El timonazo del Centro Nacional de Memoria Histórica

Rubén Darío Zapata

Ilustración: Juan Ruiz

Recientemente el director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), Darío Acevedo Carmona, ha encendido una nueva polémica en torno a la dirección que pretende darle a la entidad. Esta vez el centro de debate ha sido el anuncio de Acevedo de una nueva política en la que la fuerza y el grueso de las investigaciones sobre la memoria del conflicto armado se transfieren a Colciencias como prueba de una objetividad y una neutralidad que, según él, no tuvieron las investigaciones adelantadas por el CNMH bajo la anterior dirección. La polémica ha sido tan encendida, que incluso Iván Cepeda, senador de la República y activista del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, ha citado a Darío Acevedo para que rinda explicaciones en el Senado de una estrategia que parece orientada a debilitar el relato de las víctimas del conflicto.

Objetividad y neutralidad en la investigación de memoria

Según el director del CNMH, la entidad debe abandonar la investigación sobre el conflicto armado y su memoria, para descargarla en investigadores e instituciones académicas reconocidas en Colciencias. Para ello, el CNMH realizará un convenio con Colciencias en el que pondrá a disposición de esta agencia 5.600 millones de pesos para que financie 15 proyectos.

Esto lo hace tras cuestionar los pasados informes del CNMH bajo la dirección de Gonzalo Sánchez titulados como ¡Colombia Basta Ya! Según Acevedo, el mero título de este informe parece estar ya fuera de lugar, pues es un título más propicio para dar cuenta de “experiencias de confrontación armada en el marco de dictaduras y de políticas oficiales de terror y exterminio”. Además, dichas investigaciones fueron adelantadas por “un pequeño grupo de intelectuales que no representan el amplio espectro de investigadores nacionales”. Lo que busca entonces es darle cabida a los investigadores que no fueron tomados en cuenta en los pasados informes, y garantizar, a través de Colciencias, la “no intervención de los intereses ideológicos, políticos o religiosos en la selección y desarrollo de los proyectos”. Con estas declaraciones, Acevedo crítica también explícitamente los informes anteriores por “ideologizados y faltos de rigor académico”.

Frente a esta visión Marta Villa, investigadora de la Corporación Región, y Alberto Yepes, integrante de la plataforma de coordinación social Colombia-Estados Unidos-Europa, coinciden en que Acevedo confunde tanto la naturaleza del CNMH como su función. Según afirman ambos, el CNMH no es un centro académico y sus investigaciones no pretenden dinamizar un debate académico entre los historiadores, sino la reconstrucción de la memoria de las víctimas como elemento central de la superación del conflicto.

Según Marta Villa, el asunto de debate realmente no es Colciencias. Para ella el tema central es cómo el CNMH cumple la misión para la cual fue creado: la clarificación y la construcción de la memoria colectiva acerca del conflicto armado y de sus impactos en las víctimas. Lo que está en juego es el deber de memoria con que se comprometió el Estado en los acuerdos de la Habana. Ese deber de memoria tiene que ver con crear condiciones desde la institucionalidad para que muchas voces sean escuchadas.

“De hecho -explica Villa-, ya bajo la gestión de Gonzalo Sánchez el CNMH hizo una convocatoria a través de Colciencias y nosotros, como Corporación Región, realizamos dos de los proyectos a través de esta convocatoria”. Lo interesante de este convenio era que había un acompañamiento permanente y un seguimiento por parte del CNMH que permitía que los grupos de investigación dieran cuenta de los lineamientos del Centro. “Nosotros no nos inventamos los lineamientos, sino que teníamos que cumplir los que previamente había definido el CNMH. Y esos lineamientos tienen que ver efectivamente con develar las vivencias, las memorias del conflicto armado y la forma como la población había resistido. Además de una serie de postulados éticos y metodológicos que había construido el CNMH”.

El problema de la objetividad y neutralidad que demanda el director para las investigaciones sobre la memoria del conflicto no parece tener en cuenta que la memoria es, según la investigadora de Región, ante todo subjetiva. “Porque la memoria es la huella de lo que ha pasado -enfatiza Villa-, una huella contada desde la experiencia, desde lo que significaron para el sujeto unos hechos que sucedieron objetivamente”. Y de eso precisamente es que dan cuenta los informes de memoria histórica presentados hasta ahora por el CNMH y en los ejercicios de memoria que ha promovido, en los cuales se hace evidente que frente a un mismo hecho puede haber cuatro o cinco interpretaciones. “El gran avance de la producción del CNMH -comenta Villa- es que permitió identificar unos hechos y en torno a esos hechos unas memorias. Lo que hace el CNMH es ese correlato entre los hechos y la memoria que la gente construye frente a ellos, y ahí es donde el deber de la memoria se la juega: mostrar la pluralidad de intereses y vivencias que hay en torno a esos hechos”.

En este sentido, no parece acertado acusar los pasados informes del CNMH de faltos de rigor científico. La entidad, tal como explica Villa, construyó unos lineamientos metodológicos con todo el rigor académico, pero apuntando siempre a la construcción de la memoria de las víctimas, poniendo en el centro sus testimonios, que por supuesto, no dan cuenta de los hechos puros sino de hechos filtrados ya por la experiencia y, por tanto, por la interpretación subjetiva de la víctima. “Los informes -insiste Villa- igual fueron realizados por investigadores académicos, con una alta exigencia de rigurosidad, garantizando que los hechos fueran verificables y hubiera contrastabilidad de las fuentes, pero combinándolo con el respeto ético a los testimonios de las víctimas”.

Tampoco parece justificable buscar la objetividad de las investigaciones del CNMH a través de una convocatoria de Colciencias que le dé espacio a los investigadores no tomados en cuenta en los informes pasados para garantizar que se cubra todo el espectro de visiones posibles sobre el conflicto. Según Marta Villa este tipo de objetividad no la puede garantizar ni siquiera Colciencias, en la medida en que existen tantas visiones como investigadores. Pero, además, de lo que se trata aquí no es de cubrir todo el espectro posible de investigadores sino todo el espectro de las voces de las víctimas.

Revisar la historia

Para Alberto Yepes, Colciencias es precisamente la entidad que menos puede garantizar hoy la objetividad y neutralidad en las investigaciones sobre la memoria. Y eso porque su director, Diego Fernando Hernández, nombrado en 2017 por el presidente Duque, ya había dado muestras, en la vicerrectoría general de la Universidad Nacional-Sede Bogotá, de su posición hostil frente a la memoria de los movimientos sociales y populares.

F oto: Centro de memoria histórica
F oto: Centro de Memoria Histórica

Primero movilizó todos los recursos y las estrategias para borrar la legendaria figura del Che en la fachada del Teatro León de Greiff, un símbolo no solo de las luchas emancipatorias sino de la memoria también de los hermanos San Juan que realizaron la pintura en los años 70 y luego fueron desaparecidos. Después se supo que, ante las movilizaciones estudiantiles, promovió y financió grupos derechistas de choque. “Esto provocó incluso un escándalo de corrupción -comenta Yepes- , pues los estudiantes se tomaron una de esas oficinas que el vicerrector había asignado a esos grupos de choque, liderados por un estudiante que hoy es candidato al Concejo de Bogotá por Cambio Radical, y encontraron un arsenal de publicidad y recursos públicos orientados a la propaganda de dicho partido político en su campaña electoral”.

Más allá de eso, según Yepes, la nueva estrategia promovida por el actual director del CNMH lo que busca es posicionar su revisionismo frente a la historia del conflicto armado. “Cuando el director insiste en convocar a los investigadores e instituciones que no han sido tenidas en cuenta -comenta Yepes-, lo que busca es reorientar los recursos del Centro hacia aquellas instituciones privadas abiertamente derechistas y negadoras del conflicto armado, como la Universidad de la Sabana. Por mencionar apenas un ejemplo”.

En términos generales, según comenta Yepes, lo que evidencia cada nueva estrategia del director del CNMH es un desprecio por el relato de las víctimas, la intención de reposicionar la visión de los empresarios y altos mandos militares como las verdaderas víctimas en este conflicto y de negar la participación del Estado en en él.

Una de las primeras medidas de Acevedo, en este sentido, fue la negativa a presentar públicamente y difundir un informe que había dejado listo el antiguo director sobre la violencia sistemática ejercida contra los trabajadores de la agroindustria de palma aceitera en el Cesar. Según Acevedo, este informe no era prioridad del Centro. “Pero lo que realmente reclamaba el director -explica Yepes- es que no consideraba la visión de los empresarios”. Desde entonces ha rechazado toda invitación de las víctimas para presentar sus trabajos de memoria, mientras atiende solícito las publicaciones de los militares, como sucedió en la pasada Feria del Libro de Bogotá, o de los empresarios, como ocurrió recientemente con el informe del Instituto de Ciencias Políticas de la Fundación Hernán Echavarría Olózaga. En este informe se defendía precisamente la tesis de que los empresarios debían ser reconocidos como víctimas.

¿Cuál es la queja por el Basta Ya?

La negación de la tesis del conflicto armado por parte de un grupo de académicos y políticos colombianos tiene que ver con la negación de que el Estado ha sido un agente dinámico de la violencia. Para este grupo, en el que se encuentra Darío Acevedo, la violencia fue resultado de una amenaza terrorista por parte de grupos guerrilleros ante los que el Estado se vio obligado a responder. El Informe Colombia Basta Ya es contrario a esta perspectiva, pues muestra que en esta violencia hubo una alta participación de sectores del Estado que actuaron por fuera de la ley y financiaron, apoyaron e instrumentalizaron a los grupos paramilitares no solo contra los grupos guerrilleros sino contra organizaciones sociales y población civil en general.

El problema, según Yepes, no es solo que el director del CNMH y, en general, el gobierno de Duque, se nieguen a aceptar la participación del Estado en la guerra, sino que la siguen promoviendo. La negativa del presidente Duque a cumplir parte del punto 3 de los acuerdos de La Habana lo comprueba. Dicho punto obligaba al presidente a presidir y convocar personalmente una Comisión Nacional de Garantías de Seguridad que se encargue de diseñar y poner en funcionamiento un plan para el desmantelamiento inmediato de los paramilitares. “Nada de eso ha querido cumplir el presidente -comenta Yepes-; por el contrario, mientras los grupos paramilitares se expanden, el presidente Duque se ha negado a convocar la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, y cuando la ha convocado, en solo dos ocasiones, ha sido para desnaturalizar sus funciones o reducirlas al cumplimiento de su famoso Plan de Acción Oportuna”.

Este Plan de Acción Oportuna consiste, según Yepes, en un plan de vigilancia y de control sobre la vida de los líderes sociales que se sometieran a ese escrutinio y a ese empadronamiento de las autoridades estatales, para que las fuerzas militares puedan garantizarles seguridad. De esta manera, la acción del Estado contra los paramilitares se haría efectiva únicamente contra aquellos que fueran descubiertos atentando contra los líderes sociales o contra los que están buscando la implementación de los acuerdos de paz. De ahí que, hasta ahora, no se haya formulado ningún plan para el desmantelamiento de las estructuras paramilitares, a pesar de que el asesinato de líderes sociales arrecia cada vez con más crudeza. Esta desidia de parte del Estado indica, según Yepes, “que este gobierno considera que el paramilitarismo todavía sigue siendo útil para su estrategia de dominación y para seguir llevando la guerra a las regiones”.

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