Poesía: “Corazón de Montaña” por Mara Agudelo.

Imagen: Jhony Zeta

¡Hermano campesino

pequeño dios agrario

corazón de montaña!…

Esa mirada absorta,

melancólica,

inmensamente triste

¿qué busca en la distancia?

Dime, pequeño niño,

diminuta semilla de la patria,

¿qué avizoran tus sueños,

tu mirada,

tus pies descalzos,

tu parcela agraria,

tu casita de campo

perdida en la enramada,

y esa sonrisa opaca

que parece una lágrima?

Tus cabellos al viento,

tu gorra rota,

tu mochila vieja,

y esa mulera anciana

(herencia abuela),

¿si abrigarán tu alma?…

Cuando alcance el salario

de tu padre, unido al tuyo,

para colgar

sobre tu hombro niño

apenas sí cubierto

por hilachas

ese pequeño radio

donde escuches

el repetido verso

de la reforma agraria,

¡sabrás qué es lo que busca

tu mirada

perdida en la distancia:

el cordón de miseria citadíno

es decir: de la nada

a la nada!

Hermano campesino,

tímida voz de azúcar,

verde-azul esmeralda

perdida entre la abulia

de los que te proyectan

y te marcan,

¿hasta cuándo van a dejarte

con todo el oro

del paisaje

pero sin tiza

y sin pizarra?

¿Con todo el aire puro,

pero sin luz

y sin el agua?

con toda la armonía

de las aves,

¿pero sin ciencia

agropecuaria?

con todos los luceros

velándote el descanso

¿pero sin tierra

de labranza?…

Cuando despiertas

por el alba,

con el hambre

mordiéndote las carnes

y la comida escasa,

¿no piensas, mi pequeño,

que el ángel de la guarda

se te quedó dormido

en una nube blanca?

Hermano campesino

niño de los geranios,

remiendo de una patria

atormentada

por oscuros sicarios

¿cuándo veremos

nuestra patria limpia

de malezas humanas?

¿cuándo la paz que anuncian

y proclaman

será una realidad

no una esperanza?…

Hermano campesino,

niño de los trigales,

alumno de la hormiga

y las abejas,

enséñale al doctor,

que te acaricia

en las preelectorales

cómo se distribuyen

las semillas,

las tierras, las cosechas,

las oportunidades,

las promesas…

Dile, con tu rural

geometría,

cómo hacemos la patria.

Vente conmigo

a mi país de ensueños;

te daré una esmeralda

de paciencia

pero un grito tan alto

que vibre al ritmo

de los cuatro elementos

y vuelve

transformado en semilla,

sobre el viento

a los estadios de tu patria

donde hombres

insaciables

te dejaron sin tierra

de labranza.

¡Niño rural de América,

flor silvestre

del campo colombiano

incógnita que avanza.

Un día, quizá un día,

todo será verdor

trigo, bonanza!…

Pero antes

es preciso que los niños

del campo griten

con un grito muy alto,

que somos muchos, muchos…

que el mundo

es una granja de esperanzas.

¡Y tú, pequeño niño,

hermano campesino,

corazón de montaña,

eres el pulso herido

de la patria!

(1979)

Mara Agudelo. Toledo, Antioquia, 1931.

La poesía de Mara Agudelo se abre al mundo con una mirada caleidoscópica en la que fungen el sentir histórico, los conflictos sociales, el amor, la celebración de la vida y la esperanza. Sus versos comulgan con la entraña de los pueblos y sus forjadores:  indígenas, afros, campesinos, obreros, maestros… Hombres y mujeres alimentando la poética de la vida en el fragor de la lucha por la existencia.

La sensibilidad y la voz de Mara siguen el torrente por el que fluye la cotidianidad de los desposeídos, con sus quejas y pesares, con los sueños más sublimes, el llanto y el grito y la esperanza; son oficio necesario para mirarnos en el espejo de la patria que sufrimos, que reclamamos y soñamos.

El poema Corazón de montaña hace parte del libro Clamores al atardecer (2018), obra que reune su poesía social.

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