Poemas – Juan Mares


Pájaro, de Miguel Elías

Cuando las pestañas arden

Señor ingeniero

Señor doctor

Señor académico.

Cuando increpas al hombre

que ejecuta las labores más arduas,

arguyendo con ello

que por eso te quemaste las pestañas

-por supuesto que es una metáfora,

pues hoy nadie estudia bajo la luz de las velas-,

te pregunto: ¿cuando ardían tus pestañas,

sabes dónde estaba el hombre que instigas

con ese argumento, y dónde quemaba

su piel y su cuerpo y en dónde su alma

en sus ojos era un incendio?

Su cuerpo todo era una llama.

Del uno al trece

Mi madre se merece un poema

se merece otros tantos, se merece otros más

cuando todos los días a las cuatro

-cuando la aurora acalora sus vuelos-

ya tiene una caterva de arepas

y en la olleta batido el cacao.

Todos los días mi madre

amasa el poema y lo bate

para sus nietos que van a la escuela,

para su viejo que suda por mares

y para el hijo que salió poeta.

Mi madre encarna el poema

cuando reza

para que a su hijo que salió poeta

la tuberculosis

lo deje seguir escribiendo poemas.

Y mi padre teje el poema

cuando todos los días silba o canta

y va al trabajo a ganarse el mercado

más un ojo de buey o de vaca

para su hijo que salió poeta.

Ahimsa

Todo el que porte un arma

así sea una honda

está dispuesto a matar

así sea un pájaro.

Todo el que siembre una planta

está dispuesto a vivir y dar

así sea el grano para un pájaro.

Todo el que porte un arma

nos puede quitar la vida

así sea tronchando el tallo de la flor.

Todos los que se hincan en el surco

nos dan la vida

así sea en el aroma de una flor.

Juan Mares. Guatapé, Antioquia, 1951.

A qué venir al mundo para nombrar lo ya nombrado, la cicatera muerte con la puerta abierta mientras una brizna se enfrenta al huracán, venir para deletrear la palabra asombro y embriagarse con tres verdes mares: el Caribe, la selva y una extensión inconmensurable de plataneras meciendo los sueños y el sudor y las lágrimas que son el Urabá antioqueño.

Venir o irse, no importa, diría Juan Mares, sacándole filio a las palabras.

Obras

  • Poteas y pirontes (1987)
  • Voy a ver pantalla chica (1989)
  • El árbol de la centuria (la ed. 1996, 2a ed. 2004, 3a ed. 2011, 4ª ed. 2016)
  • Ritmos del equilibrista (2011)
  • Kalugrafías del instante (2009)
  • Hojas de caladio (2013)

Los poemas aquí publicados hacen parte del libro Ritmos del equilibrista.

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