El Grupo de Lima y “el golpe” contra Maduro

Imagen tomada de https://www.laizquierdadiario.com

Por Álvaro Lopera

Se le vio a Duque hablar de dictadura el 7 de agosto en su posesión, y se le vio, de nuevo, alzando la voz en la Asamblea de la ONU, hablando de la dictadura de Maduro y la necesidad de derrocarlo. Duque recibía de Santos la participación de Colombia en ese Grupo de Lima provocador y bullanguero. El Grupo de Lima, una coalición de países a quienes une el pensamiento neoconservador y neoliberal, compuesto por Paraguay, Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Colombia, México, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá y Canadá, se mueve actualmente en función de un golpe de estado en Venezuela, de la mano del secretario general de la OEA.

Los primeros pasos

En agosto de 2018 oímos y vimos por todos los medios de comunicación el intento de magnicidio contra Nicolás Maduro. El 20 de mayo había ganado las elecciones presidenciales con una participación cercana al 41% del censo electoral, del cual obtuvo cerca del 67% de los votos. La derecha se fraccionó y solo participó una parte, pues antes del evento democrático se retiró por orden de Washington, de las conversaciones que sostenía con el gobierno bolivariano. Rex Tillerson, el exjefe del departamento de Estado norteamericano en visita a Colombia en febrero, le ordenó a la oposición suspender las conversaciones que sostenían con el gobierno venezolano en la República Dominicana.

La oposición había solicitado el adelanto de las elecciones presidenciales para mayo, pero al hacer los cálculos electorales y no darle las cifras esperadas para correr a Maduro del gobierno, abandonó intempestivamente las negociaciones después de evaluar con Estados Unidos lo anterior.

En agosto varios drones se dirigieron al estrado donde se encontraba Maduro con los altos mandos militares venezolanos en el marco de una celebración histórica: dos fueron neutralizados, y un tercero se acercó bastante antes de que lograran estallarlo y evitar así una tragedia. Hubo heridos entre los asistentes, principalmente militares.

La preparación

Los cuerpos de seguridad venezolanos se dieron a la tarea de investigar juiciosamente este intento de magnicidio, y lograron aprehender a varios cabecillas del golpe. Uno de ellos, un diputado de la Asamblea Nacional perteneciente a la oposición que se había destacado por su beligerancia, Juan Requesens, confesó detalladamente la preparación del crimen. Colombia, de nuevo, en cabeza de Santos, aparecía, aunque no en la plana de los periódicos nacionales e internacionales, como el gran facilitador de los hechos. El premio nobel de paz y las agencias de inteligencia norteamericanas habían ayudado al cerebro del atentado, Julio Borges, para adquirir la logística y hacer llegar los aparatos y los explosivos a Venezuela.

Lo que siguió fue la negación de un hecho realizado a ojos vistas y ningún gobierno del Grupo de Lima condenó el atentado. Pero ahí no se detuvo la acción. Desde antes a Venezuela le habían venido cerrando el grifo de los recursos financieros por las ventas de petróleo, y ello estaba socavando seriamente la economía del país con un gran costo social para vastas capas de la población que no podían acceder a alimentos y medicinas por la escasez de divisas. Donald Trump desde el primer momento de su gobierno puso sus ojos en Venezuela para impulsar medidas que asfixiaran la economía del país y que ya las había empezado Obama cuando declaró al gobierno venezolano, en marzo de 2015, como una gran amenaza a la seguridad nacional gringa. También volteó los ojos a Cuba, para cortar las negociaciones que había comenzado Obama con el gobierno de la isla, para lo cual es funcional hoy el gobierno de Duque que lo acusa de patrocinar el terrorismo por respetar el protocolo con el ELN.

El desarrollo

Colombia, y particularmente Duque, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, fue el segundo país, después de Estados Unidos, que reconoció a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional que el 23 de enero se autoproclamó presidente interino de Venezuela. Se demoró más Guaidó en autoproclamarse presidente que Duque y Bolsonaro en reconocerlo como legítimo mandatario ante los micrófonos de la prensa mundial en donde se despacharon a hablar del novedoso golpe a la “dictadura” bolivariana. Y después aparecería en escena todo el grupo.

Es un nuevo golpe de Estado que sigue la línea del golpe parlamentario ejecutado contra los presidentes progresistas, con la novedad de que son países con un sistema de bullying diplomático que quieren romper el derecho internacional. Ahora que Trump se tomó, como el mejor de los piratas, la empresa petroquímica venezolana Citgo con presencia en Estados Unidos y que cerró totalmente el grifo de los dólares a que tiene derecho Venezuela para el desarrollo de sus relaciones comerciales, y que la Unión Europea parece pegarse al carro del golpe de Estado, Duque seguirá tarareando su trasnochado estribillo sin mirar la viga en su ojo: “no descansaremos hasta derrocar la dictadura de Maduro”.

Pero el 2 de febrero las cámaras de televisión mostraron a cientos de miles de chavistas en la avenida Bolívar de Caracas escuchando al presidente Maduro llamar a la defensa de la revolución bolivariana y a la integración de dos millones de milicianos al ejército venezolano. De contera han mostrado también, todos estos días, a un ejército unificado en torno al proyecto bolivariano. No la tiene fácil este grupito de Lima que baila al son del tambor norteamericano.

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