Marte y Texas: una abismal disonancia cognitiva

En la foto: el robot Perseverance llega a marte. Fuente: motorpasión.com

Por Renán Vega Cantor

Las imágenes le dieron la vuelta al mundo. Fueron transmitidas en directo y con ellas se regodearon durante varios días los medios de desinformación, muchos científicos y académicos. En Colombia se le dio un tratamiento especial al hecho porque fue protagonista una mujer nacida en nuestro país, que trasmitió en directo en español para la Agencia Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA).

Estamos hablando del aterrizaje del robot Perseverance en el planeta Marte, un sofisticado explorador que pesa unos 1000 kilos, similar a un automóvil. Se alaba la “hazaña” como un gran logro para la humanidad y la ciencia y se vaticina un futuro de conquista del planeta rojo. Poco se dice de su desorbitante costo de miles de millones de dólares, en el que se incluyen las investigaciones previas, el diseño de la nave y el robot, el viaje interplanetario, el monitoreo y seguimiento al robot y el análisis del material que recolecte y envíe a la Tierra. Mientras tanto, gran parte de la población mundial se hunde todavía más en la pobreza, la miseria, la desnutrición, todo ello incrementado por la Covid-19 que en Estados Unidos ya supera el medio millón de muertos.

No hablemos en general, para contrastar lo que podemos llamar la “disonancia cognitiva” del capitalismo: mirar bien lejos, al espacio exterior, para negarse a ver la miseria y destrucción humana y ambiental que ese capitalismo genera acá en nuestro planeta Tierra.

No, un ejemplo concreto e inmediato de la grandeza y alcance real del capitalismo realmente existente (y de su ciencia) Made in USA se vivía en el Estado de Texas. Mientras el Perseverance aterrizaba en el planeta rojo, Texas era azotada por la tormenta tropical Uri, que hizo descender la temperatura a 20 grados bajo cero y generó como efecto inmediato la congelación de las tuberías de agua, lo que impidió que siguieran funcionando las generadoras de gas y las termoeléctricas tradicionales, accionadas por carbón y fueloil. También se paralizó la producción de varias refinerías.

De inmediato, 13 millones de hogares quedaron sin agua, medio millón sin luz eléctrica y 15 millones sin calefacción en el pavoroso frío. Desapareció el agua potable y la gente tuvo que abastecerse con agua no tratada, que debe ser hervida antes de consumirse. Se paralizó la economía, se cerraron las carreteras por la gran cantidad de nieve, los automóviles dejaron de funcionar, se desabastecieron los supermercados y en ciertos lugares se veía gente haciendo fila para conseguir agua o alimentos. En total murieron 70 personas y se detuvo la aplicación de vacunas contra la Covid-19, lo cual traerá efectos mortales que pronto se sentirán. La gente murió por hipotermia, intoxicación con monóxido de carbón, accidentes de tránsito, ahogamiento e incendios de su vivienda.

La crisis de Texas, de la que nadie habló por la obnubilación con Marte, es producto de dos circunstancias interconectadas: el impacto brutal del vuelco climático en una tierra en la que abundan los negacionistas climáticos, porque allí desde hace un siglo se ha vivido de la producción de petróleo; y por un sistema eléctrico privatizado y con una gestión neoliberal. En Texas la energía eléctrica es ofrecida por 200 empresas privadas que, supuestamente, compiten entre sí, para beneficiar a los consumidores, en consonancia con el mantra neoliberal. El resultado directo: un aumento incontrolable de precios, para mantener el suministro, lo que engorda las ganancias de las empresas privadas, mientras que miles de hogares entran en quiebra al no tener como asumir las elevadas tarifas de gas y electricidad. El mercado eléctrico en Texas funciona como un ente privado autónomo, que no cuenta con regulación ni estatal ni federal.

Lo acontecido en Texas es una muestra de la magnitud del trastorno climático, que resulta del uso intensivo de combustibles fósiles, siendo ese territorio uno de sus emblemas. En consonancia, allí se vive otra disonancia cognitiva, complementaria a la de mirar a Marte para no ver lo que sucede en la Tierra, y es la negación de los efectos nefastos de los combustibles fósiles. Como en una opera bufa, los negociantes del gas y del petróleo salieron a decir que la culpa de lo sucedido en Texas era de los ambientalistas que impulsan el uso de energías renovables.

Y como en momentos de crisis se acentúa lo peor de una sociedad, el individualismo predominante en los Estados Unidos salió a relucir sin filtros. Al respecto, el alcalde de Colorado City, un tal Tim Boyd, indicó que él no tenía ninguna responsabilidad en la catástrofe que se presentaba porque “nadie le debe nada a usted ni a su familia. ¡Tampoco es responsabilidad del gobierno local apoyarte en tiempos difíciles como estos! ¡Nadar o hundirte, es tu elección! ¡Estoy harto y cansado de que la gente busque la maldita caridad!”. Nadar solo y sobrevivir en forma aislada o hundirse en el fango de la nieve, a temperaturas de 15 grados bajo cero, resume muy bien lo que es el ideario del capitalismo, que tanto se desgañita alabando el aterrizaje en Marte.

El predominio de esta lógica darwinista de tipo social que caracteriza al capitalismo, en Marte y en la tierra texana, lo expresa el Twitter que envió la Nasa tras el aterrizaje del robot de marras: “Estoy a salvo en Marte. La perseverancia te llevará a cualquier parte”. No muy lejos de Cabo Cañaveral (Florida) donde se decía esto, a unos mil kilómetros, los habitantes de Texas bien podían decir: “Me estoy congelando, no estoy a salvo, y la perseverancia individual me llevará, con seguridad, al hospital o a la tumba”.

En conclusión, mientras en Marte aterrizaba un robot, y ese hecho amplificado en forma mediática obligaba a fijar la atención en el Planeta Rojo, ubicado a 56 millones de kilómetros de distancia, en Texas la dura realidad nos ubicaba en la Tierra, aunque de eso poco se hablara por la misma falsimedia, descrestada por el “prodigio” de aterrizar en otro planeta. Para qué tanta ciencia y tecnología, soberbia y arrogancia tecnocrática, si ni siquiera se pueden solventar asuntos cotidianos en Estados Unidos, y Texas termina siendo un Estado fallido, con un reguero de muertos y heridos. Esta sombría realidad de seguro asombraría a los marcianos, que quedarían pasmados al observar que el mismo país que se regodea con los viajes espaciales no es capaz de garantizar la vida de sus propios ciudadanos, a los que deja abandonados a su propia suerte, bajo la lógica de que solo merecen vivir los más aptos.


La gente espera en una larga fila para comprar alimentos en Austin durante una ola de frío extremo y un apagón generalizado, en los momentos en que un robot aterrizaba en Marte.
FUENTE: lapatilla.com

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