¡Ah! ¡Que me matan!

Sección por Jhonny Zeta.
A nuestras tribus acosadas
Y gritaron las voces escondidas
¡Ah! ¡Que me matan!
Pero nadie las oyó,
Porque el estruendo de voces
Negando haber entregado
Su alma al diablo no cesó,
Al contrario, se formó un eco
simultaneo
Que borró todo asomo de
discernimiento.
Y gritó el Orinoco
Y el Arauca
Y gritó el Amazonas
Y gritaron los llanos
Y la selva
¡Ah! ¡Que me matan!
Pero nadie los oyó.
Y el ritual de la lluvia
Apareció
Y el coro ancestral
recorrió los caminos
Y con sus pies descalzos
Llegó a las calles de
una ciudad incierta
Pero nadie lo vio
Y nadie lo oyó
Porque las voces de los acusadores
Arreciaban
Porque las voces de los “limpios”
Ensordeciendo a la opinión pública
Los acallaron.
Entonces gritaron
los árboles de banano y café
pero la sigatoca y la broca
de los soldados de la guerra
los arrasó.
Y gritó él
Y gritó usted
Y grité yo
Y gritaron las rocas
Y silbó el viento
Y silbó y silbó
Y la opinión pública se desplomó
Y la Historia
-que ya estaba moribunda-
volvió a entreabrir uno de sus ojos
y en ese instante, el ángel de dios
le dio lápiz y papel
y le dictó para que escribiera:
“De polvo y olvido
está hecho el corazón del hombre
pero no el de las rocas
Ellas, unidas al viento
No te dejarán morir
¡Oh Historia!
Y las verdades ocultas se sabrán
Y las mentiras no tendrán escondite
Seguro
Y las muertes de los condenados
Por el silencio y en el silencio
Nunca se enterrarán.
Dialéctica amorosa
Conversamos ayer
Sobre la sinceridad
Y yo te dije que alguien dijo
Que hay hombres que solo rostro son
Solo mirada
Pero no te dije
Que tú eras uno de ésos
Que a punta de hablar
Solo con ojos
Terminan desnudándose el alma.
Esa mirada limpia
Ha robado mi tranquilidad
Sobretodo
Porque ha empezado
A derribar el muro
Que me protege.
Julia Pacheco. San Miguel, Santander.
Poemas tomados del libro Sepia para el camino (2002).
