabilizó del asunto. Entonces la gente decidió correr el riesgo y esperar a que el tiempo decidiera su suerte; muchos han vivido allí toda la vida y ninguno tenía para dónde irse.

La gente está desesperada

Entre tanto, ha estado funcionando una vía alterna muy pequeña. La afectación que ha sentido la comunidad es muy grande, pues aquel territorio se ha venido configurando como un polo de desarrollo. De donde está la falla hacia arriba hay mucha gente que está construyendo sus casas y sus fincas, y más arriba hay una empresa de jugos que diariamente mueve mercancía, también hay galpones de pollos, y cría de cerdos; eso, aparte de los cultivos que tienen los campesinos en sus fincas.

Así que la vía se ha deteriorado enormemente, porque no estaba hecha para esos trajines. La gente se lamenta de los grandes trancones que se arman diariamente, y a veces pueden durar horas. Y es que, además, la vía es tan estrecha que ni siquiera caben al mismo tiempo un carro pequeño y una moto, mucho menos dos carros. El problema gordo es cuando suben los furgones, camiones y volquetas, a recoger mercancía o a llevar materiales de construcción. Ya han ocurrido varios accidentes: taxis que se chocan con motos, carros con carros; y algunos carros se han volteado al iniciar la pendiente que hay antes del hundimiento, por el desvío. Lo más preocupante es que por allí transitan los estudiantes del colegio, que está dos cuadras arriba de la falla vial. Los estudiantes se desplazan de los buses que los dejan antes del daño en la carretera hasta el colegio, y luego del colegio hasta los buses. En varias ocasiones algún muchacho o muchacha se ve a punto de sucumbir bajo las llantas de un carro o una moto. Por eso muchos habitantes llegaron a manifestar que debería pagársele a este grupo lo que pide a fin de que la obra pueda realizarse. Incluso se han conocido iniciativas de algunos líderes que proponían recoger entre la comunidad algo de dinero para entregarle al grupo, con la esperanza de que se conformara con menos y dejara continuar los trabajos de reparación de la vía.

Entre el miedo y la complacencia

La comunidad se mueve entre el miedo y la condescendencia con el grupo armado. Es un hecho que hoy este grupo controla buena parte de la dinámica social y familiar del corregimiento, en parte con anuencia de la misma gente que, en algunos casos, prefiere llamar al grupo para resolver los problemas entre vecinos que a la misma policía. La gente reconoce que eso es muy común no solo en El Llano sino en todas las veredas de San Cristóbal (posiblemente en todos los barrios populares de Medellín). Pero al escucharla se evidencia también que en esta actitud hay mucho miedo. Y es que, como cuentan algunos habitantes del Llano, cuando el grupo llegó impuso su presencia con terror. Son innumerables las historias de ladrones que cogían, o que la misma comunidad denunciaba, y los ajusticiaban delante de la gente como para dejar claro de qué eran capaces. También se cuentan historias de muchachos a los que hacían correr desnudos, en pleno día y a la vista de todos, amarrados a una camioneta que subía a la parte alta del Llano y volvía a bajar a toda velocidad. Algunos se lamentan de no haber parado aquello desde el principio, pensando en que era un solo tipo armado con un fusil en una camioneta; otros precisan que igual no hubieran podido hacer nada, al fin de cuentas nunca era solo el de la camioneta.

No es solo en San Cristóbal

Esta historia que hoy se vive en San Cristóbal parece cada vez más común en todo Medellín. Hace poco, un volquetero que trabajaba cargando materiales para un proyecto de viviendas de interés social que se estaba construyendo en el barrio París, se lamentaba de que se había quedado sin trabajo porque la obra la habían parado. “Los muchachos”, decía, con sus armas bien visibles y le dijeron al constructor que si quería continuar con la obra tenía que darles dos apar tamentos, 40 millones de pesos y una cuota fija mensual. Hubo un tiempo que la construcción delTranvía que va del centro de la ciudad a Bue-nos Aires estuvo detenida. Y entonces empezó a escucharse el rumor de que lo habían parado porque las bandas estaban cobrando una vacuna impagable, y además se estaban robando los materiales. Posiblemente nunca se comprueben estos rumores, pero a la luz de lo que vive Medellín desde hace años, esto es bastante probable. ¿Y dónde ha estado la policía? Según cuentan algunos habitantes de San Cristóbal, la policía rara vez ha intervenido en los conflictos con “los paracos”. Parece que hubiera un pacto tácito de no agredirse ni cruzarse uno por el camino del otro. Un campesino de la vereda la Cuchilla cuenta que hace algún tiempo tuvo una discusión con miembros del grupo, porque le estaban exigiendo pagar unos daños que no eran suyos. Como las discusiones habían estado muy acaloradas, el hombre decidió, sin que los otros se dieran cuenta, llamar a la policía. Y, efectivamente, al poco tiempo pasaron varios patrulleros en sus motocicletas, pero, al reconocer de lejos que los otros estaban armados, siguieron derecho. Entre tanto, los delincuentes se apresuraron a guardar sus armas, se subieron en sus motos y desaparecieron. A los cinco minutos volvió a pasar la policía y como no vio nada raro siguió de largo.

Una solución en punta

Antes de El Llano hay otra vereda que se llama Travesías. Allí, en el sector conocido como Aguas Frías, hay una vía muy angosta y muy pendiente que atraviesa un caserío, donde el flujo vehicular es cada vez más intenso. Desde hace varios años esta vía ha estado en mal estado y al fin la Alcaldía decidió intervenirla. Pero, igual que en el Llano, apenas empezaron la obra, llegaron “los paracos” exigiendo la vacuna. Los trabajos se suspendieron y entonces la comunidad apeló mediante varios recursos a la Alcaldía y esta decidió que los trabajos había que continuarlos con la protección de la policía. Y así fue. Poco a poco la gente se acostumbró a ver un uniformado cuidando a los trabajadores, y al lado de él a algún “paraco” reconocido, cada día uno distinto. Entre tanto, los trabajos para reparar el daño en la vía del Llano seguían detenidos. Según cuenta la comunidad, al ver que no les iban a pagar, empezaron a regar el rumor de que iban a abrir la vía en las terribles condiciones en que estaba, acaso para presionar a la comunidad ante los riesgos que esto implicaba. Y efectivamente, a finales de agosto lo hicieron y, además, parece que se robaron el hierro En la primera semana de septiembre, sorpresivamente, regresaron los trabajadores y reiniciaron la obra. Todo el tiempo hay dos policías cerca, y siempre cerca de ellos algún “paraco”. La gente está contenta de que la obra esté avanzando, pero sigue inquieta. No sabe hasta dónde puede llevar realmente esta solución de la Alcaldía.

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