Venezuela y el golpe orquestado desde Estados Unidos

Imagen: tomada de: https://es.news-front.info

Por Campo E. Galindo

La situación social y política en el hermano país de Venezuela se ha agravado desde el 22 de enero. Siempre, después de que el presidente Nicolás Maduro ganó las elecciones en 2013, el gobierno de EE.UU. ha venido desarrollando un golpe de estado prolongado en el tiempo que ha combinado todas las formas de lucha contra la República Bolivariana. La estrategia se caracterizó por actuar a través de terceros: la dirigencia opositora interna, los grandes medios de comunicación, los gobiernos satélites de Washington en Latinoamérica y una gama de corruptos tanto del ejército como de otras instituciones.

Pero la estrategia de atentar contra Venezuela con mediadores llegó a su fin. La dirigencia estadounidense después de cinco años perdió la paciencia. Siempre quisieron la foto de los venezolanos matándose entre ellos mismos, pero ahora están dispuestos a que la foto muestre sus marines, barcos y helicópteros “in fraganti” en territorio de Venezuela. Es patético que sean el Secretario de Estado, el Vicepresidente y el Asesor de seguridad de esa potencia mundial, quienes ahora dan la cara y se ponen al frente del golpe de Estado, nombrándole a Venezuela desde Washington al presidente que ellos quieren y repitiendo siempre que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Pero, ¿qué es lo que se juega hoy en Venezuela? Se juega el futuro de las relaciones internacionales en el mediano plazo. Están enfrentadas dos concepciones, dos estrategias y dos metodologías de solución de las controversias entre Estados y gobiernos. Por un lado, el método de la fuerza, de las armas, la “ley de la selva”, y del otro lado, el método del derecho internacional y el diálogo entre las partes comprometidas.

La arquitectura del derecho internacional después de la segunda guerra, su tratado fundante es la Carta de las Naciones Unidas de 1945, que establece como principios básicos la soberanía de los Estados, su igualdad jurídica y la libre autodeterminación de los pueblos. Alrededor de esos postulados es que están integrados los 193 países que conforman la ONU, pero que son burlados por una superpotencia cada vez que decide castigar una rebeldía, o apropiarse por la fuerza de recursos ajenos como el petróleo venezolano. La vieja contradicción entre civilización y barbarie, ha regresado trágicamente al siglo XXI. Es esto lo que se está jugando hoy con el golpe de Estado en marcha contra Venezuela.

Es insólito, por decir lo menos, que EE.UU. reconozca como presidente de Venezuela a un personaje que no ha sido elegido por nadie, a Juan Guaidó, un hombre joven pero oscuro, que en diciembre viajó en secreto al país del norte a través de la frontera colombiana y luego negó públicamente la reunión que tuvo con dirigentes políticos del chavismo para dialogar, en la víspera de su autoproclamación como presidente encargado. Toda esta comedia empieza a tener desenlaces previstos, como la expropiación del petróleo al país hermano sancionando a PDVSA y a Citgo (petroquímica y comercializadora venezolana en territorio usamericano), para luego bloquear sus cuentas bancarias y abrirlas a nombre del presidente impuesto. Después van a decir que no se trató de un robo sino de una operación “humanitaria”.

Si de insolencias vamos a hablar, el nombre de Iván Duque salta a la palestra. Un presidente carente de liderazgo en su país, que busca popularidad afuera poniéndose al frente de los otros “duques” latinoamericanos que se pusieron al servicio del golpe de Estado en marcha; ellos se denominan “Grupo de Lima”, y, subordinados a Washington, hacen el cerco para asfixiar económica y diplomáticamente a la Venezuela rebelde; son parte clave de la comedia porque además disfrazan el asunto como solidaridad con un país hermano.

Mientras el mandatario colombiano, subordinado dentro del país y subordinado afuera, trabaja para una potencia extranjera, en nuestro territorio hay un aniquilamiento gota a gota de líderes sociales que asciende a cerca de 150 en solo tres meses, la corrupción es impune y desbocada, la pobreza y la ilegalidad se extienden por todas las regiones. Duque es oscuridad de la casa y tinieblas de la calle. Su oficio de mandadero en un golpe de Estado contra el vecino y promotor de la barbarie del siglo XXI, es una vergüenza para los colombianos que estamos del lado del derecho y de la civilización política. No se puede esperar nada de Duque, cuando Trump mande a Colombia los 5.000 soldados gringos que anunció John Bolton en su mensaje subliminal del 28 de enero.

El golpe de Estado que avanza no empezó en realidad este año, sino que se decidió desde que Maduro ganó la presidencia. Es desde ese entonces que EE.UU. trazó un plan para asfixiar económicamente a Venezuela, promover insurrecciones internas, calumniarla en los grandes medios de comunicación y dañar su sistema político a través principalmente de la no participación en los eventos electorales. La constante de los últimos años ha sido, por orientación de la Casa Blanca, denunciar por anticipado fraudes electorales y dejar que el chavismo vaya solo a las urnas, a partir de lo cual recitan el libreto repetido de que hay un monopolio del poder, una dictadura, una tiranía, etc. Es evidente así, que el gobierno de Obama y ahora el de Trump, han hecho grandes daños a la economía y al sistema político venezolano, para ofrecerse hoy como una falsa salvación que significará muerte y sufrimiento para toda América Latina.

La Venezuela rebelde, sin embargo, no está sola. No todos los Estados del mundo marchan al paso que imponen los halcones norteamericanos. Ni siquiera en la propia OEA, que siempre actúa como un ministerio de colonias de EE.UU, ha logrado esa potencia alinear a las mayorías a su favor. Más significativa en esa línea fue la derrota que sufrió en el Consejo de Seguridad de la ONU hace pocos días, donde la mayoría se aferró al derecho internacional y le dio un rotundo “no” a Trump, a Guaidó y a la barbarie que han echado a andar.

Colombia y Venezuela somos pueblos hermanos, y como hermanos debemos defendernos de la opresión interna y externa. Así nos lo enseñó nuestro libertador.

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