Los ecos del occidente antioqueño

Luz Celina Alcaraz

“Siluetas”, Pintura de Jhony Pérez

Madrugar en medio de una topografía agreste, como lo es la de la cordillera occidental, preparar la herramienta, empacar el almuerzo, guardar el celular o el radiecito de pilas al cinto, indispensable porque esa “bullita hace mucha falta”, como decía una vecina cuando los radios eran de tubos y de marca Philips. Así, el “afortunado” que tiene trabajo emprende el camino hacia el surco o el ordeño, ya no a caballo como en otros tiempos, sino en su moto que contempla y ama como compañera de faenas.

En la casa también se inicia la rutina: las mujeres a sus quehaceres domésticos, pero hay que encender la emisora en la grabadora de la mesa del corredor o la que está encaramada en la pared de la cocina o en el equipo de sonido que está en la pieza. Asimismo, sintonizar los ecos radiales para llenar la casa y el vecindario de música, estar al tanto de los chismes y escuchar los mensajes que las personas o familiares envían desde el pueblo hasta las veredas más alejadas donde las ondas hertzianas viajan, porque la emisora comunitaria de carácter privado tiene la capacidad inclusive de llegar a los municipios vecinos.

Sacar la bestia a la asomadera el domingo

El contenido informativo de la emisora abarca la cotidianidad, la interrelación familiar y comunitaria rural. Un locutor, con voz muy convincente, anuncia una visita, que necesitan la bestia, o la llegada de la carga y el mercado en el camión escalera; el informe sobre los enfermos, los documentos perdidos, los animales u objetos perdidos cuya entrega generará recompensa, los recordatorios de compromisos, las invitaciones a los festivales veredales, a las galleras, a las misas carismáticas, y en campaña electoral, los informes de actividades políticas.

Una programación variadísima para todos los gustos, es la musical. Allí están las dedicatorias de las canciones a los seres amados, a la madre, al padre, a los cumpleañeros y a los enamorados, siendo una forma de comunicación afectiva muy utilizada en nuestros campos. Otra es la información oficial de las administraciones municipales y los mensajes a las etnias en su lenguaje autóctono, el embera.

Las gentes no tienen acceso a ningún medio de comunicación escrito, su información se reduce a los noticieros televisivos privados, y muchos tienen instalado direct tv o “el plato” como le llaman algunos. Aunque llega un diario de renombre conservador, solo se compra ya reciclado por kilos y cumple la función de secar la ubre de las vacas durante el ordeño. No existe la práctica cotidiana de la lectura. Esporádicamente circulan periódicos de la administración municipal. Otros, editados por casas políticas, especialmente en las campañas electorales. Hay algunas personas cultas que resaltan historias, acontecimientos, lugares o personajes del pueblo, en publicaciones ocasionales.

Salimos en la televisión cuando ocurre algo malo

En los medios de comunicación la vida de las poblaciones nunca aparece, aunque existan tantos valores a resaltar, tantas problemáticas que resolver, tantas injusticias que contar, tantos atropellos con el medio ambiente y la gente humilde, tanta corrupción en los municipios pequeños. Toda la vida de estos pueblos duerme en el anonimato periodístico.

A veces, el ensimismamiento de sus habitantes y su vida rutinaria se ve interrumpida fugazmente. Cuando Tele Antioquia, Caracol o RCN Televisión mencionan la región, es porque están ubicando geográficamente un hecho criminal, una masacre, un terremoto, un desbordamiento de un río, una inundación o un enfrentamiento armado. Somos noticia en los medios más por las desgracias que acontecen en el entorno que por algo propio para resaltar. Las gentes humildes, como derrotadas, siempre lo comentan: “salimos en tv, pero por lo malo”.

¿Cuál cultura fomentan estos medios? Recuerdo atronadoramente a alguien que le oí decir: “Hoy no estuvieron buenas las noticias porque no hubo muertos”. Es la chiva noticiosa del morbo, la que da audiencia.

Se arregla la mala suerte, se le quita lo enyerbao y el salamiento

Abundan en estas emisoras los programas dedicados a la superchería, dirigidos por brujos adivinos, charlatanes embaucadores y médicos del más allá, que alardean de sus capacidades adivinatorias para saber quién lo enyerbó o lo saló. Especialistas para sacar maleficios y hacer regresar con brebajes al ser amado. Y ni qué decir de sus amuletos infalibles. Tienen mucha sintonía entre campesinos y muchos seguidores en el pueblo. La superstición atrae a la gente más humilde que acude a ella por ignorancia, necesidad y engaño, para encontrar cura a sus enfermedades físicas, emocionales, sentimentales, y la solución a sus problemas económicos. Los rezos, adivinaciones, bebedizos y amuletos les brindan una “solución” y creen ciegamente en ello. Ya estafados y con el cerebro lavado, entregan mansamente el dinero conseguido con su arduo trabajo.

Me contaba ingenuamente un agricultor: “Fui a que me dijera quién me había robado una vaca. Para empezar, me pidió $700.000, me dijo que él hacia el trabajo en la semana y que volviera al domingo siguiente. Cuando volví, no lo encontré en el hospedaje y al llamarlo me dijo que se le había varado el carro en que venía. Le monté guardia todo el día, y en la noche lo vi atravesar el parque”. ¿Por qué no le reclamó por el incumplimiento y el dinero?, le pregunté. Me respondió resignadamente: “No. Esas personas saben mucho y después me hace un mal que es peor, era mejor dejar las cosas así, pero me robó mi plata”. Este hombre fue triplemente asaltado en su economía, su autoestima y su seguridad, pues solo le quedó el miedo.

Se cultivan enfermedades mentales

Estos espacios radiales que tienen un gran cubrimiento y se conservan en los pueblos con los mismos o peores formatos del pasado, como si no hubiera transcurrido el tiempo, llevan a una aculturación de los pobladores, al convencerlos que las soluciones a los problemas vienen de afuera, por arte de magia. Las problemáticas no se llevan hasta el análisis serio y no se enfrentan desde lo científico, con objetividad y realismo. Estos respetables pacientes embrujados, necesitan atención social y médica especializada, y consulta con especialistas, tales como sicólogos o siquiatras, lo mismo que podría proveerlo un buen sistema de salud, pero todos sabemos que en nuestro país la salud es una mercancía más.

Si hubiera más inversión en el campo, más educación, más calidad de vida, estos brujos y la enajenación en general no harían su agosto, y estas emisoras no tendrían el peso que tienen. Permanecerá el mercado de brujos y bullangueros en los medios de comunicación, enfermando mentalmente al pueblo y curando con solo portar en la billetera una medalla fantoche, hasta que exijamos y alcancemos nuestros derechos.

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